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Detenido se confiesa autor del crimen de la estudiante, que tuvo un móvil sexual

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El hombre de 52 años detenido como sospechoso de la muerte de la estudiante marroquí Lamyae D., cuyo cadáver fue encontrado ayer con unas veinte puñaladas en una vivienda que compartía en Granada, se ha confesado hoy autor de este crimen que, según las primeras investigaciones, tuvo móvil sexual.

En su declaración policial M.R.S., que contaba con antecedentes policiales por agresión sexual y hurto, entre otros, ha asegurado, no obstante, que en el momento de los hechos se encontraba "borracho" y que "se le fue la cabeza", ha informado en rueda de prensa el jefe superior de Policía de Andalucía Oriental, Luis de Haro-Rossi.

Según la Policía, el homicida confeso conocía a la víctima, de 23 años, ya que la puerta de la vivienda donde apareció el cadáver no había sido forzada, ni existían signos de robo en el inmueble, ubicado en la calle San Ambrosio, situado en las inmediaciones de la zona Norte de la capital granadina.

Aunque De Haro-Rossi ha manifestado que no se conocen las causas exactas que habrían motivado el crimen, el "ensañamiento" con el que se cometió -el cuerpo presentaba una veintena de puñaladas propias de un cuchillo jamonero- evidencian que el móvil fuera de tipo sexual, aunque esta agresión no se consumara, y que el detenido entrara en un estado de enajenación mental "total y absoluta".

El presunto homicida, que pasará mañana a disposición judicial, se dedicaba a hacer "chapuzas" y no tenía un domicilio fijo, aunque frecuentaba la zona de comercios de la Plaza de Toros, donde, a través de una de las dos compañeras de piso de la fallecida, pudo conocer a Lamyae D.

Tras consumar la muerte de la joven, quien intentó sin éxito huir de la vivienda, el presunto homicida llegó a entablar "con toda tranquilidad" una conversación con otras personas, a las que ofreció incluso un cigarro, ha explicado De Haro-Rossi.

Se desplazó posteriormente hasta la localidad vecina de Atarfe y más tarde regresó a la zona de Plaza de Toros, donde fue detenido por la Policía, que ya sospechaba de él, que tenía apuntado en un papel el teléfono móvil de la chica -a la que no veía desde diciembre- y que encontró en sus prendas de vestir restos de sangre.

La joven, Lamyae D., era estudiante de Farmacia y compartía piso con dos chicas -otra marroquí y una española-.

Fue una de ellas la que halló el cadáver a primeras horas de la tarde de ayer cuando llegó a la vivienda, cuya puerta no estaba forzada.