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La frontera espacial se acerca

Un novedoso estudio basado en 50 años de datos de satélites artificiales refleja que el límite de la atmósfera deja obsoleta la cifra de los 100 kilómetros, acercándose ahora a los 80.

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El planeta Tierra visto desde el espacio | REUTERS

La altura a la que comienza el espacio exterior y termina la atmósfera no está marcada en ningún lado, aunque sí tiene nombre. Se llama la línea de Kármán y su situación no es fácil de definir, aunque sea importante a efectos legales y políticos, además de los científicos. Mientras Estados Unidos anuncia la creación de una división espacial en sus fuerzas armadas, un nuevo estudio da munición a los que creen que el espacio está más cerca de lo que se supone normalmente.

En las últimas décadas la cifra mágica era 100 kilómetros de altura. Es la que se maneja habitualmente y la que se ha fijado, incluso, en las bases de concursos para premiar a los primeros en desarrollar vehículos comerciales que lo alcancen. El nuevo estudio se inclina por “bajar” el espacio exterior hasta los 80 kilómetros y se basa en un completo análisis de los datos disponibles sobre la línea de Kármán, según su definición. Su autor, Jonathan McDowell, es astrofísico en la Universidad de Harvard.

La ONU ha intentado fijar el borde del espacio a efectos legales pero Estados Unidos, por ejemplo, siempre se ha negado. Otros países y expertos han señalado que no tiene sentido establecerlo porque cambia continuamente con las condiciones meteorológicas espaciales. Ahora, McDowell señala que la línea de Kármán vale como límite mínimo y que no se ve muy afectada por las variaciones atmosféricas.

Theodore von Kármán, un científico húngaro exiliado en Estados Unidos, no fijó exactamente la altura a la que empieza el espacio, sino que la definió como aquella en la que la velocidad necesaria para que un avión se pueda sustentar en una atmósfera ya muy tenue iguala la horizontal necesaria para orbitar el planeta.

Volviendo a McDowell, en su trabajo publicado en Acta Astronautica, se basa en la altura a la que se desplazan o se desplazaron los satélites con órbitas más bajas, sin caer a la Tierra. Un exhaustivo análisis de la reentrada de vehículos espaciales en órbita baja en los últimos 50 años le hace argumentar que la altura más baja en la que un satélite puede estar en órbita son los citados 80 kilómetros (con una horquilla de error de 10 kilómetros), más que los 100 kilómetros. “Los datos orbitales históricos de satélites artificiales confirman que los objetos en órbita pueden sobrevivir múltiples perigeos a una altura entre los 80 y los 90 kilómetros. Este rango de altura casa con el límite físico más alto de la atmósfera, la mesopausa”. De hecho, recuerda, las fuerzas armadas de Estados Unidos reconocían a principios de la era espacial a los pilotos que alcanzaban los 80 kilómetros en aviones la condición de astronautas.

Diferentes definiciones de "espacio"

El astrofísico no quiere entrar mucho en temas legales espaciales (sobre los que hay una amplia literatura) y explica que su interés radica en que es necesario tener una definición del espacio. “No digo que deba existir una única definición del espacio que se aplique en todos los contextos. Los físicos, los abogados y los historiadores pueden necesitar una frontera del espacio para objetivos diferentes y responder a cuestiones diferentes; el borde del espacio se puede definir de forma diferente en diversos foros internacionales. Sin embargo, es útil que estas definiciones se basen en una comprensión común y exacta de las condiciones físicas de la frontera aire-espacio”, concluye.

Después de 60 años de actividades espaciales, los satélites (y los misiles) pasan por encima de nuestras cabezas (y pueden caer sobre ellas) sin que existan acuerdos internacionales sobre a qué altura termina el espacio aéreo de cada país ni sobre lo que es un objeto espacial o una actividad espacial. El problema legal más importante de la era espacial sigue sin solucionarse, pero los intereses comerciales son ya muy importantes y es posible que aceleren un proceso en el que ha primado hasta ahora la falta de un marco legal, mitigada por una cooperación informal internacional bastante eficaz.