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Sueños tirados por la borda

Las mujeres son las peor paradas a bordo de unos cayucos controlados por mafias de hombres

MAGDA BANDERA

Era una periodista conocida en Nigeria. “Guapa, joven, fuerte”, recuerda el padre Jerôme. “Lo tenía todo, pero también ella fue víctima del sueño europeo” y emprendió una aventura con final dramático. Este cura católico, que lleva años atendiendo a los inmigrantes subsaharianos que recalan en Nuadibú (Mauritania) antes de proseguir su viaje hasta España, adivinó pronto que su compatriota se dedicaba a la prostitución para pagar su pasaje en un cayuco.

Jerôme le ofreció un trabajo, escribir las historias de todos los inmigrantes como ella, “cualquier cosa para disuadirla de su locura”. No fue posible. Una mañana, poco después de que desapareciese sin avisar, otro emigrante se presentó en su casa al borde de un ataque de nervios. Le contó cómo la periodista y otra mujer que viajaba a bordo del mismo cayuco fueron asesinadas por sus compañeros en pleno trayecto. El mar “se volvió loco” y, con él, media tripulación. En plena desesperación alguien concluyó que era culpa de las mujeres, que traían mala suerte. La chica “fuerte” luchó para que no la tirasen por la borda y acabaron acuchillándola.

“Las mujeres son las peor paradas”, asegura Jerôme. Ellas y los niños que paren en estos lugares de paso. Solas, como las tres chiquillas nigerianas que estos días se alojan en su parroquia. Quiere convencerlas de que regresen a su país. Pero sabe que es díficil que desistan. A los 19 años, la fiebre europea es temible.

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