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El pequeño gran encanto de José González

El artista sueco de sangre argentina apasionó, una vez más, con su sonido atmosférico

CARLOS BARREIRO

El último héroe del folk no es de esos artistas que saca pecho cuando actúa. A la primera de cambio se pone a cantar con la mirada gacha y se pierde entre el juego de luces tenues que crean ambiente en el escenario. No vende carisma, confesiones o letras que puedan recibir el respeto del mundo de la literatura. Tampoco parece que interprete sus canciones buscando la reafirmación del público.

Pero pese a todos esos gestos que pueden llevar a pensar en un cantautor viéndose el ombligo y sin interés por comunicar, la música de José González despierta pasiones. La culpa la tiene el sonido hipnótico y atmosférico que ha patentado. Un oasis de texturas orgánicas en tiempos de dominio de lo digital. Un universo que conecta a Silvio Rodríguez y a Nick Drake construido únicamente con la guitarra española y la voz.

Por mucho que repita el guión y dosifique su producción discográfica, su propuesta no deja de tener público en España. Si en su anterior visita a Madrid hubo de cambiar de sala para responder a la gran demanda de entradas, esta vez llenó un local todavía más grande. Ambiente solemne y silencio escrupuloso entre la audiencia para ver un concierto sin sorpresas, armado con los elementos de siempre, aunque con el músico sueco de sangre argentina algo más parlanchín y simpático.

No hubo corista y percusionista de acompañamiento, como en sus últimos recitales de esta gira o en su pase del pasado verano al Festival de Benicàssim. González desplegó su estética naturalista combinando canciones de sus dos discos, Veneer (2003) e In our nature (2007). Al final, sonaron sus imaginativas apropiaciones de Teardrop (Massive Attack), Hand on your heart (Kylie Minogue), Smalltown boy (Bronski Beat) y Love will tear us apart (Joy Division).

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