En busca del primer perro de Europa
El can más antiguo encontrado hasta ahora en el continente tiene más de 14.000 años de antigüedad, pero un estudio apunta que estos animales conviven con los seres humanos desde hace todavía más tiempo.
Madrid-
Los perros llevan una decena de milenios entre nosotros. La historia profunda de la humanidad no se entiende sin estos animales y no por nada se dice que es, precisamente, el mejor amigo del ser humano. ¿Cuándo tuvo lugar el origen de este vínculo? Hasta ahora, la evidencia genética directa más antigua de perros databa de hace 10.900 años, pero un nuevo estudio ha encontrado restos aún más antiguos. El tiempo que estos cánidos llevan integrados en las sociedades humanas supera los 14.000 años.
"El origen de los primeros perros en Europa y sus relaciones con otras razas caninas ha sido difícil de determinar debido a la falta de datos genómicos completos", indica el estudio que publica este miércoles la revista Nature. Se trata de una investigación internacional en la que participan el Instituto Francis Crick, la Universidad de East Anglia y el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva. Los perros fueron el único animal de compañía anterior a la revolución neolítica –con la que los humanos desarrollaron la agricultura–, pero aún es un misterio dónde, cuándo y cómo pasaron a formar parte de las sociedades humanas. Asimismo, "se sabe poco sobre cómo la llegada de los agricultores neolíticos procedentes del suroeste de Asia afectó a los perros que convivían con los cazadores-recolectores mesolíticos europeos".
El equipo empleó técnicas genéticas avanzadas en un gran proyecto destinado a descubrir la identidad de los primeros perros de Europa. "Analizamos 216 restos de cánidos, incluidos 181 procedentes de la Europa paleolítica y mesolítica", recoge el artículo. Estas muestras procedían de yacimientos de toda Europa y sus alrededores, incluyendo Suiza, Alemania, Francia, Bélgica, los Países Bajos, Turquía, Suecia, Dinamarca y Escocia.
El perro de Kesslerloch, el más antiguo de Europa
"Los datos más antiguos sobre perros que hemos recuperado proceden de un perro de 14.200 años de antigüedad hallado en el yacimiento de Kesslerloch, en Suiza". La investigación determina que este cánido "comparte ascendencia con perros posteriores de todo el mundo". Este hallazgo "contradice la hipótesis de que los perros del paleolítico superior europeo evolucionaran íntegramente de un proceso de domesticación independiente".
De hecho, este perro ya muestra más afinidad con los perros mesolíticos, neolíticos y europeos actuales que con los perros asiáticos, lo que demuestra que la diversificación genética de los perros había comenzado mucho antes de hace 14.200 años. El estudio observa una afluencia neolítica del suroeste asiático hacia Europa, "pero esta parece haber sido de menor magnitud que en los seres humanos, lo que sugiere que los perros mesolíticos contribuyeron de manera sustancial a los perros neolíticos y, en última instancia, probablemente también a los perros europeos modernos".
Cómo la cultura afecta a la evolución
Los cambios en el modo de organizar las sociedades, el trabajo y en general la vida, suponen a su vez cambios sobre la propia biología –tanto humana como perruna–. "Es probable que la revolución neolítica y el paso de un modo de vida de cazadores-recolectores a uno agrícola tuvieran un gran impacto en muchas poblaciones de perros", explica a Público Anders Bergström, genetista y coautor del estudio. El investigador recuerda que durante este período hubo en Europa "una mezcla genética entre los perros que convivían con los grupos de cazadores-recolectores europeos y los que llegaron con las sociedades agrícolas procedentes del suroeste de Asia".
Uno de los cambios evolutivos que trajo consigo esta revolución tecnológica y cultural fue la digestión del almidón. "Los perros han adquirido copias adicionales de los genes implicados en la digestión del almidón, como respuesta a su convivencia con sociedades humanas que consumen en gran medida alimentos de origen vegetal". De hecho, estas copias adicionales también se reflejan en el genoma humano, "lo cual constituye un ejemplo de evolución convergente entre humanos y perros".
A este respecto, Pontus Skoglund, jefe de grupo sénior del Laboratorio de Genómica Antigua en el Instituto Francis Crick y autor principal, expresa en un comunicado que "los perros fueron el único animal domesticado que existió antes de la agricultura, por lo que su evolución puede ayudarnos a comprender cómo un gran cambio en el estilo de vida dio forma a nuestra propia historia".
Diferenciar a un perro de un lobo
No solo la revolución neolítica, también la domesticación tuvo implicaciones genéticas en los canes. De hecho, uno de los resultados principales consiste en un cambio en el comportamiento que los aleja evolutivamente de sus antepasados lobos. "Los perros son más sociables, más fáciles de adiestrar y, en general, más amigables con los humanos", describe Bergström. La gran pluralidad de rasgos físicos es también característica de su acercamiento a las personas. "Los seres humanos han criado diferentes razas de perros con una gran variedad de tamaños, aspectos y comportamientos. Si bien existe una menor diversidad genética que con los lobos, "los perros actuales muestran una diversidad mucho mayor en cuanto a sus rasgos".
En la investigación, el equipo clasificó inicialmente las muestras en perros y lobos, determinando su similitud con un perro actual. Fue posible identificar como perro o lobo en 141 de los 216 restos, con algunas sorpresas. Un cánido de 13.700 años de antigüedad procedente de Bélgica, que anteriormente se creía que era un perro debido a su pequeño tamaño y a las marcas de modificación humana, fue identificado como un lobo, lo que demuestra la importancia de los datos genéticos para confirmar conclusiones basadas en la apariencia de los restos.
Estudios previos del equipo del Instituto Francis Crick sugirieron que los perros descienden de dos fuentes distintas de lobos: una del este de Eurasia y otra del oeste. Mediante un modelo estadístico, los investigadores demostraron que todos los perros europeos primitivos de este estudio pueden rastrear sus orígenes hasta la fuente del lobo oriental, y algunos muestran pequeñas cantidades de ascendencia de la fuente del lobo occidental. Esta nueva evidencia sugiere que los lobos europeos no contribuyeron de forma detectable a la evolución del perro, y que los primeros perros europeos no fueron domesticados independientemente de los perros de Asia, ya que ambos comparten el mismo perfil ancestral.
¿Diferencias con los perros actuales?
El perro de Kesslerloch era genéticamente más similar a los perros europeos que a los asiáticos. Esto sugiere que los perros fueron domesticados mucho antes de hace 14.200 años, dando tiempo a que los perros europeos y asiáticos se diferenciaran genéticamente para entonces. Es decir, la relación de los canes con las personas tiene una larga trayectoria que se remonta a tiempos antiquísimos. ¿Y han cambiado desde entonces estos animales?
"No existe necesariamente una distinción muy relevante entre los perros antiguos y los actuales", responde Bergström. Más bien, "deberíamos considerarlo como un proceso de evolución continuo y gradual que se ha prolongado durante al menos los últimos 15.000 años", matiza. De todos modos, la injerencia humana es innegable y su impacto sobre el entorno físico tiene consecuencias extensibles al resto de seres vivos. En este sentido, el genetista destaca la alta especialización y el control de las razas perrunas. En realidad, tienen un carácter reciente: "Se crearon hace muy poco tiempo, en los últimos cientos de años, lo que ha provocado cuellos de botella genéticos dentro de ellas", apunta el científico.
Esta cuestión configura "un aspecto que hace que muchos perros actuales resulten inusuales dentro de ese contexto evolutivo más amplio". Según Bergström, "es probable que la mayoría de los perros de épocas anteriores se parecieran más a los perros callejeros que se ven en muchas partes del mundo, apareándose libremente y sin que los humanos controlaran su evolución de forma especialmente deliberada".
Referencia:
Bergström, A. "Genomic history of early dogs in Europe". Nature (2026). DOI: https://doi.org/10.1038/s41586-026-10112-7.
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