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Bebés de diseño, todavía no, gracias

Un informe considera prematuro e irresponsable cambiar la herencia genética en embriones humanos para obtener embarazos, tras el caso de los gemelos chinos

Corte con láser (punto rojo) de un embrión de macaco de unas 200 células para comprobar que se ha modificado correctamente el genoma./OHSU
Corte con láser (punto rojo) de un embrión de macaco de unas 200 células para comprobar que se ha modificado correctamente el genoma./OHSU

MALEN RUIZ DE ELVIRA

Cuando proliferan delirantes fantasías (ni siquiera teorías) de la conspiración en torno a la biomedicina en general y el coronavirus en particular, resulta más notable la ausencia de un debate que sí es real y además difícil, sobre las posibilidades que abren los avances científicos para cambiar intencionadamente la herencia genética del ser humano y producir bebés de diseño. Una comisión internacional creada específicamente para encarar este desafío acaba de hacer público un completo informe, con propuestas para todos los países que puedan plantearse regular este tema para su aplicación clínica. Esta se limitaría estrictamente a casos con justificación médica, alejados del fantasma de los movimientos eugenésicos de los dos últimos siglos.

La principal conclusión del informe es clara: Los embriones humanos cuyos genomas se hayan modificado en laboratorio para investigación no deben utilizarse para obtener un embarazo y un posible nacimiento porque las técnicas no permiten todavía evitar que al mismo tiempo se introduzcan cambios no deseados que además se transmitirían de generación en generación. Los expertos que han estudiado el tema en profundidad recuerdan que las técnicas de manipulación genética avanzadas, de fácil uso, llamadas CRISPR, no tienen solo aspectos científicos y médicos, sino que plantean consideraciones éticas, morales y sociales. "Antes de que un país decida si permitir o no el uso clínico de la modificación genética heredable, que incluye alteraciones en el material genético de los óvulos, el esperma o células de las primeras fases de desarrollo del embrión, con la intención de conseguir un embarazo, sería necesario un amplio diálogo social", señalan sus autores. En general, esto sería aplicable a cualquier técnica de reproducción asistida, que hasta ahora se centran sobre todo en el remedio de la infertilidad en parejas que desean tener hijos, sin incluir la modificación genética.

La Comisión Internacional sobre el Uso Clínico de la Modificación Hereditaria del Genoma Humano se creó a raíz del anuncio hecho por un científico chino en 2018 de que habían nacido dos gemelas cuyo genoma se había modificado antes en laboratorio. Este anuncio provocó un gran escándalo dado que se consideraba ya entonces que es prematuro e irresponsable cambiar la herencia genética con los conocimientos actuales y muchos países lo prohíben explícitamente. El científico chino fue procesado en su país y condenado a tres años de cárcel y una elevada multa. La polémica recuerda a la que se produjo a partir de 1996 cuando se consiguió el primer animal clonado, la famosa oveja Dolly, y se abrió la posibilidad de clonar seres humanos, otra línea roja hasta ahora no sobrepasada.

Los científicos no niegan que pueda justificarse el uso de estas técnicas para evitar algunas enfermedades hereditarias graves causadas por un solo gen, pero creen que la justificación debe ser clara y cuando no exista ninguna otra vía. El científico chino adujo un argumento muy débil, ya que aseguró que lo hizo para que los niños nacidos no fueran susceptibles al virus del sida, algo no probado por otra parte.

"Cualquier uso inicial de esta modificación debe proceder paso a paso y con precaución", en palabras del copresidente de la comisión y presidente de la Universidad Rockefeller, Richard Lifton. El traslado de la investigación a la práctica clínica no se considera posible para cualquier otro objetivo. "Hace falta más investigación sobre las técnicas de la modificación genética en embriones humanos para asegurar que se pueden efectuar cambios precisos sin efectos adicionales no deseados", dice Kay Davies, de la Universidad de Oxford, la otra vicepresidenta de la comisión. "Serán esenciales la cooperación internacional y la transparencia en todos los aspectos de la modificación genética".

En la comisión, que reúne a 18 expertos de Europa, Estados Unidos, Canadá, Japón, Malasia, China, India y Sudáfrica no participa ningún científico de una institución española. Está coordinada por tres grandes instituciones, la Academia de Medicina y la Academia de Ciencias de Estados Unidos y la Royal Society británica. El informe se presentará ahora ante el comité correspondiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que pretende elaborar normas orientativas para la investigación y los usos clínicos de la modificación del genoma, tanto hereditaria como no hereditaria.

La aparición de la pandemia del coronavirus mientras se elaboraba el informe se considera en este como una prueba más de que vivimos en un mundo interconectado, donde cada país no puede actuar de forma independiente, y de que la ciencia funciona en el contexto de la sociedad. El uso de las técnicas de modificación genética trasciende a cada nación y debe de ser objeto de una discusión global, ya que también afecta a los temas relativos a la igualdad, señalan los autores.

Una de las líneas de investigación que evitarían en parte el uso de la modificación genética en la fertilización es la producción de óvulos y esperma a partir de células madre en laboratorio. Sin embargo, esta técnica también plantea sus propios problemas a resolver antes de su posible uso clínico.

En general, el completo informe, que repasa todas las enfermedades y técnicas posibles, apoya fuertemente la creación de una estructura de asesoramiento y vigilancia para hacer cumplir las normas que se establezcan en cada país para las técnicas de modificación hereditaria del genoma humano, así como la de una organización internacional para hacer recomendaciones sobre cualquier nuevo uso propuesto.