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Podemos e IU se unen a la marcha del 4-D que reivindica Andalucía como nación

Los dos partidos abren un nuevo frente a Susana Díaz para disputarle la hegemonía del andalucismo, una bandera que el PSOE ha defendido en exclusividad durante 40 años. Los manifestantes reclaman soberanía política y el derecho a decidir del pueblo andaluz

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Susana Díaz, con Ximo Puig en Madrid esta semana. EFE/ JuanJo Martin

SEVILLA.- El 4 de diciembre de 1977, hace hoy 39 años, los andaluces se echaron masivamente a las calles para reivindicar más autogobierno. Una manifestación ciudadana que situó a Andalucía en el mapa autonómico con el mismo peso político que Catalunya, País Vasco y Galicia. Las protestas desembocaron, cuatro años después, en el referéndum del 28 de febrero de 1980 y en el Estatuto de Autonomía de 1981, al mismo nivel que las llamadas comunidades históricas. Desde entonces el 4-D ha ido perdiendo fuelle como efeméride reivindicativa en favor del 28-F, día oficial de Andalucía. Los partidos clásicos y el Gobierno autonómico, siempre en manos del PSOE, se centraron en conmemorar el día del referéndum, y el recuerdo de la gran manifestación del 77 quedó orillado como algo minoritario, circunscrito a formaciones nacionalistas como el Partido Andalucista o el Partido Socialista Andaluz (PSA).

Cuatro décadas después, el debate territorial que está viviendo España a empujones del órdago soberanista catalán ha ofrecido una segunda vida al 4-D andaluz. A la tradicional plataforma de organizaciones izquierdistas y nacionalistas que secundan cada año esta movilización, se ha unido Podemos, por primera vez, e IU, que hacía 29 años que no participaba en la marcha. Ambas formaciones han elevado el tono en defensa del autonomismo andaluz, una bandera que los socialistas llevaban manejando en exclusividad durante cuatro décadas. “Los problemas que nos aquejan son los de una nación dependiente y sometida a la neocolonización. Somos un pueblo que ha dejado de tener conciencia de tal. Reclamamos nuestro derecho a decidir como pueblo y exigimos soberanía política”, reza el manifiesto de la marcha.

La decisión de Podemos e IU de celebrar el 4-D este año no es baladí: abre un nuevo frente al PSOE de Susana Díaz por la lucha de la hegemonía de la izquierda. Un frente en el terreno de lo simbólico, que es justo donde la presidenta de la Junta mejor se mueve políticamente, como ha demostrado catalizando los insultos de Gabriel Rufián o de Cristina Cifuentes, de manera que reivindicar Andalucía casi lleva aparejado reforzar el perfil de Susana Díaz. Si existe un renacer del andalucismo este 4-D, en efecto, tendrá mucho que ver el goteo constante de insultos de políticos catalanes y madrileños que explotan el tópico de la Andalucía subsidiada. Pero no sólo. También, o sobre todo, el órdago independentista catalán, el desequilibrio en el modelo de financiación autonómica e incluso el agrio debate interno que viven PSOE y PSC, a cuenta de la definición de Catalunya como nación.

Por todo esto, la presidenta Susana Díaz no se ha tomado esta fecha a la ligera, y mucho menos la participación en la marcha de Podemos e IU. Las filas socialistas, en una reacción aparentemente desproporcionada, se han lanzado contra sus rivales acusándolos de aproximarse al nacionalismo más reaccionario. Además, el PSOE, que siempre han ignorado este aniversario, ha decidido este año conmemorarlo por su cuenta, en una suerte de contraprogramación.

A los socialistas andaluces les enerva especialmente el discurso andalucista de Podemos, y recuerda el patinazo de Pablo Iglesias durante un debate electoral televisado, donde comparó el 4-D andaluz con el “derecho a decidir su independencia” de Catalunya. Iglesias explicó en directo que en el 77 los andaluces exigieron su derecho a decidir y luego manifestaron su voluntad de seguir siendo parte de España, como si aquella multitudinaria marcha en las calles tuviera un carácter plebiscitario. No lo fue, ni entonces ni cuatro años después cuando sí se votó en referéndum el Estatuto. Andalucía salió a la calle a reivindicar su condición de comunidad histórica, con un autogobierno de primera clase, pero no fue un debate secesionista, como el que existe ahora en Catalunya.

La marcha de este domingo está convocada por más de 30 organizaciones políticas, sociales, culturales y sindicales andaluzas, y sigue el mismo recorrido histórico que tuvo lugar en Sevilla tal día como hoy hace 39 años: desde el Prado de San Sebastián hasta la Plaza Nueva, en el centro de la capital andaluza. Pero esta vez los manifestantes han elevado el tono de sus reivindicaciones, reclamando “soberanía propia para Andalucía”. Se ven como una región “dependiente, amaestrada y subalterna”, y responsabilizan directamente al PSOE, al único partido que ha gobernado esta comunidad en democracia, “al régimen político que se instauró en la Junta de Andalucía y que dura ya casi cuatro décadas”. El 4-D ha pasado de ser un grito en el aire, un canto reivindicativo, a una protesta contra el Ejecutivo socialista.

Podemos e IU se han unido a las movilizaciones a posteriori, pero asumen el manifiesto de la plataforma 4-D con todas sus reivindicaciones, alguna de ellas de mucho calado político (y probablemente adquirirían más trascendencia si se hubieran escuchado en Catalunya en vez de en Andalucía): el derecho a decidir como pueblo, la necesidad de abrir un nuevo proceso constituyente y la reclamación de Andalucía como nación. Los socialistas rápidamente han acusado a la formación morada de escorarse hacia el nacionalismo. La líder de Podemos Andalucía, Teresa Rodríguez, ha enmarcado todas estas vindicaciones en el plano “de lo simbólico”, de modo que lo que aquí se plantea, al contrario que en Cataluña, no es una definición de nación con consecuencias jurídicas y financieras. Rodríguez no ve necesario, “de momento”, una reforma del Estatuto de Andalucía (la última reforma es de 2007), pero sí ve insuficiente el modelo de financiación autonómica y no le basta el acuerdo al que acaban de llegar PP y PSOE para ampliar el objetivo de déficit a las comunidades. “La soberanía no pasa tanto por reclamar un nuevo Estatuto, de momento, como por que esa soberanía se pueda ejercer de verdad”, dice.

Nacionalidad histórica y nación

Respecto al término nación, que tantos quebraderos de cabeza da a los socialistas en Catalunya, Teresa Rodríguez no ve diferencias reales entre nación y “nacionalidad histórica”, término con el que se refiere a Andalucía en el Estatuto. “¿Qué es una nacionalidad si no una nación histórica?”, advierte, e insiste en que por ahora se mueven en el terreno de lo simbólico. Pero añade: “Hay que abrir un proceso constituyente en España, porque existe un debate territorial que sigue muy vivo. En ese debate los andaluces deberíamos situarnos los primeros, no los últimos. Mientras otros dicen Catalunya, Catalunya, Catalunya, la presidenta de Andalucía dice España, España, España. Nuestra mano tendida a Susana Díaz para reivindicar los derechos de Andalucía, que dé un paso al frente en ese debate. Pero parece más interesada en cualquier otra cosa menos en la tierra que dirige”, avisa. El coordinador regional de IU, Antonio Maíllo, también muestra su estupor por los ataques que han empezado a recibir del PSOE desde que anunciaron que se unirían a la marcha del 4-D. “Los veo excesivamente nerviosos”, advierte Maíllo.

En el fondo, las discrepancias entre Podemos e IU y el PSOE andaluz a cuenta del término nación no distan mucho de las diferencias entre el PSOE federal y el catalán. Díaz ha advertido al líder del PSC, Miquel Iceta, que para mantener a su formación dentro del partido tendrá que atenerse a la hoja de ruta que los socialistas se dieron en la Declaración de Granada, el documento político que aprobaron en 2013, y que sienta las bases de un modelo federal de Estado. El PSOE acepta la definición de Catalunya como nación siempre que este término no comporte ninguna consecuencia jurídica ni financiera extra, que no rompa el equilibrio de igualdad entre territorios dentro del Estado español. El terreno de lo simbólico. Los partidos de izquierda en Andalucía van a pelear para apropiarse de esa bandera, para disputarle también esa hegemonía a Susana Díaz, ahora que a ojos de todos hace equilibrios por estar en el centro de Andalucía, en el centro de España y el centro del PSOE al mismo tiempo.