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Un plan demoledor contra el patrimonio valenciano

La ley no frena al PP en su empeño por echar abajo el barrio de El Cabanyal

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Echar abajo el barrio valenciano de El Cabanyal se ha convertido en un objetivo prioritario para el Partido Popular. Más aún después de que el Ministerio de Cultura prohibiera su demolición, al considerar que el derribo de sus 1.650 casas supondría un 'expolio' del patrimonio histórico-artístico.

El ministerio defiende que la prolongación de la avenida Blasco Ibáñez en su carrera hacia el mar por encima del viejo barrio marinero destrozaría un conjunto arquitectónico único. Para llegar a esta conclusión, Cultura analizó informes de entidades de prestigio, como el Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España, la Real Academia de Historia o el Museo de Cerámica González Martí.

El Ministerio de Cultura cree que tirar las 1.650 casas sería un 'expolio'

El argumento principal es que la avenida amputaría una porción de un casco histórico protegido. 'Lo que se rompe es la trama urbana, conformada por calles largas, paralelas al mar, bien aireadas y herederas de las antiguas hileras de barracas devoradas por las llamas en 1875', apunta Tato Herrero, arquitecto y residente en el barrio.

Aquel incendio marcó al viejo poblado marinero, que por aquel entonces aún contaba con ayuntamiento propio. Los pescadores edificaron casas más seguras, de ladrillo, sobre el solar de las barracas. Lo hicieron siguiendo y reinterpretando la tendencia dominante de la época: el modernismo.

Según la historiadora Trini Simó, 'aquella gente de mar creo un urbanismo totalmente popular, hecho por ellos y para ellos. Es algo único'. Uno de los elementos más destacados es el uso de la cerámica en las fachadas y el interior de las casas a partir de diseños neogóticos, neomudéjares y neorrenacentistas.

Para la alcaldesa del PP, Rita Barberá, son 'callejuelas mal aireadas'

Una de las joyas arquitectónicas de El Cabanyal es la Lonja de Pescadores. 'Un edificio de tipo industrial de gran valor y que es un símbolo para los habitantes del barrio', explica el arquitecto Carles Dolç. Allí dentro se vendió pescado, se curaron heridos de la guerra del Rif y ahora es la vivienda de los herederos de aquellos primeros pescadores que la habitaron.

Justo enfrente se levanta otra construcción singular: la Casa dels Bous, donde dormían los toros que arrastraban las barcas desde el mar hasta la arena. Hace unos días, la plataforma Salvem El Cabanyal denunció que se había desprendido una parte del reloj de sol incrustado en su fachada.

Este cascote de la Casa dels Bous es la metáfora de la degradación que sufre hace más de una década el barrio. 'Un conjunto de callejuelas mal aireadas', según lo definió el ayuntamiento gobernado por Rita Barberá (PP) en uno de los informes que remitió a Cultura. Este mismo consistorio, en 1993, votó a favor de su catalogación como BIC (Bien de Interés Cultural).

En cualquier caso, los vecinos denuncian desde hace años la presencia de droga y de población marginal 'sin que el PP mueva un dedo'. Algo que lima la moral y fuerza el abandono de las casas, 'que se caen a pedazos', cuenta Maribel Doménech, portavoz de Salvem El Cabanyal.

El PP describe la paralización de los derribos como 'el mayor ataque a la autonomía valenciana desde la pérdida de los fueros'. El plan de derribo está suspendido cautelarmente y las argucias de la Generalitat Valenciana para evitar la Orden de Cultura mediante un decreto ley están en los tribunales.

 

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