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"Estoy abierto a compartir con las instituciones la gestión del museo"

Luis Chillida. Director del Chillida-Leku. Pide como condición para su reapertura que el museo se conserve "como lo creó ‘aita’"

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Luis Chillida, hijo de Eduardo Chillida (San Sebastián, 1924-2002), explica en esta entrevista cómo su familia vislumbra el futuro del Chillida-Leku, cerrado el 31 de diciembre por problemas económicos. Afirma que en su casa están abiertos a compartir la gestión y el patrimonio del centro con las instituciones para que estas participen en su financiación.

¿Por qué se ha llegado al cierre del Chillida-Leku sin lograr antes una solución?

La familia siempre ha sido consciente de que mantener el Chillida-Leku por sí solo era imposible a largo plazo. Las instituciones tenían buenas palabras, pero después no había actuaciones para hacer el museo sostenible. Creo que pensaban que no íbamos a tomar la decisión de cerrar.

¿Qué errores se han cometido para llegar a esta situación?

El problema viene en parte desde el principio. Creo que fue un error hacer el museo de un modo totalmente privado, pero era una exigencia de aita. Si él hubiese pedido la implicación de las instituciones, probablemente la habría tenido, pero, claro, también le habrían restado libertad. No habría podido estar 18 años haciendo el Chillida-Leku por prisas e interferencias. Por otro lado, la crisis de los últimos años ha hecho mucho daño, aquí y en otros museos. El Chillida-Leku ha funcionado bien, con una media muy aceptable de 254 personas cada día, pero que un museo funcione bien no significa que pueda cubrir sus gastos. La entrada que paga una persona no es suficiente para mantener un museo.

También hay críticas a la 'mala gestión' de la familia.

Yo digo, en todo caso, que la mala gestión de esta familia ha sido tener un museo. Si nos hubiésemos dedicado a mover las obras de aita por museos del mundo, la gestión habría sido buenísima, pero el Chillida-Leku no habría existido. Lo hemos querido mantener como quiso aita. Además, no creo que este museo genere más déficit que muchos otros que hay alrededor. La diferencia es que el Chillida-Leku no tiene financiación pública.

¿A cuánto asciende el déficit?

No me gusta hablar de cifras. Prefiero hablar del concepto. Lo que para una familia puede ser un gasto excesivo para un país no lo es. Hay que llegar a un acuerdo con las instituciones, y para ello estamos hablando, muy seriamente ya desde 2006.

¿Confía en reabrir las puertas del Chillida-Leku?

Sí, hay que buscarle soluciones para el futuro.

¿Se marca una fecha?

Hablar de plazos tras tantos años de conversaciones me resulta muy difícil, porque los plazos se demoran y se vuelven a demorar. Me encantaría que fuese lo antes posible.

¿Qué desea atar la familia Chillida en un acuerdo con las instituciones?

La familia Chillida tiene una visión global del museo: el terreno, el caserío y las esculturas son inseparables y forman un conjunto trabajado por aita sobre su concepto del espacio. Esto queremos que se conserve. Que se puedan añadir cosas... habrá que acordarlo.

¿A qué se refiere, qué piden añadir las instituciones?

Las instituciones plantean que el Chillida-Leku pueda albergar exposiciones de otros artistas. Habría que ver en qué condiciones. Desde nuestro punto de vista, tendría que ser en otro edificio y no en el caserío, que es una obra de aita como cualquier otra. No queremos que el caserío acoja obras que no sean las de aita. Se tendría que hacer un edificio aparte para exposiciones temporales de otros artistas. Además, habría que cuidar el tipo de exposiciones. Por ello, le digo que son temas de los que hay que ir hablando. Ninguna de las partes está cerrada.

¿Está dispuesta la familia a compartir la gestión del Chillida-Leku con las instituciones públicas?

Sí, la familia está dispuesta a compartir la gestión del Chillida-Leku con las instituciones e, incluso, que la gestión sea asumida por un nuevo ente, una especie de fundación. Nos parecería estupendo. Nosotros no pretendemos controlar la gestión. Eso sí, habría que llegar a un acuerdo que nos permitiera a todos tener claro cuál es el fin del museo, así como qué se puede y no se puede hacer.

¿Y compartirían además el patrimonio de la colección del Chillida-Leku?

Claro, habrá que llegar a un acuerdo con las instituciones sobre el patrimonio que tiene el museo para que pase a ser un patrimonio institucional, un patrimonio del pueblo vasco. Es necesario un acuerdo, ya que, desde la apertura del museo, uno de los principales problemas radicaba en que, al pertenecer la obra a la familia, se imposibilitaba que hubiera aportaciones de las instituciones.

¿Hay alguna línea roja que no piensan traspasar en sus conversaciones con las instituciones?

Escuchamos todas las ideas. No tenemos líneas rojas, pero el acuerdo debe respetar la obra de aita. Porque esta va a estar ahí, independientemente de que haya o no museo.

¿Qué margen de control exige tener la familia en una fundación que dirija el destino del Chillida-Leku?

En los estatutos de la fundación debe quedar claro cómo y qué tipo de acuerdos se pueden tomar, la representación de cada parte en el patronato, o en qué tipo de decisiones pesa más la opinión de la familia. Nosotros no hablamos ahí ya de temas de gestión económica, sino del tratamiento de la obra, de decisiones, por ejemplo, acerca de si las obras del Chillida-Leku se pueden llevar a otros museos o deben permanecer aquí siempre. Ahí la familia debe tener un derecho de opinión sobre la colección.

Pide, en concreto, que cualquier decisión que se tome sobre la obra del Chillida-Leku deba contar con su beneplácito.

Sí, claro, por lo menos, queremos tener la posibilidad de llegar a acuerdos y no estar a expensas de lo que pueda ir pasando en un futuro.

¿A qué teme en el futuro?

La cuestión clave es la conservación del Chillida-Leku como lo creó aita. El acuerdo con las instituciones debe respetarlo. Lo que no puede ser es que, en un determinado momento, lleguen otras personas a las instituciones [tras unas elecciones] y digan que lo que está de moda es hacer cosas diferentes y que quieren cambiar el museo. Ese no es el futuro del Chillida-Leku. Para eso, no queremos que exista. Podrá haber otro tipo de museos, pero este es un museo iconográfico con su propia esencia y debe conservar el valor de mi aita en su filosofía y ejecución. Que se puedan añadir cosas... con cuidado y respeto, sí. Pero lo que no puede ser es que cada persona que llegue a las instituciones cada cierto tiempo decida hacer las cosas de una manera u otra. Aita fue una persona que nunca siguió las modas desde que empezó a trabajar en los años cuarenta hasta el año 2000.

¿Está implicado el Ministerio de Cultura?

Hablamos con el Ministerio de Cultura en 2005 o 2006. Nos dijo que se trataba de una competencia del Gobierno vasco y de la Diputación de Guipúzcoa, y que, por lo tanto, debíamos hablar con las instituciones vascas, que, a su vez, pondrían ponerse en contacto con el ministerio. Desde entonces, no hemos vuelto a tratar con el ministerio.

¿Y sabe si hay contactos entre las instituciones vascas y el ministerio?

No lo sé.

¿Desea que el Ministerio de Cultura participe en la solución del Chillida-Leku?

Me parecería perfecto que interviniera el Ministerio de Cultura, al igual que si lo hace la Comunidad Económica Europea. No veo ningún problema.

¿La reciente puesta en venta de una docena de obras tiene que ver con el déficit del museo?

No, en absoluto. La colección del Chillida-Leku está perfectamente definida. Aparte de las obras del museo, tenemos otras que son de la colección de la familia. Usted piense que toda la vida hemos vivido de comerciar; aita hacía obras y se iban vendiendo. El Chillida-Leku es una parte sólo de la labor que debemos hacer para la difusión de la obra de aita. Durante estos últimos años, no hemos hecho prácticamente nada, y ahora tenemos la posibilidad de acceder al mercado mundial, en el cual existe una cantidad enorme de nuevos museos y nuevos mercados, en China, otros países asiáticos y Oriente Medio, que están demandando obras. Casualmente, esto ha coincidido con el cierre del Chillida-Leku.

¿La colección de la familia está fuera de la negociación sobre el Chillida-Leku?

Sí, no tiene nada que ver. Cuando hablamos de compartir con las instituciones la gestión y el patrimonio de las obras, nos referimos sólo a las del Chillida-Leku.

¿Y las instituciones no le han instado a conservar la colección de la familia?

No.

Acaban de firmar un acuerdo con el Gobierno canario y el Cabildo de Fuerteventura sobre el proyecto de Tindaya. ¿Cuándo se materializará?

Como con el Chillida-Leku, tampoco me atrevería a decir cuándo se ejecutará la obra de Tindaya, porque llevamos muchos años. Aita tenía muy claro que su única obra póstuma iba a ser Tindaya, que estuvo en su cabeza desde los años sesenta. Vio diferentes montañas por el mundo, en Sicilia, Finlandia, Suecia... Pero, ninguna le gustó hasta que en 1993 conoció Tindaya.

Las instituciones canarias plantean la cesión a una empresa constructora de los derechos de explotación para financiar el proyecto. ¿Está de acuerdo?

Como ellos crean que se tenga que hacer... Lo único que pedimos es que haya un proyecto de viabilidad para que quien lo empiece no lo deje a medio camino.

¿Qué papel jugará la familia en la comisión mixta constituida con el Gobierno y el Cabildo?

El control de que las cosas se hagan bien. Esto era un regalo de aita al pueblo canario.

¿No participarán entonces en la gestión del centro?

No, quizás sólo en algo de merchandising, pero la gestión correspondería a las instituciones canarias. Nosotros ahí no entraríamos.

El grupo ecologista Ben Magec quiere reunirse con ustedes para mostrarles su oposición al proyecto. ¿Aceptarán una reunión?

Sí, no hay ningún problema. Este proyecto es ecologista. Visualmente, la montaña va a permanecer igual, como los podomorfos. Son condiciones que aita exigió desde un principio. Decía que se tenía que conservar la montaña y todo su alrededor hasta el mar, de modo que no se explotara la zona, ni se hicieran urbanizaciones u hoteles.

¿Hay un nexo de unión en Tindaya entre Chillida y César Manrique?

Eran artistas muy diferentes, pero coinciden por una intervención en la naturaleza y poner en valor unos lugares que ya existen. En cierto modo, se les puede equiparar.

Eduardo Chillida y Jorge Oteiza mantuvieron a lo largo de los años un agrio enfrentamiento hasta que en 1997 sellaron la paz. La filosofía de los museos que acogen ahora sus obras es también bien distinta. El Chillida-Leku se ha reservado a mostrar los trabajos de su creador. La familia quiere, incluso, que si se reabre merced a un acuerdo con las instituciones, las exposiciones de otros artistas se presenten en un edificio aparte, que se tendría que construir. En contraste, ayer el Museo Oteiza anunciaba que la revisión de la primera etapa creativa de otro artista, Pablo Palazuelo, protagoniza su oferta expositiva durante 2011. La Fundación Museo Jorge Oteiza es una institución cultural privada de servicio público y está financiada por el Gobierno de Navarra.