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La derecha húngara toma las riendas de la Unión Europea

Budapest asume la presidencia semestral de la UE en un clima de crispación social y política

PIOTR KOWALSKI

Hungría inició ayer la presidencia semestral de la Unión Europea (UE) en un contexto de enorme crispación social y política interna. El país magiar vive una profunda crisis económica y está bajo el control financiero de la UE, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y otros organismos. Junto con Rumanía y Letonia, es el país poscomunista más golpeado por la crisis. Budapest informó el verano pasado que el anterior Gobierno del socialista Ferenc Gyurcsány, un multimillonario partidario del neoliberalismo, "manipuló los datos" sobre el estado real de la economía húngara "tal como lo había hecho Grecia".

La Alianza de Jóvenes Demócratas (Fidesz) del primer ministro de centroderecha, Viktor Orban, que ganó las elecciones legislativas del pasado 25 de abril, no ha cumplido con sus promesas de saneamiento de la vida política y económica, pero ha conseguido dividir al país. La oposición, encabezada por el MSZP (socialista) de Attila Mesterházy, acusa a Orban de coquetear con la ultraderecha xenófoba y antisemita del Movimiento para una Hungría Mejor (Jobbik) de Gabor Vona, que es la tercera fuerza parlamentaria, de apretar las tuercas a los sectores sociales más débiles y de gobernar con métodos autoritarios. Populista, ambicioso y buen orador, Viktor Orban llegó al poder afirmando que iba a llevar a cabo profundas reformas económicas, políticas e institucionales. "Las está haciendo, pero son reformas conservadoras y autoritarias, y no gustan ni a la izquierda ni a los sectores centristas y moderados de la sociedad", asegura Mark Szabo, analista del Instituto Nézöpont de Budapest.

El primer ministro Orban coquetea con la ultraderecha xenófoba y antisemita del Jobbik

Orban atiza el fuego de las tensiones nacionalistas con países vecinos de Hungría como Eslovaquia y Rumanía, donde vive una importante minoría húngara, y aprobó recientemente una ley que pretende desviar los fondos privados de pensiones hacia el sistema público. En Hungría, numerosos activos pagan obligatoriamente una cotización a estos fondos privados, porque así lo estipula una ley de 1998. El Gobierno conservador quiere que el dinero de las pensiones vuelva a manos del Estado, y los ciudadanos que se nieguen a aceptar la reforma, unos tres millones, podrían perder el 70% de su pensión. "Es un robo, un chantaje", gritaron miles de personas que salieron a la calle en Budapest para protestar contra la reforma. La oposición tiene un margen de maniobra limitado, porque la derecha en el poder controla los dos tercios del Parlamento y ha reducido las competencias del Tribunal Constitucional.

Antes de ganar las elecciones, Viktor Orban anunció que aprobaría una ley sobre la prensa que pretende "racionalizar" el sector. Los opositores de izquierda y liberales denunciaron con preocupación lo que califican de "ley mordaza" que, según ellos, pretende controlar a los medios y acotar la libertad de expresión.

El Gobierno húngaro ha impuesto una "ley mordaza" para controlar a los medios

Organizaciones como el International Press Institute (IPI) y su filial South Europe Media Organisation (SEEMO), Freedom House, la Federación Europea de Periodistas (FEP) y la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) también han criticado la legislación húngara, que coloca a los medios de comunicación privados y públicos bajo control del Estado y prevé sanciones económicas para los grupos multimedia, los periódicos y portales de internet en caso de "no ofrecer una cobertura equilibrada" o no "respetar la institución del matrimonio y la familia". La ley, aprobada por el Parlamento el pasado 21 de diciembre, otorga al Estado a través del Consejo de Medios en manos de la derecha la vigilancia de los medios para que no puedan "injuriar" a entidades como las "naciones" y "la Iglesia". Además, estipula que los periodistas de investigación tendrán que revelar sus fuentes y contempla la supresión de las redacciones en los medios públicos y su sustitución por un ente de noticias centralizado y dependiente de la agencia estatal MTI.

Marton Nehez-Posony, experto en legislación sobre medios, explica que a partir de ahora, "no será necesario que una tercera parte ponga una demanda, el regulador estatal podrá hacerlo de oficio. Los periodistas tendrán que ser muy prudentes". Miles de personas se manifestaron en Budapest contra la ley y numerosos periodistas y medios llevan meses protestando.

Para el partido ecologista y de izquierda LMP (Otra Política es Posible), "con esta ley estamos volviendo a la etapa comunista, cuando el poder controlaba los medios". Varias revistas húngaras publicaron el pasado diciembre un número con la portada en blanco en protesta por la nueva y controvertida ley de prensa. Según el director del semanario Magyar Narancs, Endre B. N. Bojtar, "Orban aplasta a los medios".

Las críticas y protestas también se han llevado a cabo en otros países de la región, sobre todo en Polonia, donde el diario de centroizquierda Gazeta Wyborcza lamenta el hecho de que "Orban no suscita indignación en Europa".

El prestigioso periodista y opositor de izquierda al régimen comunista Adam Michnik, en un artículo en Gazeta Wyborcza, asegura que Orban, "que luchaba por la libertad, hoy siendo primer ministro aplasta la libertad poniendo un bozal a los medios de comunicación independientes". Lejos de inmutarse por las protestas, el Gobierno derechista quiere concentrar sus esfuerzos en la presidencia de la UE.

En palabras del titular de Exteriores, Janos Martonyi, Hungría, que ingresó en la UE en 2004 y tiene poca experiencia en materia europea, impulsará una política de "continuidad" después de las presidencias belga y española, para "calmar los mercados y dejar atrás la crisis".

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