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Pazo de Meirás La visita de un alcalde de En Marea a los recuerdos más negros del franquismo

'Público' acompaña al regidor de Sada en un periplo por el Pazo de Meirás, la residencia veraniega que el dictador robó y cuya familia sigue disfrutando hoy pese a las reiteradas reclamaciones del municipio para que recupere su titularidad pública

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Benito Portela, alcalde de En Marea, frente al Pazo de Meirás. MANUEL MARRAS

Durante casi un cuarto de hora este reportaje estuvo a punto de llevar por titular “En el pazo de Franco no entra ni el alcalde”. Porque ese fue el tiempo que esperó Benito Portela, el regidor de Sada, la localidad coruñesa donde se ubica el Pazo de Meirás, a encontrarse con la persona que guía a los visitantes por los jardines y las dependencias del inmueble que expolió el dictador para uso y disfrute de él, su familia y sus herederos.

Sucedió que el alcalde, de Sadamaoiría, la marca de En Marea en el municipio, aguardaba el pasado viernes en la puerta principal, mientras el guía hacía lo mismo en la que hoy sirve de acceso a las visitas.

Público acompañó a Portela en una ruta por la residencia veraniega de los Franco. Y este redactor tuvo un rato en mente el citado titular porque es habitual, según el Ayuntamiento, que muchos visitantes se la encuentren cerrada tras haber hecho la correspondiente reserva. No fue el caso.

Benito Portela, alcalde de En Marea, frente al Pazo de Meirás. MANUEL MARRAS

El guía, que vive en una casa a unos metros del inmueble, asegura que siempre atiende las reservas que le envía la empresa escogida por la familia para gestionar las visitas. Pero éstas son cada vez menos, y Portela lo atribuye, precisamente, a los obstáculos que ponen: “Tenemos infinidad de quejas de gente que viene y no puede entrar. Y tampoco respetan los días acordados para las visitas en agosto”, asegura.

Antes del expolio, el Pazo de Meirás se llamaba Las Torres de Meirás. Así las bautizó durante su construcción, a caballo de los siglos XIX y XX, su primera propietaria, la condesa de Pardo Bazán: doña Emilia, aristócrata humanista y feminista autora de algunas de las obras más emblemáticas de la literatura en castellano escrita en Galicia, como Los pazos de Ulloa, probablemente la más conocida.

Falsa operación de compra

Franco y su esposa Carmen se encapricharon tanto con el histórico e imponente inmueble que antes de acabar la guerra, en 1938, iniciaron los trámites para quedárselo sin pagar un duro.

Lo hicieron mediante una falsa operación de compra financiada por los coruñeses, a los que se obligó a simular que hacían un regalo al tirano: funcionarios y trabajadores de empresas públicas vieron cómo se les retiraba de sus nóminas su contribución nominal al agasajo; se expropiaron forzosamente terrenos a al menos cinco familias de Sada y se ordenó a los alcaldes de la provincia que fueran en cuestación casa por casa para que ningún vecino perdiera su derecho a financiar los lujosos veranos gallegos del caudillo del fascismo en España.

Lo cierto es que los exteriores del Pazo son una verdadera maravilla: tres magníficas torres de aspecto medieval, con gárgolas y escudos labrados en piedra, unidas por varios cuerpos que albergan las inmensas dependencias en las que Franco pasaba sus semanas de asueto.

Exteriores del Pazo de Meirás. MANUEL MARRAS

Todo acompañado por una espectacular finca de más de seis hectáreas que alberga árboles y vegetación únicas, con un hermoso jardín cuyo aspecto cuidado y limpio sorprende al alcalde. Portela, de 41 años, es ingeniero técnico agrícola y fue jardinero muchos años, y no duda en felicitar al guía, que se encarga también del cuidado de las zonas verdes.

“Tengo que arreglar la buganvilla, el temporal la desprendió”, explica. Se refiere a la planta trepadora que decora la fachada, y que apareció en la portada de la revista Hola en agosto del 2014 rodeando a una sonriente Carmen Martínez Bordiú, nieta del tirano. “Pues ten cuidado, que las buganvillas se defienden bien”, contesta el alcalde al guía, refiriéndose a la coraza de espinas que rodean sus ramas.

El año en el que se sacó esa foto fue uno de los muchos en los que la familia Franco ha violado el régimen de visitas establecido en el año 2008 tras la declaración de las Torres de Meirás como Bien de Interés Cultural (BIC).

El horario (todos los viernes de todos los meses salvo agosto, para el que sólo se pueden hacer reservas los días 28, 29, 30 y 31) se puso en marcha en marzo del 2011.

Exteriores del Pazo de Meirás. MANUEL MARRAS

La Xunta asumió los gastos y la gestión de las rutas, pero poco después, con la excusa de que el coste no debería recaer sobre el contribuyente, permitió que sean los Franco quienes las administraran. Y ahí empezaron los problemas.

En los años 2014 y 2015 la familia incumplió sus obligaciones, lo que provocó la apertura de un expediente de la Xunta que, a estas alturas, aún no ha sido resuelto.

Además, según el Ayuntamiento de Sada, se han cerrado al público zonas del interior que debían estar abiertas. Los Franco contestan que sufren el vandalismo de algunos visitantes que no dudan en provocar destrozos deliberados.

Escalofrío

Lo cierto es que durante el paseo por el interior, donde no se permiten sacar fotos, el alcalde, su asesor de comunicación, el periodista de Público y el fotógrafo van sufriendo una progresiva evolución sentimental desde el interés histórico hacia la repulsión e incluso el escalofrío.

No sólo porque está plagado de simbología fascista, bustos y cuadros del dictador en todos sus escorzos –Franco vestido de falangista, Franco vestido de militar, Franco montando a caballo en África, con Gibraltar al fondo, saludando brazo en alto a los ejércitos de Aire, Mar y Tierra que derrocaron a la República y que provocaron una guerra que le costaría a España más de un millón de vidas, cuarenta años de terror y heridas tan profundas que aún hoy siguen sangrando-.

La ruta interior también provoca sensación de miedito, ante la contemplación de las tétricas paredes de piedra plagadas por las decenas de cabezas, cornamentas y calaveras huesudas de ciervos, corzos y rebecos abatidos por Franco y los suyos.

Interior de la capilla del Pazo de Meirás. MANUEL MARRAS

A todos los trofeos los acompaña una placa con fecha y lugar, y como alguna está datada en el 2011 es fácil deducir que la cacería continúa y que los herederos del déspota mantienen el mismo gusto decorativo que su antecesor. Bueno, no en todo. Casi en el centro de la biblioteca, una amplia, coqueta y luminosa estancia con estanterías de nobles maderas repletas de libros antiguos y modernos escritos en varias lenguas, algunos de ellos incunables o primeras ediciones, hay una tele plana con un vídeo VHS bajo el que se amontonan en desorden doméstico un puñado de polvorientas cintas con películas de cine frente a un sofá desgastado por el uso.

“Nunca pensé que podría sentirme aún más alejado de Franco, de lo que representa y de su familia”, dice Portela. “Aquí dentro se respira Antiguo Régimen, del de verdad. Si me dicen esta mañana antes de entrar que aún podía ser más antifranquista, no me lo creo”, añade.

Mientras pasea por el jardín, el alcalde recuerda las leyendas que rodean la vida del dictador en Sada. Como la de Rufo, un maqui de Carnoedo, localidad costera del municipio, que aseguraba dormir todas las noches junto al muro de las Torres.

“Allí es el único sitio donde no van a buscarme”, alardeaba. También la de los paisanos del pueblo que llegaban con cestos llenos de mejillones de la ría para ganarse los favores de Franco o para evitar que los pusiera en su punto de mira.

Devolución

Las fuerzas progresistas de Sada llevan años reclamando la devolución al patrimonio público de las Torres de Meirás, y el actual regidor aboga incluso por devolverles su nombre original para borrar así el recuerdo de quien lo robó y rebautizó usando la fuerza y la coacción, y de quienes hoy lo siguen disfrutando por la ley de la bragueta.

Exteriores del Pazo de Meirás. MANUEL MARRAS

“Por supuesto que yo defiendo su devolución al pueblo. Pero hay que ser realistas”. La Xunta nunca aprobaría un Plan de Ordenación Urbana que incluya la ocupación de Meirás porque la ley estatal no lo contempla.

“¿Qué sentido tendría aprobar en pleno algo legalmente inviable?”, se pregunta Portela. El alcalde de En Marea (cuatro concejales) gobierna en minoría con apoyo del PSdeG (dos) y el BNG (otros dos). La corporación la completan el Partido Popular (siete ediles) y el Partido Demócrata Sada Popular, formación de derechas independiente escindida del PP.

El edil de Urbanismo, Fran Montouto, explica que el plan urbanístico, empantanado desde hace años, está pendiente de aprobación por la Xunta en cuanto se incluyan algunas correcciones que no afectan a las previsiones municipales para las Torres.

El documento reserva para todo su perímetro un Plan Especial de Patrimonio que abriría las puertas a su futura ocupación pública. También la inclusión de la zona sur de la finca en un Sistema General de Espacio Libre que permitiría la expropiación de parte de los terrenos y de la casa solariega donde residían los miembros de la guardia mora y de la guardia civil que protegían los veranos de Franco, para convertirlos en espacios de uso y disfrute públicos.

Portela reconoce que las relaciones con los Franco son “inexistentes”, pero que no dudaría en recibirlos y atenderlos como afectados por el plan.Tras el periplo, el alcalde, que nunca antes había visitado las Torres, admite que se quedó “asombrado” especialmente por el retablo labrado en madera de la capilla anexa y, sobre todo, por la riqueza natural y vegetal de las Torres.

Sobre su interior, el periodista le plantea sus dudas: ¿Qué hacer con las valiosas antigüedades y obras de arte, muchas de ellas expoliadas? ¿Y con los libros, algunos verdaderas joyas? ¿Y con los retratos del dictador, su mujer y su hija firmados por Fernando Álvarez de Sotomayor, uno de los pintores gallegos de más renombre?

Exteriores del Pazo de Meirás. MANUEL MARRAS

Su valor artístico puede ser indudable, tal vez, pero, ¿supera eso la certeza de que representan lo más negro de la España más negra? “Forman parte de la historia, alcalde”, dice el periodista. “Sí, son bienes muebles de una riqueza extraordinaria, pero que no deberían estar aquí.

Sobrepasan el ámbito municipal, deberían llevárselos y que Patrimonio del Estado decida qué hacer con ellos. Desde luego, yo no los quiero en Sada”, dice.

La ruta termina donde empezó, en la explanada principal de entrada al recinto, de titularidad municipal y que el Ayuntamiento ha acondicionado cubriendo baches y grietas para facilitar el acceso de quien desee visitar las Torres.

Casi despidiéndose, el guía comenta que muchas veces ese espacio queda sucio y lleno de la basura que dejan los turistas menos respetuosos con el entorno.

Entonces, Portela se compromete a hablar con la empresa de limpieza para que cada viernes limpie la explanada. En ese mismo lugar, una hora antes, el titular del periodista era otro.

Pero cuando marca el número de teléfono de la empresa que gestiona las visitas para agradecer el trato recibido, y que figura en la web de la Xunta, la grabación de la operadora contesta con una frase quizá premonitoria: “El número que usted ha marcado no corresponde a ningún abonado”.