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Los malos no son tan listos

La 'mamitis' de la mujer de Rodríguez Menéndez permitió a la policía localizar al fugado en Argentina

ÓSCAR LÓPEZ FONSECA

Siempre se ha dicho que los policías no son tontos, que ven un colilla y dicen aquello de "aquí han fumado". También algunos delincuentes hacen alarde de su ingenio a la hora de delinquir e, incluso, convierten su captura en un auténtico reto para los investigadores. Sin embargo, eso no evita que cometan errores. Algunos, realmente estúpidos. Es el caso de Vicenzo Scarpa, un mafioso italiano oculto en España bajo la identidad de su hermano mayor, Domenico.

Los negocios los tenía a nombre del fratello. Sus secuaces se dirigían a él con la identidad suplantada. E, incluso, su hija pequeña pensaba que papá se llamaba Domenico. Tan perfecta era su pantalla que, una vez que fue detenido por los Mossos, consiguió que lo ficharan con el falso nombre. Pero cometió un error: celebró su cumpleaños el 28 de abril, día de su nacimiento, y no el 2 de octubre, la del suplantado Doménico. La Guardia Civil se enteró, lo detuvo y, a partir de ahora, Vicenzo soplará las velas entre rejas.

Algo parecido le ocurrió a Juan Carlos Peña, el líder de Los Miamis, una banda que si se anunciara en las páginas amarillas aparecería bajo el epígrafe de narcotráfico, extorsiones y delitos varios. La Policía se desesperaba porque no terminaba de confirmar si se ocultaba en un chalé de una localidad de la sierra de Madrid que vigilaba, y donde sí residían su mujer y sus tres hijos. Hasta que un día oyeron al más pequeño de sus vástagos pronunciar la palabra clave: "Papá".

El amor filial también llevó de vuelta a la cárcel a Emilio Rodríguez Menéndez, ese abogado que usaba el Código Penal para burlarse de las propias leyes. En plena fuga por Suramérica, la Policía pudo localizarlo gracias a la mamitis de su joven esposa, que no pasaba un día sin telefonear a su madre. Así, los investigadores supieron que se ocultaba en Buenos Aires. Y de ahí a la detención sólo hubo un paso.

También morriña, aunque en este caso a su mujer, es la que acabó con la fuga de Astrit Bushi, el delincuente albanés célebre por dar una paliza al creador del cuervo Rockefeller y salir de un juzgado por la puerta principal tras un quítele allá esas esposas erróneo de un juez a la Policía. Las Fuerzas de Seguridad decidieron vigilar la vivienda en Albania de su querida esposa y la casa en otro país del Este europeo de su espectacular novia, a la espera de que apareciera por alguna. Al final, a Bushi le tiró más el vínculo matrimonial.

La codicia también delata. Como la que le entró a los integrantes de la banda de Ángel Suárez Flores, Casper, cuando se encontraron ante las cajas de seguridad repletas de dinero y joyas de una anodina sucursal bancaria de Yecla (Murcia). Los ladrones habían accedido a la cámara acorazada por el sistema del butrón o sea, por un agujero en la pared de la cámara acorazada y cuando se vieron ante tal cantidad de joyas y dinero no dudaron en vaciar las bolsas en las que llevaban las herramientas para poder llevarse más. Fueron esos útiles abandonados la pista que, finalmente, llevó a la Policía hasta ellos. Condenados a penas mínimas de cárcel, nunca dijeron dónde habían escondido el botín. Los malos no son tan listos, pero tampoco tan tontos.

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