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Nuevo tropiezo culé sitúa a Rijkaard en el centro de la crisis

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La indignación que ha causado la forma en que el Barcelona perdió anoche contra el Betis (3-2) en el campo del conjunto andaluz ha situado en el centro de la crisis de la entidad culé al entrenador, Frank Rijkaard, sobre quien pesa la duda de si está en condiciones de sacar mayor provecho de su equipo.

La continuidad de Rijkaard está garantizada para el partido contra el Schalke 04 el martes en la Liga de Campeones, pero un nuevo tropiezo podría resultar determinante, debido a la presión que existe no sólo en el entorno culé, sino dentro del propio club, donde sólo el presidente del FC Barcelona, Joan Laporta, y el secretario técnico, Txiki Begiristain, continúan confiando ciegamente en el técnico.

El barcelonismo ha debatido durante esta noche en tertulias en los medios de comunicación y páginas en Internet el futuro inmediato de la entidad, con especial énfasis en la persona del entrenador del Barcelona, después de que su continuidad fuese también motivo de enfrentamiento y crisis en los meses de octubre y noviembre.

La diferencia entre aquel momento y el presente es que en la actualidad buena parte del barcelonismo considera que la entidad podría sumar un segundo año consecutivo sin ganar un título, y con un fútbol tal alejado del que se pregonaba desde el club.

La figura del entrenador del Barcelona vuelve a suscitar todo tipo de dudas acerca de su filosofía y de si reúne las condiciones para sacar lo máximo de sus jugadores en momentos de crisis, algo que no es nuevo en el conjunto catalán, ya que siempre se ha criticado del técnico holandés cierto descuido y falta de coraje para elevar la moral de sus jugadores, o incluso adoptar medidas para corregir un partido que se ha torcido.

La nueva derrota barcelonista, que además de significar un duro golpe contra las aspiraciones para atrapar al líder, Real Madrid, ha supuesto la pérdida de la segunda posición en el tabla en beneficio del Villarreal, ha motivado que el barcelonismo vuelva a dudar de su técnico, aunque algunos medios informativas van más allá y ya apuestan abiertamente por su destitución, amparándose en el estado de ánimo que reina en el entorno del FC Barcelona.

La marcha de Rikjaard está en sus manos y en las del presidente, Joan Laporta, quien sigue aferrado a la capacidad de su ejecutivo más importante, debido en parte a la amistad que han establecido en los cinco años que llevan trabajando ambos.

No es la primera vez que un sector importante de la directiva induce al mandatario barcelonista a adoptar una posición más profesional y menos amistosa con el entrenador, pero Laporta siempre ha defendido que estará al lado de los que empezaron con él desde el 2003, es decir, el secretario técnico, Txiki Begiristain, y el entrenador, Frank Rijkaard.

No obstante, anoche en el regreso de la expedición, Laporta estuvo mucho menos amistoso con todos los que le rodeaban, incluido el técnico.

La cuestión a falta de ocho jornadas para concluir la temporada es que el Barcelona, en espera de lo que acontezca esta noche entre el Real Madrid y Sevilla en el Bernabéu, parece haberse desentendido completamente de la Liga, para centrarse exclusivamente en un doble objetivo: la Liga de Campeones y asegurarse la segunda plaza del torneo español.

La pérdida de la segunda plaza podría obligar al club, incluso, a despedirse de su gira estadounidense, con la pérdida importante de ingresos, para preparar una supuesta fase de clasificación para la Liga de Campeones, si finalmente concluye la Liga en los lugares tercero o cuarto.