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Andalucía crea un grupo de psicólogos de urgencia para hijos de mujeres asesinadas

El plan de choque cuenta con 42 profesionales. Trabajarán por parejas, un especialista en intervenciones en crisis y otro en violencia machista. Se personarán en el lugar del crimen antes de 24 horas para minimizar el impacto emocional y las secuelas traumáticas de los huérfanos

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Pancartas contra la violencia machista durante el 7-N / EFE

El Gobierno andaluz ha creado una unidad de intervención rápida de psicólogos para atender a los hijos de las mujeres asesinadas nada más cometerse el crimen.

El equipo estará formado por 42 profesionales, disponible las 24 horas del día, 365 días al año, pero trabajarán en parejas, un especialista en violencia machista y otro en intervenciones en crisis. Serán los coordinadores provinciales del Instituto Andaluz de la Mujer (IAM) los primeros en contactar con ellos por teléfono, apremiándoles para que se desplacen al lugar del crimen, al tanatorio o a la casa de un familiar, en caso de que los menores ya hubieran sido trasladados.

El “programa de choque” que ha puesto en marcha la Junta ofrece una atención psicológica gratuita para menores “en estado de shock”, niños que acaban de quedar huérfanos y reciben como un impacto la noticia de que su padre ha matado a su madre. No existe en ninguna otra comunidad una unidad de intervención psicológica urgente como ésta.

Sin embargo, las estadísticas de casos de huérfanos de mujeres asesinadas en Andalucía (apenas una veintena en cinco años) no explican por sí mismas el despliegue de recursos y personal que dedicará la Consejería de Igualdad para actuar de urgencia.

Siete años después de inaugurar el servicio de atención psicológica gratuita a menores, el IAM ha detectado la necesidad de intervenir en las primeras 24 horas para tratar de paliar la crisis que sufren los niños en el momento en que conocen que a su madre la han matado.

Este dispositivo de urgencia nace de la experiencia de los especialistas que, desde 2009, vienen trabajando en terapia con los huérfanos que deja la violencia machista.

“Hasta ahora, lo más pronto que yo he atendido a un menor ha sido una semana después del crimen, y ya percibí que habíamos llegado tarde. Hubiera sido necesario una atención en crisis más inmediata para parar a tiempo la sintomatología. En sólo siete días, el estado emocional del niño ya se había agravado”, explica Laura Ocaña, psicóloga, y una de las tres coordinadoras del plan de choque.

El shock emocional que quieren paliar tiene escenas reales que describen los mismos psicólogos tratando de preservar el anonimato de las víctimas: la de un niño de dos años en brazos de su madre justo en el momento en que ésta recibe la puñalada mortal a manos de su progenitor; dos hermanos con la ropa manchada de sangre que han presenciado el crimen; un adolescente que está en la escuela, en clase de Matemáticas, cuando un compañero entra para decirle que su padre acaba de matar a su madre de un disparo en la cabeza; una chica que se entera de lo ocurrido cuando abre Facebook, pero para entonces ya todo el pueblo ya lo sabe; un niño que está de excursión con el colegio y cuando regresa se entera de que han asfixiado a su madre; un muchacho que se mete en Twitter, reconoce la foto de su casa y ve la imagen de su padre, esposado, saliendo de ella; dos hermanas en la fiesta de cumpleaños de una amiga, a las que va a recoger su abuela, en vez de sus padres, porque él ha matado a ella y luego se ha suicidado.

Las consecuencias para los hijos de vivir algo así no siguen un patrón común: hay crisis de ansiedad, hiperventilación, ataques de ira, frustración, golpes a muebles, gritos, desmayos. También hay quienes somatizan el dolor, lo ocultan, actúan como si todo hubiera pasado rápido.

Después de años trabajando en terapia con los huérfanos de la violencia machista, los especialistas han llegado a la conclusión de que las primeras 24 horas son fundamentales para evitar que las lesiones emocionales de los niños empeoren.

Se trata, sobre todo, de controlar cómo los menores van a recibir por primera vez la noticia sobre el asesinato de su madre (en caso de que ellos no hayan sido testigos presenciales). “La urgencia es imprescindible para minimizar el impacto emocional. Si intervenimos tarde, el duelo por la muerte se cronifica, se vuelve patológico. Lo que es un trastorno por estrés agudo pasa a convertirse en un trastorno de estrés postraumático, que puede alargarse más de dos años, porque es un problema mucho más complejo de tratar”, relata Ocaña.

¿Cuánto es tarde? ¿Cuál es la inmediatez con la que tendrá que trabajar este grupo? El programa cuenta con tres niveles de urgencia: 24 horas, 48 horas y 72 horas. “Llegar hasta el niño tres días después del crimen ya es llegar tarde”, dice Ocaña.

3.000 huérfanos desde 2009

Andalucía fue la primera comunidad en considerar víctimas directas de la violencia de genero a los hijos de las mujeres maltratadas. Desde 2009, el IAM ofrece atención psicológica gratuita a los menores, pero ésta consistía en un tratamiento a medio y largo plazo, un seguimiento de las secuelas que el asesinato de la madre había dejado en los críos.

Desde entonces, el programa ha atendido a más de 3.000 jóvenes huérfanos. Entre 2013 y 2017, en España quedaron huérfanos 160 menores víctimas de la violencia machista, 21 de ellos (el 13%) en Andalucía. En el mismo periodo hubo 15 niños que fueron asesinados junto a sus madres, tres de ellos eran andaluces. La mayoría de los jóvenes convivían con el agresor, según un reciente informe del IAM.

La Consejería de Igualdad acaba de firmar un convenio con Acción Social por la Igualdad (ASI), que ha sido la asociación encargada de seleccionar y reclutar a los 42 psicólogos en las ocho provincias y formar los equipos por parejas. “La intervención de dos profesionales nos ha funcionado mejor que individualmente”, cuenta Juan Ignacio Páez, coordinador del programa de Atención Psicológica del IAM.

La exposición del menor a la violencia doméstica provoca traumas similares al maltrato infantil, pero el asesinato de una madre desencadena síntomas más graves si no se tratan a tiempo: pesadillas, terror nocturno, ansiedad, depresión, sentimiento de culpabilidad, pérdida temporal del habla, huida del hogar, regresiones (el niño vuelve a orinarse encima), ira, autolesiones…

“Pensamos siempre en el niño que ha perdido a su madre. Pero a veces el menor con quien tenía un vínculo emocional fortísimo era con su padre. Esa desorientación, esa pérdida de un referente es difícil de reconstruir”, dice Páez.

Cada muchacho es un mundo, cada uno ha interiorizado el horror de su familia de una manera distinta. Es habitual entre adolescentes de 15 o 16 años, por ejemplo, el sentimiento de culpabilidad, de creer que podrían haberlo evitado.

En muchos casos son los hijos los primeros en llamar a la Policía cuando presencian una agresión en casa, a veces han sido ellos quienes han evitado la muerte de sus madres. Pero hay otras realidades: están los hijos que han hecho suya la agresividad de sus padres, el modo de hablar, de relacionarse, aquellos que de alguna manera han heredado la violencia.

“Con ellos tratamos de romper la cadena de violencia, que no se repita la historia de padres a hijos”, dice Ocaña. En otros casos, lo que se intenta es que la realidad familiar del menor no le estigmatice. “Nos hemos encontrado situaciones de chicos a los que les han dicho en la escuela: tu padre es un asesino y tú vas a ser igual. En estos casos es necesario contar con todo el entorno, la familia, los amigos, todos”, advierte la terapeuta.

En efecto, los psicólogos de este programa de choque no sólo deben actuar con el huérfano de la violencia machista, también con su entorno, ofreciendo orientación a todo el que rodea al huérfano: sus profesores, su médico de cabecera en el centro de salud habitual, sus familiares, compañeros de clase y amigos, pero también, ampliando el círculo, buscará la colaboración del ayuntamiento en el municipio donde tuvo lugar el asesinado de la madre, los agentes de la Policía local y los medios de comunicación más próximos. El objetivo es que todos ayuden a normalizar el duelo del niño.