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"Ahora he tenido que investigar"

Espido Freire recrea la vida de la princesa Kristina Haakonardóttir en 'La flor del norte'

ROCÍO PONCE

Un largo viaje desde Noruega hasta Castilla, un matrimonio de conveniencia con el infante Felipe y un deseo incumplido, una capilla en honor a San Olav, es todo lo que se sabe de Kristina Haakonardóttir, (1234-1262). Con muchas leyendas alrededor del personaje, la escritora Espido Freire se embarca en un proyecto 'muy sufrido', explicó durante la presentación de la novela ayer en Covarrubias (Burgos), lugar donde está la tumba de la princesa.

La flor del norte (Planeta) es su visión sobre un fantasma que aletea en la imaginación de los que oyen hablar de ella. La bilbaína ha tenido que hacerlo de otra manera. 'Lo que antes inventaba, ahora he tenido que investigarlo: la época, los usos e incluso el vocabulario', reconoce.

A la agresiva corte castellana llegó desde tierras vikingas una princesa para elegir como marido a uno de los hermanos del rey. Sólo cuatro años después moría en Sevilla tras una larga enfermedad. Unos dicen que murió de pena y melancolía, otros que envenenada y otros que de una infección de oído. En La flor del norte, llena de maldiciones y protecciones, la propia Kristina pasa revisión a su vida, la de su familia, su país y su muerte. 'Ella no tuvo voz propia. Me ha fascinado poder dársela, por eso lo escribí en primera persona', explicó Espido Freire, ganadora del Premio Planeta en 1999. Cada novela se convierte, según la autora, en su pequeña obsesión.

'Sin ese punto de fijación no sería capaz de reunir la fuerza necesaria para escribir 300 o 400 folios, reescribirlos, resumirlos, etc'. En cuanto a próximos proyectos, Espido Freire va a dejar a las mujeres de lado para centrarse en personajes masculinos. 'Mi fascinación es ahora hacia el varón, ojalá logre entenderlos'. Primero acabará un libro de cuentos y otro de poemas, luego se plantea un ensayo sobre los psicópatas.

La escritora reconoce en la princesa noruega a 'una mujer muy Espido'.

'Como casi todas las mujeres de las que hablo, no tiene etiquetas, no hay blancos y negros, sí claroscuros'. Espido Freire disfruta con esta novela del poder camuflado del autor: 'Como todo buen seductor, el autor tiene que fingir que el poder lo tiene el otro. Si logro engañar a ratitos, al lector entonces estoy cumpliendo con mi deber'.

Acostumbrada a escribir columnas y artículos de actualidad, ¿cómo se ha sentido al trasladarse a la corte de Alfonso X?: 'Me ha resultado más fácil irme a la Edad Media, que puedes imaginar y recrear, que enfrentarme a las figuras sociales o económicas actuales, porque ahí no te puedes inventar nada'.

'No me importan las versiones, sino que esta mujer existió. Hay muchas leyendas, algo que me encanta, y si puedo añadir una pues mejor', concluyó la autora.