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Jordi Savall considera que la música aporta la paz

EFE

El músico catalán Jordi Savall, embajador de la Unión Europea para el diálogo intercultural, dirigirá en agosto próximo seis conciertos en la abadía medieval francesa de Fontfroide en la que se asociarán músicos de diferente origen para demostrar que "la música aporta la paz".

"La música y el amor son los últimos reductos que nos quedan para aportar la paz. La música nos puede unir", asegura el músico en una entrevista con la Agencia Efe.

Con este propósito, Savall ha diseñado un repertorio particular que será desgranado en una serie de seis conciertos entre el 1 y el 5 de agosto próximos en la abadía medieval de Fontfroide, cerca de Narbona, en el sureste de Francia.

Los músicos que habitualmente acompañan a Savall compartirán escenario con intérpretes de Israel, Turquía, Grecia y el mundo árabe en una "fiesta de la amistad" que persigue "tender puentes entre lo antiguo y lo nuevo, entre occidente y oriente".

"Durante siete siglos el lenguaje musical estuvo basado en los mismos esquemas (...) La música tiene una raíz común", afirma el músico, que ha dedicado buena parte de su vida a rescatar melodías e instrumentos antiguos.

El "divorcio" surgió con la irrupción en Occidente de la polifonía, una revolución instrumental que llevó a Europa creerse superior y a menospreciar las músicas de otras tradiciones.

Esa posición "colonial y prepotente" está en el origen de buena parte de los conflictos actuales, comenta Savall, empeñado en hacer dialogar músicas para mostrar que hay formas diferentes de concebir el mundo.

"La calidad de una música no se mide por el número de participantes en un concierto o por la complejidad de la partitura sino por la capacidad de emocionarnos", señala.

El intérprete que rescató del olvido la viola de gamba sostiene que "el principal problema del mundo actual es la amnesia" y que "si no se puede recordar no se puede construir".

Y para recordar nada mejor que la música, "el arte de la memoria por excelencia", el lenguaje que "se aprende de niño en forma de canción de cuna" y que sirve "para dialogar con Dios y con los seres perdidos".

Además de recordar, la música "obliga a compartir en armonía", afirma Savall, mientras tararea una melodía que, asegura, existe en las tradiciones ibérica, árabe, griega, turca y hebrea y que pondrá el broche de oro a la serie de conciertos de Fontfroide.

"Cada uno la cantará en su lengua y, al final, todos juntos. Esto es lo que hay que buscar, no imponerse, sino armonizar, compartir sin que nadie deje de ser lo que es", afirma.

A esa raíz común, la música añade la "capacidad de emocionar", lo que le convierte en un vehículo que "llega al corazón" de las personas y, por tanto, en un buen instrumento de diálogo entre culturas.

"Los antiguos conocían el poder de la música y la usaban como una medicina. En la actualidad hemos olvidado ese poder", asegura.

Savall cree que "el mundo es injusto", pero se considera un "optimista con reservas" y conserva la esperanza de poder cambiarlo a través de la música, como lo ha hecho en Venezuela el Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de José Antonio Abreu, que ha permitido "evitar que muchos niños caigan en la droga".

Pero también dando testimonio a través de sus conciertos que tocan la fibra más sensible de los espectadores.

En sus innumerables viajes Savall encuentra siempre "gente con sed de belleza, de compartir" y se aferra a esa necesidad para tratar de aportar soluciones.

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