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Cancún: Paraíso insostenible

La falta de medidas para evitar la contaminación del agua pone en riesgo la zona turística del Caribe mexicano que ha perdido el 50% de los arrecifes en 20 años

MARIA JOSEP SISCAR

Las vacaciones que cientos de miles de españoles disfrutan todos los años al calor del Caribe mexicano no son inocuas. La pasta de dientes o el champú que se cuelan por el desagüe, el protector solar que se queda en la piscina o los pesticidas del jardín del hotel o del campo de golf se filtran al subsuelo de Cancún y la Riviera Maya hasta llegar al mar. Así lo demuestra un estudio sobre contaminantes en el sistema acuífero del Estado de Quintana Roo, en el Caribe mexicano, publicado recientemente por la Universidad de McMaster en Hamilton (Canadá) encargado por el Banco Mundial. El desarrollo intensivo de la costa de la península de Yucatán, está provocando la contaminación de sus acuíferos lo que, a su vez, repercute en los ecosistemas marinos. Los científicos aseguran que en los últimos 20 años se ha perdido el 50% del arrecife de coral de esta costa, uno de los hábitats biológicamente más diversos en el planeta.

La península de Yucatán es una formación caliza de gran permeabilidad; una especie de esponja, llena de pozos o cuevas subterráneas de agua dulce, conocidas como cenotes. Aunque estos son uno de sus múltiples reclamos turísticos de la zona, ya que muchos se han habilitado para bucear o bañarse, también son una vía libre para la contaminación. Los residuos se filtran en este laberinto de cuevas, y los contaminantes fluyen rápidamente a través de ellas hasta el mar.

En 30 años, la zona ha pasado de 50.000 habitantes a dos millones

Además de analizar los tóxicos tradicionales los pesticidas y la erosión de carreteras, estacionamientos y pistas del aeropuerto, la novedad del estudio radica en contabilizar los residuos de los productos de higiene personal, analgésicos sin receta como el paracetamol y el ibuprofeno, el tabaco y la cocaína en el agua.

"Estas sustancias están diseñadas para tener un efecto biológico; estamos echando contaminantes al mar y su impacto puede ser fatal", afirma Gerardo Gold, doctor en Recursos Marinos por el Centro de Investigación y Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional, y uno de los científicos que ha participado en la investigación. El experto apunta a las letrinas, fosas sépticas y fugas de alcantarillado como los principales puntos de la contaminación de origen, pues sólo el 32% de la población de Quintana Roo tiene acceso a sistemas municipales de tratamiento de aguas residuales.

Las cadenas españolas controlan el 37% de las plazas hoteleras

Una carencia demasiado común en México, que en este Estado se acentúa por el crecimiento desorbitado que ha sufrido en los últimos 30 años en los que ha pasado de 50.000 habitantes a dos millones. Aunque en los municipios grandes y en los complejos hoteleros sí existen dichos sistemas, el estudio señala que "no es probable que retiren todos los microcontaminantes".

En la Asociación de Hoteles de la Riviera Maya aseguran que, desde octubre de 2006, implementan un programa de buenas prácticas ambientales en el sector para minimizar "el posible impacto negativo que pudiera generar sobre el arrecife", al que se han sumado un centenar de sus establecimientos miembros, que reúnen 30.000 habitaciones. Pero la región ya cuenta con 70.000 cuartos de hotel, repartidos entre Cancún y Riviera Maya. Entre los principales inversores se encuentran las cadenas españolas, que controlan el 37% de las plazas hoteleras de la región.

Luis Arista, subdirector del complejo hotelero Barceló en la zona que reúne siete hoteles y un total de 6.800 habitaciones, explica que su compañía mantiene desde hace seis años la certificación Green Globe, una de las más altas a nivel mundial para el sector turístico en gestión de residuos, agua y consumo energético, así como en responsabilidad social y conservación del patrimonio. "Debemos ser cautelosos con el impacto que generamos para salvaguardar nuestro propio negocio", resume Arista.

"Hay un modelo de desarrollo depredador", dice un investigador

El Gobierno mexicano, por su parte, ha anunciado la próxima puesta en marcha de un plan de verificación y control para identificar todo tipo de sustancias en el acuífero. Pero para Gold es un problema de fondo. "Hay un modelo de desarrollo depredador, y es extremadamente difícil que estos grandes complejos hoteleros no tengan un impacto en el medioambiente, es una política suicida", espeta el científico. El estudio concluye que, si no se toman medidas concretas para proteger y gestionar los acuíferos, el desarrollo turístico podría peligrar a medio y largo plazo, porque el impacto del turismo será tan grave que los encantos naturales de la zona terminarán desapareciendo. Sin embargo, la región espera que la población se multiplique por diez hasta 2030.

Y también crece el número de visitantes. En 2010, 230.000 españoles viajaron hasta aquí atraídos por las playas de arena blanca, el mar turquesa, los cenotes, el fondo marino ideal para bucear, la selva y las pirámides mayas. Un paraíso natural que también ha sido modificado al gusto del cliente, pues a la par de la sobreexplotación del manto freático y la contaminación marina, hay un deterioro de los ecosistemas terrestres. Por ejemplo, se están erosionando las playas por la pérdida de la vegetación de duna costera. Este ecosistema singular, con un gran valor ecológico, distorsiona la imagen de la playa blanca, y pese que se ha avanzado en una ley de costas que sólo permite construir a cierta distancia de la duna, los desarrollos urbanísticos acaban desbrozando su playa para plantar cocoteros en primera línea de playa, más acorde con el imaginario del visitante. "Hay que cambiar el paradigma, eliminar la idea de que los destinos de playa son playas de arena pura donde no hay nada más", subraya Gonzalo Merediz, director de Amigos de Sian Ka'an, organización ecologista que también participó en el estudio.

Los complejos turísticos eliminan la flora de las playas y plantan cocoteros

Merediz hace hincapié en la pérdida de la vegetación de las dunas, la desaparición de manglares y la de selva, y aboga por promover el ecoturismo como una "alternativa que ayude a reducir presión sobre los recursos naturales". Preguntado sobre estos deterioros, Arista, de Hoteles Barceló, los minimiza: "Obviamente con tanta gente hay pequeños cambios en el paisaje".

Amigos de Sian Ka'an lidia a diario con este choque de intereses entre la economía y el respeto al medio ambiente e intenta impulsar entre las autoridades y el sector turístico nuevos ordenamientos ecológicos del territorio y un manual de buenas prácticas ambientales en el diseño y planeamiento de hoteles. De momento, gracias a su trabajo, en Solidaridad, el principal municipio de la zona, se acaba de aprobar la primera legislación marina de la zona. En ella se regula dónde se puede pescar, navegar, nadar o bucear.

"Queda mucho por hacer pero estamos avanzando, asegura Merediz. "Vemos interés por parte de la industria para adoptar ese tipo de prácticas", añade. Este biólogo no quiere dramatizar respecto a los nuevos contaminantes, y explica que, en la desaparición del arrecife, además de la contaminación del agua, contribuye el desgaste de las tierras de origen, la pesca excesiva y el cambio climático. "La contaminación del agua es un reto que debemos afrontar pero estamos todavía a tiempo", zanja, mientras exige una red de monitoreo de la calidad de agua para que no se descuide.

El arrecife mesoamericano 

Esta joya de la biodiversidad marina se extiende 643 kilómetros, desde Yucatán a Honduras. El arrefice mesoamericano es el más grande del océano Atlántico, y el segundo a nivel mundial. Alberga más de 60 tipos de coral y 500 especies de peces, entre las cuales se encuentran la langosta espinosa, el caracol rosado, tortugas blancas, carey y caguamas, delfines y tiburones ballena.

En los últimos 20 años ha disminuido la capacidad del coral de regenerarse y ha desaparecido la mitad del arrecife por la contaminación del agua, el desgaste de las tierras de origen, la pesca excesiva y el cambio climático.  

La duna costera yucateca 

Son las barreras de arena donde se desarrolla una vegetación arbustiva, resistente a las altas concentraciones de sal. La duna costera yucateca es un ecosistema singular porque reúne especies endémicas del Caribe y de México. Entre ellas, se encuentra el xibabam, un pájaro único en el mundo. Aunque aún no se encuentra en peligro de extinción, sí se debe vigilar porque el desarrollo hotelero ha comportado una reducción considerable de la duna, que ha sido cambiada por palmeras. La duna costera, además, es el lugar de anidación de las tortugas marinas y es un importante corredor para el tránsito de aves.  

Los manglares del Caribe mexicano 

Los bosques que crecen en lagunas, riberas y en costas tropicales protegidas del oleaje se llaman manglares. Los árboles que los conforman, los mangles, tienen unas raíces aéreas en forma de zancos que les permite anclarse en suelos anegados de agua salada o dulce.

Aunque es menos diverso que el resto de ecosistemas amenazados, tiene una serie de beneficios ambientales, económicos y sociales que lo hacen insustituible. Genera nutrientes que alimentan al arrecife de coral, proporciona refugios para la cría de peces, amortigua los impactos del cambio climático en la costa, modera las inundaciones, etc. 

La selva tropical de Quintana Roo 

La selva baja de Quintana Roo conforma, junto a la de los estados aledaños, el macizo forestal tropical más grande de América después del Amazonas. Pese a que aún tiene una superficie considerable, el desarrollo ha comportado la privatización de grandes extensiones, antes tierras comunales, y su consiguiente deforestación. En ella habitan guacamayas verdes, jaguares, monos araña, tucanes, o plantas como las amapas, los cactus columnares y de candelabro, los cuajiotes o el palo blanco. Por otro lado, es una fuente muy importante para la captación de carbono y agua.