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La Policía busca aún al tercer etarra de Capbreton

Un año después del atentado, hay dudas de la participación de uno de los tres detenidos

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A punto de cumplirse el primer aniversario del atentado de Capbreton, la Policía y la Guardia Civil reconocen que el asesinato el 1 de diciembre de 2007 de los guardias civiles Fernando Trapero y Raúl Centeno en esta localidad francesa tiene aún muchos flecos sueltos. Ni siquiera la reciente detención del jefe militar de la banda, Garikoitz Aspizu Rubina, Txeroki, a quien las declaraciones de dos miembros del comando Nafarroa situaban en el escenario del crimen, ha arrojado demasiado luz al principal interrogante: quiénes fueron los tres etarras que cometieron el atentado.

Así lo han confirmado a Público tanto altos mandos de la lucha antiterrorista como fuentes de la Audiencia Nacional, quienes reconocen que en estos momentos la línea de trabajo que tiene más fuerza es la que asegura que de los tres etarras detenidos hasta ahora –Saioa Sánchez, Asier Bengoa y el propio Txeroki– , sólo dos de ellos intervinieron de modo directo en el atentado. Una hipótesis por la que también apuesta la Justicia francesa, aseguran fuentes policiales.

En concreto, los investigadores están convencidos de la participación de Saioa Sánchez y del jefe militar de ETA, aunque por el momento sólo hay pruebas concretas contra la mujer, a la que las fuentes consultadas señalan como una de las personas que disparó contra los agentes.

Sobre el tercer terrorista, Asier Bengoa, que fue detenido junto a Saioa Sánchez sólo cuatro días después del doble crimen, las dudas han ido creciendo según avanzaban las investigaciones, hasta descartar prácticamente su participación. No han aparecido rastros genéticos suyos ni en el coche que los autores del atentado robaron poco después de los asesinatos para huir ni en la cafetería donde se produjo el encuentro entre guardias civiles y etarras, siempre calificado de fortuito por Interior.

¿Por qué huía entonces junto a la otra terrorista? Los investigadores creen que Asier Bengoa fue llamado por los otros dos etarras, Txeroki y un segundo dirigente no identificado al cien por cien para ayudar a la mujer a esconderse mientras ellos hacían lo propio en un segundo lugar. De hecho, en poder de Bengoa apareció un billete del metro de Toulouse, una ciudad situada a más de 300 kilómetros de Capbreton, fechado el mismo día del atentado, lo que hace sospechar que Bengoa estaba oculto en esta ciudad cuando sucedieron los hechos.

Sobre la intervención de Txeroki en el atentado, la única prueba hasta ahora es la declaraciones de Aurken Sola y Xabier Rey, los dos miembros del comando Nafarroa recientemente desarticulado. Ambos –considerados testigos creíbles pero de referencia– declararon por separado que Aspiazu les había reconocido su participación en los hechos e, incluso, que él había disparado.

Con pequeñas diferencias, el relato de ambos es muy similar, lo que acrecienta su credibilidad. Y, además, Xabier Rey añadió un dato poco conocido y considerado importante por los investigadores para lograr la imputación del jefe etarra por el atentado, ya que supone que Txeroki tenía un conocimiento directo de los hechos: que éste le había detallado que se llevó una bolsa que estaba en el coche de los guardias civiles y que contenía una pequeña cámara espía.

Sin embargo, los análisis balísticos y las pruebas de ADN realizados hasta ahora por la Justicia francesa –y que la Policía y la Justicia española dicen desconocer aún oficialmente– no incriminan a Txeroki. La pistola Smith&Wesson que portaba cuando fue detenido el 17 noviembre no fue utilizada en el crimen y sus restos genéticos no han dado resultado positivo al compararlos con las muestras anónimas que aparecieron en los dos escenarios claves del crimen: la cafetería y el Peugeot 307 que robaron a 88 kilómetros del lugar del crimen a una mujer que secuestraron y que se ha convertido en la principal testigo.

Fuentes jurídicas reconocen a este diario que las huellas y restos de ADN recogidas en otros dos vehículos utilizados por los autores de los atentados aquel día no son valoradas del mismo modo por los investigadores, ya que eran “automóviles de la organización”, en expresión de una de las fuentes, y, por tanto, pudieran tener restos de otros etarras que los hubieran utilizado antes, pero que no necesariamente participaran en el crimen.

Para determinar la identidad del tercer etarra, los investigadores se enfrentan con un problema añadido: la escasa colaboración, cuando no nula, de los detenidos. Saioa Sánchez ha sido la que más datos ha aportado, aunque no demasiados. Txeroki, por el contrario, no ha dicho nada. Y, sobre la identidad del tercer etarra, ninguno ha hablado.

No obstante, las fuentes consultadas se decantan por un dirigente etarra actualmente en paradero desconocido, aunque reconocen que no hay pruebas concretas. Se trata de Aitzol Iriondo, Gurbitz, cuya condición de mano derecha de Txeroki –se especula que puede haber ocupado su puesto tras la detención de éste– y, por tanto, el hombre que le acompañaba habitualmente en los encuentros con los miembros de los comandos, le convierten en el primer sospechoso.

Una incógnita aún por despejar de una investigación llena de ellas. Tantas que la juez francesa Laurence Le Vert reconstruyó por segunda vez el atentado el pasado junio, más de seis meses después de producirse.