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La polución causa muerte prematura

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La utilización de combustibles de biomasa en la mayoría de las zonas más desfavorecidas del planeta (2.400 millones de personas dependen de ellos) es la responsable última del cambio climático o calentamiento global.

Y este fenómeno, estudiado por ecologistas y científicos, provoca muertes y enfermedad.

Lo hace ahora y lo hará aún más en el futuro, tal y como advierte el especialista de la Facultad de Higiene y Medicina Tropical de Londres Paul Wilkinson, principal autor del informe Una perspectiva global sobre la energía: efectos en la salud e injusticias.

Hace siete años, el calentamiento global era ya responsable de 0,4% del aumento total de las enfermedades en el mundo.

Escribe Wilkinson: “Aunque el efecto no era tan elevado en 2000 en comparación con otros factores de riesgo, la intensidad del cambio climático en esa fecha también era pequeño en comparación con lo que se esperaba”.

“La preocupación no es tanto por lo que ya ha pasado como por lo que va a suceder”, advierte.

La desigualdad entre países pobres y ricos es una de las claves del problema.

Las zonas más desarrolladas usan hasta 20 veces más energía por persona que los pobres; además, utilizan los recursos energéticos menos dañinos para la salud.

Enfermedades añadidas

En la mayoría de los países pobres, sin embargo, el combustible de biomasa es el que manda, y la polución que genera provoca tuberculosis, bajo peso al nacer, cáncer, cataratas, asma y, probablemente, enfermedades cardiovasculares.

Estas son las consecuencias directas pero, indirectamente, la falta de energía limpia también enferma.

Los más de 2.000 millones de personas que dependen de energía sucia (proveniente de residuos sólidos sin tratar, excrementos, madera o carbón...) en el Tercer Mundo no pueden acceder a todos los servicios que requieren de la energía moderna, como los sanitarios.

Los dispensarios de estas zonas muchas veces carecen de la electricidad necesaria para que funcionen los laboratorios, la tecnología de diagnóstico (incluidas las radiografías más simples) o la luz necesaria para operar por la noche.

Los autores del informe publicado en The Lancet proponen una serie de medidas para luchar contra los efectos dañinos de la energía.

Consejos prácticos

En primer lugar, se debe mejorar el acceso de lestos países a la energía limpia. Así mejoraría la salud de sus habitantes y también su nivel económico y social.

La segunda medida que se propone es reducir la exposición a la polución atmosférica, algo que ha de hacerse, en general, en todos los países.

Para ello, se deberían cambiar los combustibles que se usan en la actualidad. El tercer punto imprescindible para mejorar la salud, según los autores, es disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero.

Esto frenaría el cambio climático, que de otro modo provocará la extensión de enfermedades tropicales, como la malaria, o el aumento de la desnutrición, por la pérdida de producción agrícola.

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