Publicado: 20.05.2015 23:22 |Actualizado: 21.05.2015 07:00

Los migrantes en listas electorales exigen ser una voz, no sólo una foto

Su politización y presencia en las candidaturas demuestran que, a pesar de las restricciones al derecho a voto, son agentes del cambio social que está reclamando la ciudadanía

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Huma Jamshed ,en un acto sobre migración de Barcelona en Comú. / CORINA TULBURE

Huma Jamshed ,en un acto sobre migración de Barcelona en Comú. / C. TULBURE

BARCELONA.- “¿Creemos de verdad que somos ciudadanos con los mismos derechos y responsabilidades? Esta es la pregunta”, plantea Najat Driouech Ben Moussa, docente en la Universidad de Barcelona, en el Máster Mundo Árabe e Islámico y activista. Una batalla de largo recorrido.

El doctor en derecho y profesor de derecho constitucional Gerardo Pisarello, de origen argentino y número dos de Barcelona en Comú, considera que se han dado pasos importantes, aunque quedan tareas pendientes como “romper inercias y evitar tanto la discriminación, como el paternalismo. Como latinoamericano, estoy orgulloso de formar parte del proyecto de Barcelona en Comú. El reto es conseguir que el cambio democrático se traduzca en espacios de participación y de toma de decisiones reales para las personas migrantes.”

Ante una campaña municipal de rancio racismo como la del Partido Popular en Badalona y Barcelona, las estadísticas son arma de combate contra los que pretenden ganar votos mediante el enfrentamiento de los ciudadanos: “Los que recortan los derechos de todos son los más interesados en utilizar a los migrantes como chivos expiatorios de la crisis. Pero las cifras están ahí. Sin la aportación continua de la población migrante a la población española y catalana no se podrían pagar las pensiones, los servicios, ni tener una economía robusta. La igualdad de derechos es una cuestión de justicia, pero también de eficacia económica”, explica Pisarello.

Las mujeres migrantes cogen el timón de la batalla por el cambio social en Barcelona. Huma Jamshed, número 16 en la lista de Barcelona en Comú, lleva trece años trabajando con personas migrantes sin tirar la toalla. Doctora en química, llegó a Madrid a través de las medidas de reagrupación familiar, “como la mayoría de las mujeres de Pakistán”. La igualdad de género es su caballo de batalla, y ha logrado trasladarlo a la calle y a las asociaciones, donde las mujeres pakistaníes estaban invitadas a las mesas de diálogo, pero no a la toma de decisiones. Para Huma, muchas mujeres pakistaníes se encuentran atrapadas en una red de patriarcado fomentada por las propias leyes de extranjería, ya que si han llegado a través de la reagrupación familiar, su situación legal en España depende de los papeles de su marido.

La lucha de Huma no es fácil, puesto que debe luchar por el cambio en la política local barcelonesa y en la comunidad pakistaní. “Tenemos que crear la ciudadanía, no sirve con decir nos mezclamos y somos ciudadanos, porque muchas mujeres no tienen derecho a voto y viven recluidas en casas que limpian”, concluye. ¿Por qué quiso ser candidata? “Me he metido en política porque vi que no hay solución sin meterse en política”.



A Wilder Palacio Pineda, lo que le empujó a la política fue el 15M. Colombiano, número uno en Canviem Salt, una coalición de Podem, ICV y EUIA, podría ser el primer alcalde inmigrante de Salt (Girona). Llegó a la localidad catalana con trece años y a los veinte volvió a Colombia para estudiar Psicología. El 15M le hizo regresar a Salt: “Tengo una relación de pertenencia con Catalunya. El 90% de las personas que conozco son de aquí. De alguna manera puedo e incluso debo hacer algo para promover un cambio social aquí”.

Wilder es activista de la PAH, especialmente del proyecto Bloc Salt, una iniciativa social por la que se ocupó un bloque de pisos de Sareb, el banco malo, para realojar a 16 familias. Uno de sus principales objetivos al frente de la alcaldía sería incrementar la bolsa de pisos de alquiler social. “Se va a crear una estructura que se encargará del protocolo con los bancos. Si los bancos no cumplen el protocolo, aplicaremos normativas ya aprobadas a nivel legal para multarlos. Lo que he aprendido en la PAH es que a los bancos no les gusta que les toques el dinero y luego la imagen corporativa. Dejaremos en evidencia la falta de voluntad de los bancos o las ganas de acaparar pisos vacíos y de no ponerlos a la disposición de la gente.”

Gheorghe Berchesan, número tres en las listas de ICV de Manresa, también forjó su musculatura política en la PAH. Aterrizó en Manresa con 14 años y un pasaporte de Rumanía. En el espacio político ha encontrado su casa. “No me sentía ni de Rumanía, donde era un emigrado, ni de aquí donde era un nouvingut. Basculaba entre dos mundos hasta que empecé a sentirme parte de un proyecto político”, explica a Público.

Gheorghe reclama que la diversidad que hay en la calle se traslade a las instituciones. “Si haces un sondeo aleatorio, puedes contar los candidatos migrantes con los dedos de una mano. En general, muchos partidos no quieren tener personas migrantes en sus listas. Pero la presencia en la política es una modalidad efectiva de integración. Quieres participar en las decisiones del lugar en el que vives y, si lo quieres, este lugar será tu país también. Tenemos que implicarnos nosotros mismos en las políticas de inmigración, no que las hagan otros”.

Gerardo Pisarello, flanqueado por migrantes enrolados en BComú. / C. TULBURE

Gerardo Pisarello, flanqueado por migrantes enrolados en BComú. / C. TULBURE

Así lo hizo la socióloga venezolana Arelis Guaramato Díaz, número 24 en las listas de Barcelona en Comú. Cruzó el charco por amor. “Las parejas entre fronteras son un fenómeno que no se mide a nivel estadístico, pero cada vez somos más”. En la maleta traía su activismo vecinal en los barrios venezolanos, donde había trabajado desde los 14 años como líder comunitario. Al llegar, vivió un romance con la ciudad de Barcelona, pero el desencanto llegó en 2009, cuando comenzó a trabajar como voluntaria en la Comisión Catalana de Ayuda al Refugiado y vio la otra cara de la ciudad, la situación de muchos migrantes y refugiados: “He visto que las personas migradas somos como una ficha: documentos arriba y abajo, homologaciones de títulos que tardan años…Te das cuenta de que existen trabas legales, institucionales, y te preguntas por qué y qué impacto tienen sobre las vidas de las personas”.

Como la homologación de su título de socióloga tardó años, ejerció como cuidadora no profesional, “como toda mujer migrante, es parte de la dinámica normalizada”, bromea. No tardó en lanzarse a la piscina y montó Aomicat, una asociación para “ayudar a otras mujeres que se encuentran en situación de vulnerabilidad social, ya sea por violencia doméstica, desahucio o como familia monoparental”, problemáticas que, según explica, afectan en un alto porcentaje a las mujeres migrantes. La asociación echó a andar mediante proyectos autogestionados, no subvencionados.

Arelis reclama que las propias mujeres sean autoras de proyectos, y no objeto de estudio de distintas iniciativas que no tienen impacto sobre las comunidades, sino que solo dan lugar a una serie de intermediarios que se benefician de las subvenciones. “Nosotros trabajamos por los derechos de la mujer. Trabajamos en proyectos sociales, no nos quedamos en el folclore. Que está muy bien que muchos hablen del folclore, pero nosotros no nos queremos quedar como el mono del circo, exótico y bonito.” Trabajan en red y su meta es construir un tejido social robusto en los barrios donde viven personas de distintas orígenes. “Nosotras somos invisibles, pero nuestras redes son la telaraña”. Quiere aportar la experiencia de su lucha vecinal en Venezuela, “porque aunque me llamen nouvinguda yo no soy una nueva ciudadana, siempre he sido una ciudadana. Las mujeres migrantes somos mujeres transnacionales. En este sentido, yo vengo con experiencias políticas desde Venezuela. Porque la política no es solo una cuestión de partidos políticos, sino también una lucha por unos valores. No importa de dónde vengo, sino lo que traigo y lo que quiero compartir”.

Primero hay que desmontar los mitos sobre la inmigración desde abajo. A la campaña del Partido Popular titulada textualmente “Limpiando Badalona”, Arelis contesta con el sentido común y la indignación: “La migración seguirá ocurriendo, es la historia de la humanidad misma. Tenemos que abordar el imaginario colectivo de qué es ser migrante. Seguro que encontramos algún antepasado nuestro que, aunque haya nacido en Catalunya, se haya trasladado a otro país. Hay una historia de migración en cada familia, pero nunca dicha, no transmitida. Y es más: cuando hay países que se meten en conflictos armados, ¿qué esperan? Cuando hay una destrucción de la sociedad civil que está a pie de calle, entonces claro que aumentan las migraciones”.

Arelis critica el discurso de doble rasero en las políticas migratorias: “Al que viene a comprar un piso aquí se le da un número de identificación fiscal y al que lleva más de tres años aquí trabajando, no.” Aboga por cambiar conceptos clave que han funcionado durante décadas en el discurso sobre inmigración y, sobre todo, por no tener miedo a un debate coherente y a asumir que ciertas políticas de integración han sido un fracaso. “¿Hasta cuándo seré una nouvinguda?¿ Cuándo será también mi país? Tenemos que mostrar la capacidad de autocriticarnos, porque si somos complacientes hablamos de la migración del mismo modo que los que criticamos, es decir, los partidos hegemónicos.” La estrategia de Arelis consiste en la acción-reflexión-acción y anima a los políticos a preguntarse por qué no llegan a los barrios pobres: “Una comunidad debe sentirse identificada con un proyecto político, pero no a causa de un promesa, sino porque quieren llevarlo adelante de forma conjunta”.

Gheorghe Berchesan y Wilder Palacio, en una reunión de ICV-EUIA. / C. TULBURE

Gheorghe Berchesan y Wilder Palacio, en una reunión de ICV-EUIA. / C. TULBURE

Otro proyecto político, la independencia de Catalunya, figura también en la agenda de ciudadanos migrantes candidatos. Robert Masih Nahar, nacido en la India, número 18 en la lista de Barcelona de ERC (Esquerra Republicana de Catalunya), declara que se sintió un ciudadano más que apoya la independencia: “Me siento uno de ellos, no un extranjero.” Comparte la hoja de ruta hacia la independencia: “Las personas migradas deberían tener derecho a votar en un referéndum sobre la independencia, como cualquier ciudadano que participa en los asuntos que tienen que ver con la ciudadanía.”

La participación política pasa también por estar presente en una lista. Para Erika Torregrossa, del PSC, “existe una evolución de los candidatos migrantes en puestos más relevantes.” Ella ocupa el número 13 en las listas por Barcelona: “Hay una anomalía en el hecho de que personas de diferentes orígenes que conforman la ciudad no estén representadas en las instituciones democráticas”.

Por otro lado, la activista Najat Driouech Ben Moussa, considera que la presencia en las listas no debe ser instrumentalizada: “Para muchos políticos queda bonito poner en sus listas a una persona que se llame Mohamed o Fátima, pero muchas veces es simplemente para captar votos”. Aunque no forma parte de ninguna lista, Najat trabaja a diario para hacer realidad esta plena ciudadanía que reclaman los ciudadanos migrantes candidatos: “Me puedo llamar Najat, puedo llevar la cabeza tapada y creer en el islam o en lo que me dé la gana, pero soy ciudadana de Masnou. Y nadie me ha quitado la ilusión de trabajar cada día para ser ciudadana”. ¿La estrategia? “Respetar tus ideales y tus principios. No debes admitir que te manipulen a ningún precio. Así la gente te tomará por una persona coherente.”

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