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"Nadie puede ser periodista si no está dispuesto a arriesgarse"

Lydia Cacho ultima un libro sobre quién está detrás de la trata de mujeres y niñas en el mundo

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Conocida en todo el mundo tras ser detenida ilegalmente en 2005 por denunciar en su libro Los Demonios del Edén la implicación de las autoridades de Puebla (México) en una red de pederastia, Lydia Cacho (Ciudad de México, 1963) tiene claro que implicar a toda la sociedad es clave para acabar tanto con esta lacra como con otras formas de violencia. De visita en España para recoger el premio contra violencia de género que otorga la Fundación Isonomia, Cacho está ultimando un nuevo libro sobre quiénes manejan en el mundo la trata de mujeres y niñas.

¿En qué fase está el proceso por su detención ilegal?

Ahora el caso está en la Corte Interamericana, donde ha superado el primer escalón al pasar por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que exigió al Gobierno mexicano que me diera protección. Pero el Gobierno ha dado respuestas muy tibias y sigo sin protección a pesar de que hace unas semanas había un hombre armado en el exterior de mi hogar. Lo que pretendemos es conseguir una sentencia de la Corte Interamericana, equivalente a La Haya en Europa, que condene a México y exija la persecución de los funcionarios públicos implicados en las redes de pornografía infantil.

Tanto el gobernador de Puebla, Mario Marín, como el empresario Kamel Nacif siguen impunes a pesar de sus denuncias... ¿Se arrepiente de haber desvelado el caso?

De ninguna manera; de hecho el líder de la red de pedófilos está preso en una prisión de alta seguridad y seguramente tendrá que morir en la cárcel. Además, muchas de las niñas están en este momento reconstruyendo sus vidas.

'En México, la vida humana vale muy poco; esa es una de mis batallas'

Entonces merece la pena el riesgo...

Nadie puede lanzarse a trabajar como periodista sin creer que merece la pena incluso arriesgar la vida; el periodismo implica cierto nivel de riesgo, que varía dependiendo los aspectos que cubras.

¿Cuál es el periodismo más arriesgado?

Quienes elegimos un periodismo que tiene una perspectiva de derechos humanos, un periodismo social, sabemos que tiene implicaciones graves en algunos casos, sobre todo en países como México, que está viviendo una guerra sangrienta. Sólo en 2009 ha habido 6.000 asesinatos en México, que está en una guerra interna en la que está muriendo mucha gente a la que no se le está siguiendo la pista. Yo trabajo en esas condiciones porque, al igual que otros colegas, quiero que mi país cambie y no me voy a otro país a hacerlo, me quedo en el mío pese a que tiene un riesgo monumental.

Sí parece evidente que la vida del periodista cada vez vale menos, ¿no?

Bueno, en México la vida humana en general vale muy poco para el Estado y esa es una de nuestras grandes batallas: demostrar que, en la medida en que los derechos humanos y la vida de las personas, y particularmente de las mujeres y las niñas, no tengan valor, la impunidad sobre las desapariciones y asesinatos va a seguir vigente.

De todas las violencias, ¿cuál cree que es más grave en estos momentos?

La violencia vinculada a la trata de las personas. En el mundo hay cada vez más víctimas de trata para explotación sexual comercial. Si el mundo no se implica para detener la trata, la esclavitud sexual puede llevarnos en una década a una normalización de todas las formas de violencia extrema que tienen que ver con ella, como el sometimiento y la explotación de las personas.

'Hay que identificar a los hoteles que toleran el turismo sexual'

¿En qué consiste su nuevo libro sobre este problema?

Tras dar la vuelta al mundo entrevistando a centenares de víctimas, he realizado un mapa global de las redes de trata de personas, centrado también en las implicaciones del turismo sexual. Se trata de decir a las personas de todas las sociedades y de todos los niveles socioeconómicos qué puede hacer cada individuo para detener la trata de personas. Hay muchos elementos para detenerla, como poner nombre y apellidos a los hoteleros que están permitiendo estas prácticas en sus establecimientos con el fin de que los viajeros hagan turismo ético y no se hospeden en un hotel que no se comprometa a detener la trata de personas.

¿Está en peligro la figura del periodista profesional?

El periodista profesional seguirá existiendo. Yo no creo que una persona en la calle con un móvil y una cámara sea un periodista. El periodismo es una profesión y tiene que revalorizarse en ese sentido. Lo que les está pasando a los medios debido a la crisis es otra historia.

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