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La OMS reconoce que aún se ignoran los efectos de Chernóbil

La Agencia para la Investigación del Cáncer pide crear un consorcio internacional para estudiar las consecuencias reales de la catástrofe sobre la salud. Las autoridades sanitarias reclaman que las empresas nucleares paguen sus est

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Un cuarto de siglo después de que el accidente de la central nuclear soviética de Chernóbil espolvoreara un cóctel de 100 elementos radiactivos sobre la población en un área de 150.000 kilómetros cuadrados, sigue sin haber un recuento único de víctimas.

En 2005, la ONU presentó un informe con ínfulas de definitivo que hablaba de menos de 50 muertos atribuibles a la radiación y 4.000 más posibles en el futuro.

La mayor parte de los caídos eran liquidadores, los trabajadores que acudieron a contener la hemorragia radiactiva del reactor desde el mismo 26 de abril de 1986. Frente a ese medio centenar de muertos, algunos miembros de las academias de ciencias de Ucrania y Bielorrusia calculan decenas de miles. Y las ONG más antinucleares, como Greenpeace, ponen sobre la mesa 200.000 personas supuestamente ya fallecidas a causa del desastre.

Ayer, en la cumbre científica sobre Chernóbil en Kiev, que prometía iluminar el debate, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoció 'implicaciones potencialmente importantes para la salud pública que hay que confirmar'. Su portavoz en la conferencia, Ausrele Kesminiene, admitió las lagunas en el conocimiento del desastre y pidió que la industria nuclear también ponga dinero para investigar los efectos de la radiación.

La ONU aseguró en 2005 que había menos de 50 muertos

'Cuando veo lo que va a costar el nuevo sarcófago para cubrir Chernóbil [unos 1.500 millones de euros] me doy cuenta de que nosotros investigamos con una miseria', explicó a Público tras su ponencia. Su organismo, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer de la OMS, ha trabajado con unos 230.000 euros de la Comisión Europea en su último proyecto: la creación de una agenda estratégica para investigar los verdaderos efectos de la nube radiactiva del reactor soviético. Con sede en Lyon, asegura que no ven un euro de Areva, el gigante francés que lidera el sector nuclear mundial.

'Los efectos en la salud de Chernóbil siguen ocurriendo y los efectos futuros son inciertos', declaró ayer en el plenario. Kesminiene acudió a Kiev para proponer la creación de una Fundación para la Investigación de los Efectos de Chernóbil sobre la Salud, que coordinaría el trabajo de los mejores científicos de cada disciplina implicada, para despejar 'las contradicciones entre las actuales estimaciones'. El nuevo organismo, CHERF por sus siglas en inglés, implicaría a la OMS y a investigadores de los tres países más afectados por el desastre (Ucrania, Rusia y Bielorrusia). El objetivo sería estudiar a grupos de individuos durante toda su vida, como se hizo en Hiroshima y Nagasaki tras la explosión de las bombas atómicas en 1945.

Dos días antes, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer ya admitió en un comunicado que hasta la fecha los estudios se han concentrado en el cáncer de tiroides y 'este énfasis ha desviado la atención de otros posibles efectos sobre la salud', como un aumento de los tumores de mama, alteraciones genéticas hereditarias, cataratas y otros tipos de cáncer.

Las academias de Ucrania y Bielorrusia calculan decenas de miles

No obstante, Kesminiene, médica con una medalla al cuello concedida por las víctimas de Chernóbil, pide evitar el alarmismo. 'Es cierto que se ha visto un incremento de tumores de mama pero, ¿estamos seguros de que no es porque las mujeres tienen su primer hijo mucho más tarde o toman hormonas para la menopausia?', explica.

Natalie Shevtsova, de la Academia Nacional de Ciencias de Ucrania, tiene menos dudas. 'No nos ha gustado el discurso de la OMS, es evidente que las consecuencias de la radiación están ahí', afirma la investigadora. No obstante, su especialidad es la botánica. Shevtsova ha estudiado desde 2006 las plantas acuáticas de la zona de exclusión de Chernóbil y ha observado 'aberraciones cromosómicas en más del 10% de las células' de estos vegetales, frente al 2% que, sostiene, se considera normal.

Otros expertos también elevan el posible número de víctimas. Mikola Tronko, del Instituto de Endocrinología y Metabolismo de Kiev, presentó ayer sus estudios, que muestran 6.000 casos de cáncer de tiroides, el 75% de ellos en niños. Según sus datos, en 2009 la incidencia de este tipo de tumor continuaba aumentando. 'Recuerdo que en la década de 1990 hubo una conferencia internacional en Viena y algunos científicos reputados dudaban del vínculo entre Chernóbil y el cáncer de tiroides. Demostramos que estaban equivocados', proclamó ayer.

Otro estudio presentado en Kiev, del Centro de Tratamiento y Diagnóstico para los Liquidadores de Chernóbil, con sede en Obninsk (Rusia), muestra un alto número de enfermedades cardiovasculares en los trabajadores que acudieron a la central entre 1986 y 1987. Pero esas patologías son las mismas que presentan los miembros del grupo de control, no sometidos a radiación. Sin embargo, en un 17% de los liquidadores estudiados aparece una frecuencia anormalmente elevada de mutaciones en unas células de la sangre, los linfocitos T. Los científicos ven en ellos 'un alto riesgo de cáncer'.

Ayer en Kiev también estaba Yoshisada Shibata, de la Universidad de Nagasaki, 'la única universidad del mundo que ha sido totalmente destruida por una bomba atómica', según relató el investigador. Shibata, anciano, ha estudiado a los 90.000 supervivientes de los ataques nucleares de EEUU en Japón. La mitad ya ha muerto y estima que en unos mil casos se debió a la exposición a la radiación, externa, muy diferente a la de Chernóbil, que se absorbió más por vía interna, con la ingesta de leche y vegetales contaminados con yodo-131.

Por su experiencia en Nagasaki, Shibata comenzó en seguida a estudiar los efectos de la radiactividad en un radio de 150 kilómetros en torno a Chernóbil. En 2001 había encontrado 32 casos de cáncer de tiroides en unos 12.000 niños nacidos entre 1983 y 1986, con altas tasas de supervivencia. 'Yo no digo que los estudios que hablan de cientos de miles de muertos sean ridículos, pero en Chernóbil no hay evidencias de más de 50 muertes atribuibles a la radiación', señala.