Publicado: 27.07.2015 12:39 |Actualizado: 27.07.2015 12:41

La vuelta a la vida de cuatro pacientes de Hepatitis C

Desde que empezó a aplicarse el Plan Estratégico para el Abordaje de la Hepatitis C, muchos enfermos han visto factible el camino a la curación.

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Marioo Cortés

Mario Cortés, presidente de la Plataforma de Afectados por la Hepatits C: "Se puede decir que estoy curado".

MADRID.- "Ahora tengo expectativas de vida como cualquier persona", afirma Mario Cortés, uno de los más de 7.000 pacientes de hepatitis C que en España han recibido tratamiento con unos fármacos de nueva generación que han logrado cambiar el rumbo de una enfermedad que mañana celebra su Día Mundial.

Mario Cortés y otros tres enfermos de hepatitis C han compartido su historia de lucha y superación tras el giro que los nuevos fármacos han dado a sus vidas, marcando un antes y un después también en la trayectoria científica contra esta enfermedad infecciosa.

Desde el pasado 1 de abril, fecha en la que empezó a aplicarse el Plan Estratégico para el Abordaje de la Hepatitis C, muchos pacientes de esta enfermedad han visto factible el camino a la curación.

Uno de ellos, Mario Cortés, de 48 años, es además presidente de la Plataforma de Afectados por la Hepatitis C. "El paciente tiene el papel de revelarse y exigir sus derechos", pues de no ser por la lucha "nosotros seguiríamos muriendo en silencio", reivindica.



En fase 2 de la enfermedad con una fibrosis moderada en el hígado, este vigilante de seguridad cuenta que después de tres meses de tratamiento "el resultado ha sido increíble", salvo algunos efectos secundarios, como dolor de cabeza.

25 años de enfermedad y tan solo con un mes medicado "el virus ya estaba indetectable", asegura. Ahora, Mario puede comer sin vigilar, gramo a gramo, su alimentación. También sale a caminar y no se cansa. Y su hígado ya no está inflamado. Pero "si el cambio físico es tremendo, el psicológico es espectacular", señala. "La losa que tenía sabiendo que iba hacia la muerte se ha convertido en expectativas de vida como las de cualquier persona. Se puede decir que estoy curado", afirma.

En el caso de Cristóbal Cristóbal, gruista de obra de 50 años, la enfermedad estaba más avanzada. En fase 4, tenía una esperanza de vida de 3 a 4 años. Sin embargo, doce semanas de tratamiento con los nuevos fármacos han dado resultados: la analítica del mes le ha dado negativa.

Y es cuando se da cuenta de que ha vivido cansado los 33 años que ha cargado con la enfermedad a sus espaldas, "es como si vivieras en una neblina y de repente se te aclarara la vista", explica. "Ahora tengo energía en el cuerpo, el virus ya no me está maltratando", describe Cristóbal. Pero su alegría es contenida porque la lucha ahora, insiste, está en que los medicamentos lleguen a los enfermos de fase 0 y fase 1.

Ana López es otra de las afortunadas en recibir la nueva medicación. Teleoperadora de 46 años y con hepatitis C en fase 2, acaba de terminar el tratamiento también con resultado satisfactorio. Cuenta que vivía en un estado de apatía, algo que se convirtió en rutina. Hoy, sin embargo, tiene energía: "Siento volver a nacer, volver a la vida", apunta. Además, subraya que la prevención es fundamental, ya que la gran mayoría de afectados desconocen que padecen hepatitis C.

Esta enfermedad también la sufría el marido de Ana, Carlos Sánchez, de 51 años y pensionista forzoso por la hepatitis. Estaba en fase 3 cuando empezó el tratamiento y hoy siente la alegría de olvidarse de una enfermedad que le acompañaba desde hace 25 años.

"El cambio es brutal. Es como estar toda la vida en una habitación encerrado y de repente ver que hay una puerta que abres y puedes salir", explica. Carlos tenía una cirrosis micronodular y le quitaron la vesícula. Ahora queda la recuperación física de las secuelas de la enfermedad, ya que las psíquicas le cohibieron durante muchos años porque el cansancio le hacía sentir una carga.

Afortunadamente, la pesadilla ha terminado para estos pacientes de hepatitis C, una enfermedad que, según la Organización Mundial de la Salud, se lleva entre 300.000 y 500.000 vidas al año también por otras enfermedades hepáticas relacionadas