Publicado: 19.07.2016 19:42 |Actualizado: 19.07.2016 19:50

“Podría ganar 8.000 euros al mes
pero prefiero luchar por los
derechos humanos”

Patricia Campos es, entre otras muchas cosas, la primera mujer piloto de reactor de la Armada. Una luchadora que presenta sus memorias para “hacer ver a otras personas que ser homosexual no es ninguna enfermedad".

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Patricia Campos Domènech a los mandos de un helicóptero de la Armada.

Patricia Campos Domènech a los mandos de un helicóptero de la Armada/Patricia Campos Domènech

MADRID.- Patricia Campos hizo realidad uno de sus mayores sueños cuando, hace once años, se convirtió en la primera y única mujer piloto de reactor en la Armada. Ahora confía que su experiencia, contada en un libro, sirva para que “otras mujeres que entren al ejército tengan las cosas más fáciles".

'Tierra, mar y aire' es el testimonio de una mujer que no ha tenido las cosas fáciles pero que a pesar de todo ha continuado luchando por sus sueños. Una mujer que quiso cambiar el mundo y que aún está en ello. “Me gustaría haber aprovechado mi etapa en el ejército para cambiar las cosas desde dentro pero quizás fue miedo, instinto de supervivencia, cobardía o falta de madurez lo que me lo impidió. Por eso escribí el libro, para demostrar que las mujeres y los homosexuales también somos seres humanos”.

Aunque ya no vuela tanto le gustaría ella se considera piloto militar y su “corazón lo será siempre” pero por su condición de lesbiana se ha visto obligada a dejarlo. “Me encantaría volver si las cosas cambian, aunque creo que es difícil”.

Este libro escrito a modo de autobiografía relata vivencias muy personales pero al mismo tiempo sirve para “hacer ver a otras personas que ser homosexual no es ninguna enfermedad, que la visibilidad puede acabar con la ignorancia y la homofobia. Salir del armario puede ser bueno para el resto de la sociedad”. Su máxima es que “el amor o la persona con quien te acuestes es una decisión tuya, no es una decisión política ni legal”.

Dentro de la Armada no se atrevió a confesar su condición sexual por miedo a las represalias, pero cuando salió de allí en excedencia “sentía la obligación de hacerlo para dar las gracias y apoyar a toda la gente que ha ayudado a los derechos humanos”. “Hay mujeres que han muerto por luchar por nuestro derecho a voto” y ella quiere, con su testimonio, contribuir a esa lucha desde su “pequeña parcela”. “Pretendo ser un estímulo para remover conciencias. Ha sido muy difícil pero quería hacerlo”, afirma.

Su caso recuerda inevitablemente al de Zaida Cantera, la capitán del Ejército de Tierra que denunció por acoso sexual a un superior. El tribunal militar le dio la razón a ella en una sentencia sin precedentes pero Patricia Campos recuerda que tanto Zaida como ella están ahora fuera de las Fuerzas Armadas mientras los culpables siguen dentro conservando su sueldo, su graduación y su carrera. “A mi nadie me ha llamado para preguntarme cómo se pueden hacer las cosas mejor. Es injusto. Es como el bullying en la escuela”, asegura Campos.

Patricia Campos junto a los niños con los que colabora en Uganda/Patricia Campos Domènech

Patricia Campos junto a los niños con los que colabora en Uganda/Patricia Campos Domènech

Patricia no cree que el machismo en el ejército sea un hecho aislado, sino que es más bien el reflejo de la sociedad. El problema viene desde la base: es un problema de educación. “Nuestro entorno debería hacer ver a los niños que todos somos seres humanos independientemente de la raza el sexo, la tendencia sexual, el color de piel. Me gustaría que todos fuéramos mas respetuosos y honestos. Me gustaría que ser inmigrante no fuera un delito, que las mujeres tuviéramos los mismos derechos reales y no sólo legales que los hombres. Que, en definitiva, viviéramos en un mundo donde los derechos humanos no fueran una utopía sino una realidad. Aunque queda mucho que hacer y cambiar”, se lamenta.

Desde niña, soñaba con volar y cada tarde jugaba al fútbol en la plaza de Onda (Castellón), su pueblo natal. Eran y son sus dos grandes pasiones, que a la vez le permitían evadirse y soñar con un futuro mejor, lejos de un padre machista, maltratador e infeliz. Sin embargo, una infancia dura, lejos de desanimarla, le impulsó a seguir adelante. Hace apenas un par de semanas Patricia se ha dado de baja de las Fuerzas Armadas porque estar allí “sería incómodo”. “Para mi bienestar tengo que estar rodeada de gente que comparta los mismos valores que yo o que apoye los derechos humanos”.

"Es injusto llevar todo el peso de nuestro sexo durante toda la carrera profesional", lamenta la autora del libro, quien desempeñó su labor de piloto hasta hace un par de años cuando su trabajo ya no le motivaba y no le compensaba vivir de ese modo. En ese momento decidió perseguir su otro gran sueño: el fútbol. En 2013 se marchó a vivir a Estados Unidos esta nueva aventura junto con su pareja, Mia. Entrenó al Soccer United de San Diego en la liga estadounidense y actualmente ejerce como entrenadora en Hawaii.

Los retos son el motor de su vida, según afirma en el libro. Patricia se propuso ser piloto militar y lo consiguió, se propuso ser entrenadora de fútbol y lo consiguió, quiso llevar su pasión por el fútbol a África y la misión no fue menos exitosa. Pero no es suficiente. Su siguiente reto en la lista no es menos ambicioso que los anteriores: acabar con el hambre en el mundo. “Siempre que voy a África vuelvo emocionalmente tocada porque veo mucha miseria. Nosotros tenemos todo y ellos, por el simple hecho de haber nacido en África y ser de otra raza, no tienen nada, se están muriendo de hambre. A mi me rompe el corazón y me gustaría acabar con enfermedades que no deberían existir en 2016 como la malaria, el sida o la fiebre tifoidea”.



“Mi labor en África consiste básicamente en dar y recibir felicidad”, cuenta con una sonrisa sincera. Por la mañana da clases de español y por la tarde entrena a tres equipos: uno de niñas, otro de niños y otro de mujeres con sida. “Son niños que necesitan mucha atención y que alguien les de cariño: algo que hacemos mutuamente”.

Viajar a Uganda le parece egoísta porque asegura que recibe mucho más de lo que da. En el 2014 pasó allí casi todo el año en y en julio solo ha podido irse 15 días. “Cada vez que viajo a Uganda lo hago con mucha ilusión, pero una vez allí se hace duro porque veo muchas desgracias”. En 'Tierra, mar y aire' relata el miedo que pasó allí y cuenta que le robaron e incluso estuvieron a punto de secuestrarla. Uganda es, además, un país especialmente duro con la homosexualidad. Allí, ser gay es un delito castigado con la pena de muerte y “a las mujeres sospechosas de ser lesbianas se les aplican violaciones correctivas para que se den cuenta de que no lo son”, explica Patricia en sus memorias. “Es peligroso y más después de haber escrito un libro en el que me confieso abiertamente lesbiana”.

Patricia consigue material escolar y deportivo a través de su proyecto organizando partidos benéficos de fútbol. En octubre llegaron a recaudar 1.100 kilos de material. “La gente colabora y los españoles somos muy solidarios”, dice. Todos los reconocimientos que ha recibido le ilusionan muchísimo porque es una forma de dar visibilidad a todas las mujeres. Aunque si tuviese que quedarse con uno de los galardones sería la sonrisa de sus niños de África, un reconocimiento silencioso que le “acompañará eternamente”.

Respecto a las críticas recibidas tras la publicación de sus memorias, quiere dejar claro que no le mueve una motivación económica. “Si quisiese ganar dinero estaría en Qatar o en Singapur ganando 8.000 euros al mes, pero el libro no va de eso, va de derechos humanos”. Incluso han llegado a decirle que fingía ser lesbiana para vender más ejemplares.

Con 'Tierra, mar y aire' Patricia Campos quiere demostrar que “todo es posible con constancia y lucha” y predica con el ejemplo: “Yo no lo tuve fácil, me ha costado mucho ser piloto militar pero he luchado con todas mis fuerzas hasta que lo conseguí”. Un leitmotiv que Patricia quiere trasladar a todas las mujeres que aún se estén pensando eso de cumplir sus sueños.