Público
Público

La pareja que tumbó las cláusulas suelo: “Los bancos nos amenazaban”

Emilio Irles y Teresa Torres son dos de los perjudicados que han ganado ante el tribunal europeo la devolución de unas cláusulas abusivas de su hipoteca. “Este sufrimiento no se lo deseamos a nadie”

Publicidad
Media: 4.21
Votos: 28
Comentarios:

Teresa Torres y Emilio Irles tras conocer la sentencia del TJUE que les da la razón respecto a la devolución íntegra de las cláusulas suelo que el Banco Popular les cobró de manera indebida.

MADRID.- Lloraba y lloraba este miércoles cuando a las 10 de la mañana le ha llamado el abogado, Francisco Luis García Cerrillo, para decirles que habían ganado ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) y que los 10.000 euros de cláusulas abusivas que el Banco Popular les había cobrado de más en la hipoteca eran definitivamente suyos.

Cocinera de un colegio Torrevieja (Alicante), Teresa Torres no atinaba esta mañana a trabajar con los pucheros entre tanta emoción y sólo daba las gracias al abogado. La noticia ha corrido como la pólvora por el colegio: “mis compañeros están como en el anuncio de la Navidad”.

Teresa Torres ha recordado el tiempo en el que “los bancos nos amenazaban. Nos decían que si denunciábamos que teníamos que pagar más, que tenían buenos abogados y que nos ganarían”. Pero ella y su marido siguieron adelante con la demanda.

Este miércoles, 21 de diciembre, Teresa Torres y Emilio Irles han conseguido una sentencia favorable del TJUE y han recuperado el dinero cobrado indebidamente por el Banco Popular en concepto de cláusula suelo. 


Junto a Torres e Irles, el alto tribunal europeo ha dado la razón a Francisco Gutiérrez Naranjo en su pleito contra Caja Sur, así como a Ana María Palacios Martínez frente al BBVA.

El TJUE ha respondido a las cuestiones prejudiciales que han planteado los jueces que debían resolver estos tres casos. El de Naranjo lo planteó el juez de Mercantil 1 de Granada, mientras que los otros dos eran cuestiones elevadas por la Audiencia de Alicante.

La sentencia del tribunal europeo supone todo un golpe en la coronilla del Tribunal Supremo, que fijó un límite temporal a la devolución del dinero cobrado indebidamente por cláusulas suelo: 9 de mayo de 2013, que es cuando dictó su primera sentencia sobre un contrato de BBVA y Novacaixagalicia.

Teresa Torres y Emilio Irles consiguieron una sentencia favorable en primera instancia: su cláusula suelo del 5% era abusiva, resolvió el juez de lo Mercantil 3 de Alicante que la anuló y ordenó devolver todas las cantidades indebidamente cobradas desde que arrancó el contrato, en el año 2001.

Pero el Banco Popular recurrió a la Audiencia de Alicante y aportó dos sentencias del Tribunal Supremo, la de 2013 y la de marzo de 2015 que confirmaba el límite de la devolución temporal en 2013.

“Me parecía injusto lo que decía el Supremo. Por eso Fran [su abogado] luchó, estábamos dispuestos a seguir luchando hasta el final. Si es nula, es nula desde que estoy pagando, no desde que dicen que los bancos pueden pagar”.
.
Son una pareja de escasos recursos, con dos hijos de 15 y 10 años de edad. Ese dinero era un abismo para ellos: supone una cuota de 800 euros al mes en lugar de 1.200 euros.

Se enteró por la televisión

Ella se enteró “por la televisión” en 2013 que había bajado el Euribor. Esperó, pero su cuota hipotecaria no bajaba. Consultó con el abogado García Cerrillo y fue cuando descubrió que tenía un suelo del 5%; esto es, que por mucho que bajaran los tipos de interés a ellos les cobrarían siempre un mínimo del 5%.

Siguió pagando su hipoteca, “cada mes, pagábamos todas las letras. Hacíamos virguerías para conseguirlo: horas extra, mi marido conducía de noche un camión… todo para poder sacar el dinero para ellos”. Pero hubo una cuota que no pudieron hacer frente y solicitaron retrasarla. “Y empezaron las amenazas, por una sola cuota. Fue cuando me animé. No podía permitirlo”.

“Nosotros fuimos a comprar la casa, como todo el mundo. Nos dijeron que sí, pero en ningún momento me dijeron que tenía suelo del 5%. Si llego a saberlo me voy a otro banco. No entendemos de esas cosas, porque, si no, en vez de cocinera hubiera sido banquera. Pagamos siempre desde 2001 hasta 2013”.

Pusieron la confianza en el Banco Popular porque era el banco de sus padres. “Firmamos el mismo día, no me dieron papeles para los estudiara, pero había confianza”. Cuando descubrieron el engaño, su padre sacó el dinero de su cuenta. “Nos sentimos defraudados totalmente. Por una cuota empezaron las amenazas”, repite incansable.

Su abogado, García Cerrillo, estaba emocionado esta mañana cuando ha llamado a Emilio Irles, quien también se ha puesto a llorar. “Esta situación les ha generado mucha ansiedad. Pedimos la ejecución provisional de la sentencia, el dinero lo tenía el cliente pero no podía disponer de él porque estábamos a la espera de la sentencia del TJUE”.

Preocupación en la sala

El letrado destaca “la valentía” del magistrado Antonio Soler de la Audiencia de Alicante, que es quien elevó la cuestión prejudicial al TJUE. Y recuerda la “increíble experiencia” de la vista celebrada en Luxemburgo ante los magistrados europeos, el 26 de abril de 2016.

“Fui con mucho esfuerzo” para sus clientes: sólo les generó “el gasto del avión y un hotel de tres estrellas”, recuerda. La sala le impresionó, y los recursos: con servicio de traducción simultánea, llena de público interesado, letrados compañeros… “Fue maravilloso”.

Frente al abogado del Estado que esgrimía el impacto económico para España de la devolución de las cláusulas suelo, García Cerrillo defendía la economía de sus clientes: eran consumidores, se les había engañado y esos 10.000 euros eran importantes para ellos.

Detectó “mucha preocupación en la sala, entre los magistrados” europeos y los letrados, conscientes del impacto de la resolución que iban a adoptar, recuerda el abogado. La sentencia se ha difundido este miércoles y aplica la Directiva europea que protege a los consumidores desde 1993 frente a los profesionales cuando existen cláusulas abusivas.

La sentencia es ejemplar, porque da toda una colleja al propio Supremo: si alguien tiene que limitar en el tiempo una norma del Derecho europeo, ese alguien es el Tribunal de la UE, no un tribunal nacional.