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Un viaje surrealista por el triángulo daliniano

Para seguir los pasos de Dalí, hay que viajar al Empordà, en la Costa Brava y emprender el mismo viaje que él recorrió en vida. Un itinerario que comienza en Portlligat, pasa por Púbol y concluye en Figueres, los tres em

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Al norte de Cadaqués, el pueblo donde el pintor pasó largas temporadas durante su infancia y juventud, una pequeña carretera lleva a Portlligat, el primero de los tres destinos de la ruta daliniana. Atraído por la luz, el paisaje y el aislamiento del cabo de Creus encontró en este lugar su refugio y junto a la bahía fue levantando su casa, su auténtico hogar. Recorrer el conjunto de viviendas de pescadores que la conforman es penetrar en una laberíntica estructura, que se retuerce en una sucesión de pequeños espacios encadenados por pasos estrechos, pequeños desniveles y caminos sin salida donde se conservan muebles antiguos, recuerdos y objetos relacionados con su actividad artística.

En el interior de la comarca del Empordà, el castillo de Púbol respira romanticismo por los cuatro costados. Fue el refugio que Dalí regaló a su amada Gala para su retiro y descanso y el lugar donde hoy, precisamente, reposan sus restos. Un paseo por la construcción medieval, que se remonta al siglo XI, descubre el universo de esta pareja singular: las estancias privadas de la musa, la colección de trajes de alta costura que se guarda en el desván o las grandes esculturas de elefantes que decoran el afrancesado jardín.

Allí donde vino a nacer y a morir Dalí, en Figueres, el Teatro-Museu Dalí cierra el triángulo daliniano. "¿Dónde si no en mi ciudad ha de perdurar lo más extravagante y sólido de mi obra, dónde si no?", diría el pintor. Y es que el museo es una obra de arte en sí misma, ideada por Dalí y que reúne más de 1.500 piezas de su trayectoria artística, entre las que sobresalen algunas como el Cadillac lluvioso, Galatea de las esferas, El espectro del sex-appeal o la sala Mae West. El mismo centro del museo lo ocupa la cripta con su tumba, junto a una colección de joyas de oro y piedras preciosas diseñadas por el artista.

Muchos otros escenarios del Empordà llevan marcada la huella de Dalí: en Figueres, la calle Monturiol y la plaza de la Palmera, donde nació y vivió, también la iglesia de Sant Pere, en la que fue bautizado, o la Torre Galatea; en Cadaqués, la casa de verano de los Dalí o la de los Pitxot; y ya cerca de Girona, el santuario de Els Angels, donde se casó con Gala. Todas ellas estaciones de un viaje fascinante por el universo de Salvador Dalí.



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