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Una mujer arriesgada para el Teatro Clásico

 

Helena Pimenta llega a la dirección de la CNTC con un proyecto innovador e internacional

J. M. MARCOS

"Estoy en una nube, como viajando hacia un lugar desconocido", decía ayer Helena Pimenta (Salamanca, 1955) al otro lado del teléfono, un tanto sobrepasada por su designación como nueva directora de la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC). Profesional en la dirección de escena desde hace 25 años y Premio Nacional de Teatro en 1993, Pimenta es especialista en teatro clásico universal, sobre todo en Shakespeare. "Entiendo que mi proyecto y mi trayectoria han dado confianza", explicó ayer, después de ser elegida en un proceso junto a otros 19 candidatos, entre ellos cuatro mujeres.

El proyecto de Pimenta tiene muy en cuenta lo conseguido por la CNTC desde su creación en 1986, especialmente los últimos años bajo la dirección de su colega Eduardo Vasco, con el que trabajará mano a mano en la transición hasta su desembarco en septiembre. "Hay que sumar, no montarse por encima subraya ella, pero lo más importante es que hay que arriesgar. Una institución teatral pública tiene la obligación de ir a un lugar más incierto, explorar textos, formular lenguajes escénicos nuevos, trabajar la relación con el público y las relaciones internas", detalló la directora.

Esas son sus apuestas en el plano puramente artístico, pero de fondo una de sus principales motivaciones es transmitir el entusiasmo y contagiar la ilusión que trae de su trabajo con su propia compañía (UR). "Y también las ideas que tengo del teatro y el trabajo en equipo, que pasa por la escucha y el entendimiento", sostiene.

La conexión con el exterior será otro de los ejes vertebrales de su propuesta, especialmente con Latinoamérica, puente que ya había sido abierto por la dirección anterior de Eduardo Vasco. Según ella, "es un lugar natural, porque hablan nuestra lengua y dotan a nuestros textos de gran riqueza. También se habían iniciado relaciones con otros países, especialmente europeas. Es muy importante que nos pongamos frente a las instituciones similares en Inglaterra y Francia, que llevan muchos más años, y compartirproyectos".

Pimenta apela a la valentía y, especialmente, a la formación, un aspecto de gran importancia debido a que se trabaja con una convención específica como es el verso, que es el eje del teatro clásico español y que necesita una revisión constante. "Hay que comunicar cada vez más al espectador y desarrollar al máximo esas poéticas en el lenguaje actual", explica.

Cuando se le pregunta por el público joven, bromea: "A veces les llevan y los pobres dicen, aquí estamos". Pero luego no duda en tenerles en cuenta, con un plan propio: "Hay que hacer un trabajo muy importante de comunicación con los profesores, porque no es un lenguaje habitual para ellos. Y a la vez no hay que abaratar las realizaciones artísticamente", defiende Pimenta.

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