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Trata de mujeres Amelia Tiganus: "A una puta se la fabrica destruyendo su humanidad"

Entre el 65 y el 95% de las mujeres en prostitución sufrieron abusos sexuales en la infancia, lo que las convierte en un foco clave para los proxenetas por su situación de vulnerabilidad. La mayoría de ellas desarrollan estrés postraumático y depresiones crónicas.

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Amelia Tiganus (II izda.), superviviente de trata y activista, en el I Congreso Abolicionista Internacional en Buenos Aires. / Facebook

“Aún recuerdo el olor a ambientador, la música a todo volumen y las luces rojas de neón. Todas soñábamos con salir de esa vida cuanto antes”. Amelia Tiganus es superviviente de trata, aunque ella prefiere que se la reconozca como combatiente: “Las supervivientes de trata no sólo hemos sobrevivido, continuamos luchando”.

Tiganus, procedente de Rumania, tenía 13 años cuando la violaron cinco chicos a la salida del colegio. No recuerda absolutamente nada de ese día. El miedo, la incomprensión y la incapacidad de gestionar las emociones hicieron que su cuerpo se paralizara y su mente entrara en estado de shock. Pero las secuelas emocionales se hicieron evidentes en su día a día, hasta que se vio obligada a dejar sus estudios por no soportar el dolor. Su sueño de ser médica o profesora se truncó en ese momento.

Este bloqueo emocional lo repitió constantemente, día tras día, durante los cinco años que fue prostituida, ha reconocido en el I Congreso Abolicionista Internacional celebrado en Buenos Aires. Al cumplir 18 años, sus captores en Rumanía vendieron a Amelia a un proxeneta español, como si fuera mercancía, por 300 euros. La superviviente de trata no se identificó como tal hasta cuatro años después de haber salido del sistema prostitucional: “Cuando empecé a leer sobre feminismo y me sumergí en él, entendí que mi historia no era sólo personal y que había sido coaccionada. Conocí la existencia del patriarcado”. Pero la pesadilla no terminó cuando consiguió escapar de la explotación sexual.

Violencia sexual y física

La psicóloga alemana Ingeborg Kraus incide en que la violencia sexual y física o las enfermedades de transmisión sexual no son las únicas secuelas que sufre una mujer superviviente de trata, tras haber sufrido aislamiento familiar y social, amenazas, coacciones, humillaciones y violaciones. También aparecen las secuelas psicológicas, que en muchas ocasiones son crónicas: depresión, miedo, dificultad para controlar las emociones o incluso desarrollar el estrés postraumático. Muchas de ellas caen en la adicción de drogas al no saber hacer frente a esa realidad.

Delia Escudilla abandonó la prostitución tras un brote psicótico. “No aguantaba más, mi cuerpo y mi mente estallaron de repente. Aún me pregunto cómo fui capaz de aguantar tanto”, señala la argentina, que superó un cáncer de útero y sufrió estrés postraumático tras dejar la prostitución.

La violencia sexual en la prostitución suprime las emociones de las mujeres, que aprenden a reaccionar de manera indiferente al dolor

Kraus señala la disociación como el método de defensa más frecuente para las personas que pasan por una situación traumática. La mente se evade del cuerpo mientras se produce el suceso, por lo que en la mayoría de ocasiones la víctima no recuerda nada de la situación traumática. Puede despertarse algún recuerdo al escuchar la voz del agresor o al reconocer algo que les devuelva a ese momento. “Es muy común que les invada la sensación desesperada de huir al sentir que su vida corre peligro”, añade la psicóloga.

La especialista alemana asegura que la violencia sexual en la prostitución suprime las emociones de las mujeres, que aprenden a reaccionar de manera indiferente al dolor y lo aplican durante el resto de su vida. “A una puta se la fabrica destruyendo la humanidad que tiene”, agrega Tiganus, que entró en un estado de shock permanente. “Sólo quería que me dijeran: no fue tu culpa”, relata.

El día que se dictó la sentencia de La Manada reviví muchas emociones dolorosas. Me cuestioné si ahora, con mi experiencia, volvería a sentirme paralizada. Y llegué a la conclusión de que, si hubiera actuado de otra forma, no estaría viva”, cuenta Tiganus.

Kraus incide en que en muchas ocasiones “la policía y los jueces no creen a las mujeres porque relatan su historia sin mostrar empatía o dolor, pero esa precisamente es la mayor prueba de que lo sufrieron”.

Además, la mayoría de ellas —entre el 65 y el 95%— sufrieron abusos sexuales en la infancia, lo que las convierte en un foco clave para los proxenetas, ya que se encuentran vulnerables por no haber desarrollado herramientas para protegerse.

España, sin una ley integral contra la trata

España ocupa el tercer puesto de países en el mundo y el primero en la Unión Europea en consumir sexo de pago, según la ONU, y también es uno de los principales países de destino de trata de mujeres. Pero las leyes españolas no incluyen una ley integral contra la trata de mujeres, tan sólo se han elaborado planes integrales. Las ayudas económicas, la terapia y la formación de las mujeres para reinsertarse en el ámbito laboral y social van de mano de las organizaciones dedicadas a la detección de trata, como Proyecto Esperanza, APRAMP o Médicos del Mundo.

España es el primer país de la UE en consumir sexo de pago

Pero no es un fenómeno único del territorio español. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) señaló que en 2016 4,8 millones de personas fueron víctimas de trata de seres humanos con fines de explotación sexual en todo el mundo, convirtiéndose en uno de los tres negocios ilegales más lucrativos del mundo.

La activista de Feminicidio.net destaca que el Gobierno echa la vista a un lado ante las mujeres en situación de trata y las deshumaniza. “Mientras no haya una ley que nos proteja y nos ampare, mientras haya una mujer explotada en algún punto del mundo, no podrá haber justicia”, denuncia a Público. Además, añade que no se debe asociar a ninguna cultura específica: “La misoginia no entiende de nacionalidades, es una ideología”.

42 feminicidios por prostitución

Feminicidio.net incluye a las mujeres asesinadas en situación de prostitución en las estadísticas anuales por violencia machista. Esta plataforma señala que, desde el año 2010, se han cometido 42 feminicidios por prostitución, principalmente asesinadas por sus clientes. El último se produjo el 26 de enero de este año, según sus datos. Tiganus insiste en la poca visibilidad que se da a estos datos: “La vida de las mujeres importa muy poco. La de las putas, menos. ¿Quién va a reclamar el cuerpo de una mujer prostituta?”.

En Alemania, según señala la doctora Kraus, la trata de mujeres ha aumentado un 30% desde que en el año 2002 se legalizó la prostitución, con un total de 3.500 prostíbulos registrados. “El Estado se ha convertido en el proxeneta de las mujeres más vulnerables”, añade. “Un completo sin preservativo” o “sexo con doble penetración” son sólo dos de los puntos que conforman el ‘menú’ que se ofrece a los demandantes de sexo de pago. Kraus insiste en que se está legitimando el comercio del cuerpo de las mujeres, mientras el mensaje que se le está dando a los hombres es “no os preocupéis, aquí todo vale y está dentro de la ética social”.

El testimonio como método de supervivencia

Amelia pensaba una y otra vez en el suicidio, pero decidió continuar y luchar contra lo que le había pasado. “Yo le puse palabras al dolor y mi discurso como superviviente se ha convertido en mi método de reparación y en mi manera de liberarme”, señala a Público.

La doctora Kraus ayuda a que las pacientes encuentren una razón que les motive a vivir. “Muchas de ellas hallan su motivación en luchar contra el sistema”, relata, “y al salir de la terapia aseguran que incluso vuelven a sentir el olor del entorno que les rodea y el sabor real de los alimentos”.

El testimonio de Delia cobra la misma fuerza. La argentina asegura que alza su voz para sentir que todo lo que sufrió, y que aún le duele en las entrañas, no fue en vano. Aún así, reconoce que todavía quedan muchas cosas que debe deconstruir dentro de sí misma.

Nosotras pudimos salir del sistema prostituyente, pero millones de mujeres continúan sufriendo, perdiendo su identidad, ante el desamparo de una sociedad cómplice y proxeneta”, dicta Tiganus. “Que las mujeres asumamos el rol de víctima para reconocer que nuestros derechos han sido vulnerados y para reivindicar que nos devuelvan nuestra identidad. Que la sociedad asuma su complicidad y el Estado se haga cargo de todo lo que permite”, concluye.