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Víctimas de la ‘mataviejas’ identifican a la acusada

Remedios S. S. rompe su silencio y acusa a una segunda mujer de los asaltos

ALBERT MARTÍN VIDAL

Fue noticia su cambio de aspecto: más delgada y arreglada, con el cabello largo, liso y oscuro, luciendo zapatos de tacón. Fue noticia también que se dignara, al fin, a hablar, aunque lo hizo sólo a preguntas de su abogado. Pero nada cambió la seguridad con que las víctimas la identificaron como su presunta asaltante.

La estrella indiscutible del inicio del proceso contra Remedios S. S. –para quien el fiscal pide 172 años de cárcel por tres delitos de asesinato, seis de intento de asesinato y siete de robo con violencia– fue una desconocida: Mari.

La enfermera enguantada
“Sería incapaz de hacer una cosa así”, aseguró la acusada antes de explicar cómo conoció a su antigua inquilina, enfermera dedicada al cuidado de personas mayores y, según su versión, responsable de los delitos que se le imputan a ella.“Yo estaba con una depresión, bebía mucho, me daba por llorar y empecé a mezclar medicamentos”, narró la acusada. “Ella quería ayudarme y me llevaba a las casas de las señoras que cuidaba, pero ella iba siempre con guantes”. Remedios S. S. completó su relato diciendo que Mari nunca durmió en su casa y que era “un poco más alta y más gruesa que yo, con el pelo corto color caoba y de construcción (sic) fuerte”. Es decir, tenía el aspecto de la propia Remedios en el momento de su detención. Según explicó la acusada, permaneció en su hogar durante un mes, precisamente durante las fechas en que se cometieron
todos los crímenes.

Conocida su versión de los hechos, y tras confirmar dos peritos de los Mossos d’Esquadra que encontraron huellas de la acusada en la hucha de una víctima, por la abarrotada sala comenzaron a desfilar distintas víctimas que sobrevivieron al asalto.Víctimas de los asaltos y vecinos coincidieron en señalar a la acusada como la persona que vieron en los inmuebles. El esperado juicio, que seguirá hasta mañana y cuenta incluso con testimonios grabados ante el riesgo de que los testigos de edad avanzada pudieran fallecer, parecía tras su primera jornada listo para sentencia.

En los corrillos de la Audiencia de Barcelona nadie hablaba de la enfermera Mari y se empezaba a especular con la condena que se le puede imponer a Remedios S. S. El hermano de una de las asesinadas susurraba, sin disimular su preocupación, que había oído decir que “la juez es muy benevolente”.

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