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pazo de meirás La trama del Pazo

Dos investigadores anuncian la publicación de “El expolio de Meirás”, donde desvelan cómo la casta económica que sustentó el ascenso del fascismo y que diseñó el expolio que enriqueció a la familia Franco sigue protegiendo los intereses de los herederos del dictador.

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Vistas de los jardines del pazo de Meirás. / J.O

El Pazo de Meirás se ha convertido en el símbolo de la pervivencia del franquismo. Pero es mucho más que eso. El palacete levantado entre los siglos XIX y XX por Emilia Pardo Bazán en el municipio coruñés de Sada, con el que Franco se hizo durante la Guerra Civil, no sólo es el instrumento que permite a sus herederos y defensores seguir glosando su figura. Es la referencia histórica del proceso que permitió a quienes lo ayudaron y acompañaron a mantener sus privilegios casi medio siglo después de su muerte. Y representa un buen ejemplo de la incapacidad de las instituciones diseñadas durante la Transición para restaurar la democracia en su plenitud, honrando a las víctimas de la dictadura y obligando a los fascistas a reparar los daños provocados por el sistema que expoliaron y cuyos frutos siguen cosechando hoy. 

“Aquellas élites siguen siendo las mismas. Porque así como a nivel político hubo una Transición que permitió el acceso al poder y a las instituciones de nuevas figuras, a nivel económico no sucedió lo mismo. No hubo Transición económica”, sostienen Carlos Babío y Manuel Pérez Lorenzo. El primero es nieto de expoliados en Meirás y ex concejal de Sada por el BNG, y el segundo, historiador. Tras años de investigaciones, en la segunda quincena de noviembre publicarán El expolio de Meirás, un libro que promete desvelar muchas cuestiones hasta ahora desconocidas sobre cómo se articuló el expolio del Pazo, cómo se convirtió en el núcleo de la multimillonaria fortuna de los Franco, y cómo sirvió para moldear una nueva casta social de familias afines al Régimen que ayudaban al dictador a engordar su fortuna a cambio de dádivas y privilegios.

"Así como a nivel político hubo una Transición, a nivel económico no sucedió lo mismo"

El caso más paradigmático es el de Pedro Barrié de la Maza, perteneciente a la familia coruñesa propietaria del Banco Pastor, convertido en testaferro de Franco al terminar la guerra y una de las figuras económicas más relevantes de la dictadura. Como recuerdan en su libro Babío y Pérez Lorenzo, Barrié fue uno de los vocales de la Junta pro Pazo del Caudillo, el organismo creado por los afines a Franco para financiar la adquisición del inmueble al objeto de regalárselo al tirano.  

El Pazo de Meirás en A Coruña. EFE

La Junta, que nunca tuvo constitución oficial ni estatutos, y de cuyas reuniones ni siquiera se levantaba acta, diseñó una falsa suscripción popular para recaudar dinero en toda la provincia de A Coruña mediante donaciones bajo coacción, descuentos obligatorios en los sueldo de miles de empleados públicos y expropiaciones forzosas a los campesinos propietarios de tierras cercanas al pazo. Entre los firmantes también estaba el pintor de cámara de los Franco, el ferrolano Fernando Álvarez de Sotomayor, cuyos retratos aún cuelgan en el interior del Pazo y quien, tras la guerra, fue nombrado director del Museo del Prado hasta su muerte en 1960. 

Lo cierto es que Franco y su mujer ya habían ocupado el P antes incluso de que Barrié lo registrara a su nombre en diciembre de 1938 tras comprarlo por 85.000 pesetas a las herederas de Pardo Bazán, a quienes ni siquiera se les permitió recoger el archivo personal de la escritora. Las obras de reforma dieron comienzo antes, en plena guerra, y el matrimonio las visitó para supervisarlas hasta en cinco ocasiones porque ya había asumido que sería suyo.  

“El pazo cumplía con todas las características con las que el dictador quería rodear su figura”, relatan los investigadores. Las torres almenadas subrayaban su carácter guerrero; sus reminiscencias medievales ayudaban a consolidar esa imagen de señor feudal dotado de divina auctoritas, implacable con el enemigo pero protectora de sus fieles vasallos. Y el hecho de haber sido la residencia de una destacada aristócrata y escritora acompañaba el falso dibujo de un halo de señorío e intelectualidad. 

"El pazo cumplía todas las características con las que el dictador quería rodear su figura"

El fascismo tallaba el icono de Franco al tiempo que le servía en bandeja el expolio. Junto a Barrié, en la Junta pro Pazo figura como vocal en representación de la Cámara de la Propiedad de A Coruña Alfonso Molina, por entonces ingeniero jefe de la Diputación, quien pone los fondos y la plantilla del organismo a disposición de las obras de Meirás. Franco le premiará en 1947 convirtiéndolo en alcalde de A Coruña, cargo que mantendrá también hasta su muerte y que Molina seguirá usando como herramienta para convertir al Ayuntamiento “en la empresa de servicios del Pazo”. “Hasta los jardineros eran los jardineros municipales de A Coruña”, recuerdan Babío y Pérez Lorenzo. 

En el caso de Barrié, su ascenso también fue imparable. En 1938 figuraba en la Junta pro Pazo como representante de la banca coruñesa, que financió buena parte de los gastos militares de los golpistas. Por entonces era director general del Pastor, cuya presidencia pasó a ocupar en 1939, poco antes del final de la contienda. Una vez terminada la guerra, sus negocios, su influencia y su fortuna se multiplicaron: se adueñó del mercado eléctrico gallego creando Unión Fenosa, surgida de la fusión obligada de una de sus compañías con Electra Popular Coruñesa, la firma rival propiedad de José Miñones, un empresario republicano fusilado al comienzo de la contienda.  

Exteriores del Pazo de Meirás. MANUEL MARRAS

Fue nombrado presidente de Astilleros y Talleres del Noroeste (Astano), el referente de la industria naval que Franco levantó en Ferrol, su ciudad natal. Se hizo con una enorme flota pesquera a través de Pebsa, una de las mayores productoras de pescado y que pudo desarrollar gracias a que también presidía la Junta de Obras del Puerto de A Coruña. Además fue socio o propietario, entre otras sociedades, de Aluminios de Galicia, Gas Madrid, la empresa de productos de higiene La Toja, la carbonera Minero Siderúrgica de España, durante años fue la principal compañía minera privada de España... Nunca dejó de hacer favores a Franco, como adquirir para él en los años sesenta, en una subasta amañada en la que sólo hubo dos pujas, otro inmueble de titularidad municipal: la Casa Cornide, un palacete de casi 900 metros de superficie ubicado en el casco viejo de A Coruña en la que la viuda de Franco pasó sus últimos años de vida. 

Cuando Barrié murió en 1971, su mujer, Carmela Arias, heredó la presidencia del Pastor, que no abandonó hasta treinta años después para dejarlo en manos de su sobrino, José María Arias, quien pasó a ocupar la vicepresidencia del Banco Popular tras la fusión de ambas entidades, hoy caído en desagracia por la quiebra de la sociedad. 

"El Pazo siempre fue privado, nunca del pueblo"

Durante los tres decenios en los que los Arias rigieron el Pastor tras la muerte de Franco, impulsaron algunos proyectos urbanísticos que permitieron a la familia del dictador dar algunos jugosos pelotazos con las parcelas expropiadas en las cercanías del Pazo, rodeado hoy por coquetas urbanizaciones de adosados y viviendas unifamiliares. “Desde la muerte de Franco hasta finales de los ochenta, Cristóbal Martínez Bordíu [casado con la hija de Franco] empezó a hacer operaciones especulativas en la zona”, sostienen los investigadores. 

En aquella época, el presidente de la Diputación de A Coruña era el ex ministro y ex tesorero del PP José Manuel Romay Beccaría. Y el acalde de Sada, Ramón Ares, también del PP, impulsor de controvertidas recalificaciones urbanísticas que facilitaron aquellos negocios y quien gobernó el municipio ininterrumpidamente durante 28 años, desde 1979 hasta el 2003. 

Ares empezó su carrera política como mancebo de botica: era el encargado de llevar medicamentos al Pazo de Meirás, y receta a receta fue granjeándose los favores y la simpatía del dictador. Suele jactarse de que nunca descolgó de su despacho el retrato de Franco, lo que no impidió que el Partido Popular le permitiera ser senador entre el 2000 y el 2004. Manuel Fraga lo expulsó del partido ese año, cuando Ares se alió con un tránsfuga del PSOE para recuperar la Alcaldía de Sada, que había perdido en las elecciones en favor del BNG. Una de sus primeras decisiones fue duplicarse el sueldo. Hoy sigue siendo concejal con una formación independiente, y sus últimas declaraciones dejan claro que sigue siendo uno de aquellos fieles vasallos que visitaban a Franco en Meirás: “¿Devolución? ¿De qué? El Pazo siempre fue privado, nunca del pueblo”. 

Exteriores del Pazo de Meirás. MANUEL MARRAS

El libro prueba que las familias que se enriquecieron en la dictadura siguen al mando de las instituciones de la democracia

Ares es el responsable del caótico desarrollo urbanístico de Sada, con proyectos megalómanos diseñados codo a codo con constructoras asociadas o financiadas por el Banco Pastor, algunos de los cuales no se descartaron hasta que fueron tumbados por los tribunales. Durante su mandato paralizó cualquier iniciativa destinada a recuperar Meirás para el patrimonio público. Y siempre contó con el apoyo tácito de Fraga y del PP, también el de Feijóo. De hecho, los populares gobernaron en Sada entre el 2011 y el 2015 con sólo cuatro concejales gracias a los votos de los otros cinco ediles de la formación del ex alcalde. 

Los nombres citados en este texto son sólo unos cuantos ejemplos de esa tupida red fascista que aupó y mantuvo a Franco en el poder y que hoy sigue protegiendo los intereses de sus herederos. Pero El expolio de Meirás contiene muchos más testimonios, documentos y análisis que prueban que las mismas familias que ganaron la guerra y se enriquecieron con la dictadura siguen al mando de algunas de las instituciones más relevantes de la democracia. 

Vehículos y yates prestados para sacar de España valiosas obras de arte, incendios provocados para simular su destrucción, expropiaciones forzosas a familias de represaliados, empresarios aupados a la gloria editorial a cambio de poner sus medios de comunicación al servicio del Régimen... Un buen puñado de historias con apellidos de renombre en primera línea. Aunque quizá la más apasionante de todas sea la del propio pueblo de Meirás. Una pequeña aldea que en los años treinta del siglo pasado protagonizó una sonada revuelta anarquista en defensa de la propiedad campesina de la tierra, y que hoy ve cómo su nombre no se asocia a la solidaridad, la coopoeración y el activismo social, sino a los años más negros de la historia de España.