Publicado: 02.07.2015 14:06 |Actualizado: 06.07.2015 07:00

Un juzgado virtual para la primera fiscal española

La Facultad de Derecho de Zaragoza dedica su aula de prácticas a Carmen Tere Agüelo, que en 1970 abrió una brecha igualitaria en el Ministerio Público al convertirse en la primera mujer que lograba entrar en la carrera fiscal.

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Carmen Tere Agüelo, antes de descubrir la placa que lleva su nombre en un aula de la Facultad de Derecho de Zaragoza. IMAGEN: UNIZAR.ES

Carmen Tere Agüelo, antes de descubrir la placa que lleva su nombre en un aula de la Facultad de Derecho de Zaragoza. IMAGEN: DERECHO.UNIZAR.ES

ZARAGOZA.- A Carmen Tere Agüelo le gusta poco llamar la atención. Pero es difícil pasar desapercibido cuando se es la primera mujer que ejerció de fiscal en España y acabas de jubilarte, hace apenas tres meses, después de una carrera de casi 45 años y ocupando el puesto número 124 en el escalafón de los más de 2.400 fiscales del país. Desde esta semana da nombre al Aula 4 de la Facultad de Derecho de Zaragoza, que simula una sala de vistas y en la que los alumnos realizan clases prácticas.

Agüelo derribó en mayo de 1970 la barrera que hasta entonces impedía a las mujeres formar parte de la Fiscalía. Se había licenciado en Derecho en Zaragoza en 1967, el año en el que el franquismo levantó el veto, en una promoción de cien alumnos de los que sólo siete eran chicas. Fue una de las tres que se presentó a la primera oposición. Y sólo ella aprobó. Lo hizo después de que el magistrado del Supremo que presidía el tribunal le hiciera saber, antes de someterla a la prueba práctica, que sobre él había recaído la responsabilidad de abrir las puertas del ministerio público a las mujeres.



Debutó en 1971 en Alcañiz como fiscal de Distrito, especialidad que en los años 80 fue fusionada con la “de carrera”, aunque el Ministerio de Justicia la situó en bloque por debajo de esta en el escalafón. Esa circunstancia hizo que, durante años, la asturiana Belén del Valle fuera señalada como la primera fiscal de España cuando en realidad había comenzado a ejercer en 1974. Para entonces, Agüelo llevaba tres años ejerciendo y estaba a punto de ser madre.

“Tenía mucho sentido común e iba a lo esencial”

Carmen Tere Agüelo tiene claro que lo suyo no fue una vocación, sencillamente porque ejercer como fiscal estaba vetado a las mujeres. “Quería tener una vida independiente, lo que sí había decidido era que haría una oposición”, explicaba. Eso ocurría en unos tiempos en los que una mujer casada no podía tener una cuenta bancaria sólo a su nombre y en los que el permiso de maternidad duraba sólo 40 días.

En los tiempos en los que una mujer no podía tener una cuenta a su nombre,Carmen quería "una vida independiente"

Agüelo siempre sostuvo que logró conciliar su vida laboral y familiar, aunque con los equilibrios que requiere un trabajo con guardias de 24 horas y diligencias sin horario. De hecho, a principios de los 80 rechazó un traslado a Barcelona que le habría supuesto una notable mejora en el escalafón al valorar más el arraigo que ella y su familia tenían en Zaragoza. Ahora es su hija quien ejerce como fiscal en la Ciudad Condal.

“Tenía mucho sentido común, era muy práctica e iba a lo esencial de los asuntos”, explica Javier Cantero, magistrado de la Sección Primera de la Audiencia de Zaragoza, a la que estaba asignada Agüelo. “Hacía los casos muy fáciles”, añade. “Siempre nos decía que en los interrogatorios hay que insistir mucho y preguntar mucho, para que quede claro” el testimonio, recuerda Pilar Cavero, compañera de la primera fiscal en el tribunal zaragozano.

Juicios con jurado por crímenes machistas


De esa insistencia, y de lo directo de sus preguntas, pueden dar fe varios de los maltratadores condenados por crímenes machistas en la capital aragonesa en los últimos años, que se sientan en el banquillo ante los jurados populares en la sección en la que trabajaba Agüelo. Para ella, la solución para erradicar la violencia machista está en la educación desde la igualdad.

Considera que la reinstauración del jurado en 1995, cuando ella tenía 50 años, le cogió “un poco mayor”, aunque sus compañeros coinciden en destacar su capacidad para adaptarse a las novedades. “Dominaba la informática, se adaptaba perfectamente y se manejaba muy bien en el mundo virtual”, recuerda la también fiscal Ana López, que destaca de Agüelo “su agilidad para encontrar respuestas y para ayudar a los compañeros”. “Carmen es una prueba de que la edad de jubilación se puede alargar”, anota.

Agüelo, encargada en su día de la ejecución de sentencias como la del acelerador de partículas del hospital Clínico y el incendio de la discoteca Flying, dirigió en los años 90 una de las primeras investigaciones por presunta corrupción que desarrollaron los juzgados aragoneses: logró la condena por fraude tributario Agustina Masero, una amiga del exacalde Antonio González Triviño que poseía, sin declarar, 200 millones de pesetas de la época cuyo origen sigue siendo un misterio.

La primera fiscal en España deja la carrera con una mujer al frente, la fiscal general Consuelo Madrigal. Ahora, gracias al boquete igualitario que abrió Agüelo, hasta el 80% de las plazas de algunas convocatorias del ministerio público llevan nombre de mujer.