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La afición española empuja como ninguna frente a la crisis

Montmeló aguarda entre 90.000 y 100.000 espectadores, una cifra al alcance de pocas carreras

N. R.

No sé si es que soy un poco visionario, pero, en 2007, yo ya dije: ¡cuidado con 2009!". Acababa justo de asumir su cargo como nuevo director del Circuit de Catalunya, pero ya fuese por una cuestión de olfato, de instinto, o de pura interpretación de los fríos indicadores numéricos, Ramon Praderas intuía un 2009 complicado, también para la Fórmula 1. Así que puso sobre aviso a su grupo de trabajo y estableció tres premisas para su mandato en Montmeló: "No estirar más el brazo que la manga, controlar el gasto y aumentar los ingresos atípicos, sin que todo ello repercuta en el nivel de organización".

Los primeros indicadores económicos de 2009 confirmaron los peores augurios del director del Circuit de Catalunya. Las escuderías se apretaron el cinturón. Pero Praderas ha acogido la llegada del circo automovilístico con la seguridad de quien sabe que el Gran Premio de Montmeló romperá la tónica de las cuatro pruebas ya celebradas de este Mundial. "Si, hasta ahora, la asistencia se ha movido entre los 10.000 y los 15.000 aficionados, nosotros esperamos entre 90.000 y 100.000", dice Padreras, relativamente satisfecho del ritmo de venta de abonos.

De momento y pese a la recomendación alemana de no acudir al Circuit para evitar el contagio de la gripe A "rectificaron en su momento y no ha influido en nada", asevera Praderas, en Montmeló han vendido ya más de 70.000 entradas, unas cuantas menos que el año pasado a estas alturas y muchas menos que en 2007, cuando 140.200 espectadores establecieron el récord del Circuit. "No podemos hacer comparaciones con el año pasado: atravesamos una situación económica complicada y mucha gente que querría venir al circuito no podrá hacerlo", afirma Praderas.

Los precios, pese a todo, se mantienen: 135 euros para los abonos más baratos, que se elevan hasta los 500 para los que aún pueden pagar ciertos privilegios. "Si hacemos cuentas, la hora en pelouse sale a 1,30 euros, que no es mucho. Pero es cierto que, en este contexto económico, las 100 horas en conjunto pueden resultar demasiado para algunos aficionados", admite.

Praderas rehúye la palabra crisis. La notan, como casi todo el mundo, pero, de algún modo, se habían preparado para ella. "Más que nada señala el director del Circuit la notamos en los entrenamientos: el año pasado, las escuderías hicieron aquí cuatro sesiones; este, sólo una y con menos kilómetros. Es la repercusión más directa".

Para minimizar los efectos de la recesión económica, el Circuit ha multiplicado las formas de promoción del Gran Premio (carteles en las calles de Barcelona y desayuno gratis para los 10.000 primeros espectadores que lleguen a Montmeló) y ha aprovechado ciertas coyunturas, como la celebración del Salón del Automóvil, para llamar la atención del público.

La más que discreta marcha de Fernando Alonso en el campeonato y el desastre de Ferrari tampoco ayudan demasiado. "Cuando hay un campeón, la gente acude más", constata Praderas, respaldado por las cifras: en 2003, antes del boom Alonso, el Circuit tenía pérdidas. "Desde entonces, tenemos números positivos y eso ya es irreversible; el salto cualitativo seguirá con otros pilotos".

Lo sucedido el jueves con Alonso le da la razón. En una jornada sin entrenamientos, casi 18.000 aficionados acudieron a Montmeló para ver de cerca al piloto asturiano. "El año pasado, cuando quedó segundo, se colapsó la centralita. Y éste seguro que también tendremos emoción y un gran espectáculo", augura Praderas.

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