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La decadencia de la república berlusconiana

ERNESTO EKAIZER

"La pregunta es: ¿Por qué si la locura o la perversidad son inherentes a los individuos, deberíamos esperar algo distinto de los Gobiernos?" La historiadora norteamericana Barbara Tuchman (1912-1989) se contesta a sí misma: "La locura en el Gobierno tiene impacto en mucha más gente que las locuras individuales y por tanto los Gobiernos tienen una mayor obligación de actuar conforme a la razón". Pero la locura, entendida como pérdida total de criterio, es un problema crónico.

Hay dos narraciones históricas que permiten aproximarse a la realidad europea de primera página estos días. Una es Vida de doce Césares, de Suetonio (70-140 después de Cristo).

"No respetó ni su propio pudor ni el ajeno... Apenas hubo una mujer de condición ilustre que escapara de sus manos. Solía invitarlas a comer con sus maridos y, mientras pasaban delante de él, las examinaba con toda atención y detenimiento, a la manera de los compradores... llevándose consigo a la que más le gustaba, y poco después volvía con las marcas de la lascivia todavía frescas, enumerando todas las cualidades y defectos de su compañera en su cuerpo o en su manera de hacer el amor", escribe acerca de Calígula.

Y sobre Nerón: "Además de corromper a jóvenes y mantener comercio carnal con mujeres casadas, forzó a la virgen vestal Rubría Consideraba que el único placer que podían deparar las riquezas y el dinero consistía en derrocharlos.".

Es la justicia italiana la que intenta, a estas horas, establecer si Silvio César ha mantenido, parafraseando a Suetonio, comercio carnal con sus invitadas en sus festines del Palazzo Grazioli, Roma, o en Villa Certosa, Cerdeña. Y si el dinero derrochado para su placer pagos a las jóvenes, viajes en aviones militares del Estado italiano pudo salir del erario púbico. Pero a la espera de una sentencia judicial, el veredicto político es inapelable.

Es el de la decadencia de la república berlusconiana en vísperas de que Silvio César haga de anfitrión de los ocho representantes de los países más poderosos del mundo, el G-8, en L Aquila, del 8 al 10 de julio próximos, a la que también acuden otros invitados como José Luis Rodríguez Zapatero.

Hay un segundo texto clásico. Es el Napoleon-le-petit de Víctor Hugo donde la falta de escrúpulos de Louis-Napoleon, el sobrino de Napoleon Bonaparte, proyecta un poderoso haz de luz sobre Nicolas Sarkozy, que encarna el bonapartismo político más acabado en una parodia del general De Gaulle. Fue Louis-Napoleon quien se dirigió primero a las dos cámaras de la Asamblea Nacional. Según cuenta Hugo, fue a través de un mensaje escrito el 31 de diciembre de 1849.

Sarkozy-Napoleon le petit ha restaurado esa alocución de corte bonapartista, interrumpida en 1873, con la cual ha reunido al Congreso en pleno en el palacio de Versalles, el pasado lunes, día 22, en un espectáculo donde el medio es el mensaje bonapartista. El presidente Sarkozy se eleva por encima de la nación, del Banco Central Europeo y del Pacto de Estabilidad; abomina de la austeridad para enderezar las finanzas públicas en medio de la crisis económica, y anuncia un empréstito o bono Sarkozy

Que la participación en las recientes elecciones europeas haya sido la más baja de la historia, con un 43,1%, es, con estos mimbres, todo un milagro.

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