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"El apego por los objetos es un rasgo humano"

Orhan Pamuk habla de su última novela 'El Museo de la Inocencia', la historia de un amor fatal y obsesivo

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Le gusta reunir objetos, como las colillas de fumar. Para ser exactos, ha recolectado 4.213 puntas de cigarrillo. Orhan Pamuk (Estambul, 1952) abrirá el Museo de la Inocencia en su ciudad natal, el lugar del que brotan sus palabras. Como si fuera un ilusionista midiendo la emoción del espectáculo, saca una cámara digital del bolsillo de su americana. Fotografía a su interlocutor sin avisar y, mientras revisa las últimas imágenes tomadas, comenta: 'Soy un fotógrafo compulsivo, en realidad soy un pintor reprimido'.

El Premio Nobel de Literatura 2006 acudió ayer a la ciudad condal para abrir el ciclo de conferencias Pensar el futuro organizado en Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB). El título de su charla fue El futuro del museo y de la novela. Un asunto ligado a su último libro El Museo de la Inocencia (Mondadori en castellano, Bromera en catalán).

'En el corazón de la novela late el tema de la virginidad'

'Una novela no tiene porque ser triste solo por qué sus personajes lo estén', advierte el joven protagonista del libro. Pero para el autor no se trata de una novela triste. 'Quería que fuera una novela divertida y que el lector se riese. La melancolía tiene su parte divertida'.

La novela arranca a mediados de los años setenta. El protagonista y narrador es Kemal, un joven de la alta sociedad de Estambul, que trabaja en la empresa familiar y está a punto de casarse con una joven. A Kemal la vida le parece amable y maravillosa. Lo tiene todo bajo control hasta que se cruza con Füsun, una pariente lejana y pobre que trabaja de dependienta. Kemal se enamora y a partir de ese punto el libro se convierte en un recorrido por el 'dolor de amor' que siente el personaje principal.

Tras trabajar cinco años en la novela, Pamuk ha construido la historia de un amor obsesivo y fatal. La melancolía y la pena de Kemal habitan las casi 700 páginas del libro. El escritor no tiene prisa en contarla y se deleita en todas las vicisitudes de su personaje. El narrador avisa al lector de las escenas de sexo explícito entre los amantes o pasajes demasiado tristes.

'Los museos deberían ser menos representativos, y más personales'

La idea de escribir esta novela surgió después de decidir montar un museo. De ahí que los objetos tengan tanta trascendencia en el libro. 'Hace años, lo único que pretendía era comprar una casa pequeña y crear una historia imaginaria a través de los objetos de una familia inventada. Como si una bomba de neutrones estallase, las personas desaparecieran pero los objetos permanecieran. No pretendo hacer un viejo museo con cuerdas que separan los objetos de las personas. Quiero crear un museo más moderno', explicó el autor de El castillo blanco.

Años después, el sueño es casi una realidad. La novela que acaba de publicar es el catálogo emocional de los objetos que exhibirá el museo. Entusiasmado con el proyecto, Pamuk detalla que no sólo colocará los objetos de Kemal si no también los de la historia de Estambul.

'Sentirse apegado a los objetos es un rasgo humano, mientras que la idea de coleccionar y de museo es occidental. Los objetos tienen el poder de atraer el pasado. Nos llevan a momentos determinados que habíamos olvidado. Encontramos una pequeña goma de borrar y empezamos a recordar', argumentó.

'La libertad de expresión es fundamental para explicar el pasado'

El escritor compara las novelas con su idea particular de los museos. En su opinión cumplen la misma función de archivar la vida. 'Creo que los museos deberían ser menos representativos de una comunidad y ser más personales. Todos los museos son novelas porque ayudan a preservar manera de vivir'.

Con una risa juguetona Orhan Pamuk gana tiempo antes de encarar las preguntas que no le interesan. Hablar de política le disgusta y esquiva el tema utilizando su sentido del humor. 'La responsable de mis problemas políticos es Ankara, no Estambul', dijo con una sonrisa.

'Flaubert estaba mucho más enfadado que yo. Era más cínico'

Considera que a Turquía le falta mucho para revisar su historia y apuntó que 'no se trata sólo de recordar, sino también hablar de lo que recuerdas. Si no hablas empiezas a olvidar. La libertad de expresión es fundamental para explicar el pasado'.

Hijo de un país que prohibió Youtube en 2007 por distribuir un vídeo en el que se decía que Ataürk era homosexual, aclaró que 'eso' ha cambiado. 'Fue una prohibición poco práctica, pero hay muchas maneras de llegar a Internet. Es una herramienta muy importante para que Turquía se abra a otras fuentes de información', se excusó el escritor.

El primer turco galardonado con un Premio Nobel de Literatura no viste el traje de autor amenazado de muerte. Sus ojos no reflejan ningún pesar por estar tachado de traidor por intentar 'debilitar la identidad turca'.

Mientras los comunistas y nacionalistas se disparan por las calles de Estambul, los habitantes de la novela, personas ricas que imitan las costumbres de Occidente, toman whisky de importación en los restaurantes con vistas al Bósforo. El autor de la historia considera que el afán de la sociedad turca por parecer más europea todavía existe. Al menos entre la clase alta.

Pero comentar la situación de su país no estimuló al autor. Lo que sí le divirtió fue exponer los motores de El Museo de la inocencia. 'Por un lado quería explorar lo que nos ocurre cuando nos enamoramos. Explorar la sensación de una manera cerebral. Cómo Montaigne cuando habla de estar borracho o de la amistad. Por otro, unir algo común que está en el interior de todos los hombres'.

'Pero yo no soy Kemal, esto es una novela. Que quede claro'

El título no es simbólico. 'En el corazón del libro late el tema de la virginidad. Pero no quiero dar más detalles, hay que leer el libro'. Enemigo de las generalizaciones y de colgar etiquetas, está convencido que la importancia que se da a la virginidad no se ha superado. 'Pero yo no soy Kemal, esto es una novela. Que quede claro', insistió un Pamuk, que no dejó de juguetear con la cámara ni un momento a lo largo de la entrevista.

A medida que avanza la trama de la novela, Füsun, la amante de Kemal, se perfila como una especie de Emma Bovary: 'Flaubert estaba mucho más enfadado que yo. Era más cínico y cruel. En mi hay un cierto enfado que intento suprimir. No es un libro flaubertiano porque es un libro que se divierte con la vida, lleno de la alegría de vivir'.

En muchas de sus obras Pamuk ha flirteado con la autobiografía. En el primer capítulo de Estambul juega con encontrar el otro Orhan y en El Museo de la Inocenia, un personaje con su nombre y apellido entabla amistad con Kemal. 'Pero aquí Orhan Pamuk no es importante, aparece como Hitchcock en sus películas'.

La 'alegría de vivir' que describe Pamuk, Kemal la encuentra en el raki. El personaje vive media novela nublado por los efectos del alcohol. Pero sobre todo por amor.

Nobel
Orhan Pamuk logró el reconocimiento en 1998 con la publicación de ‘Me llamo rojo’; sin embargo, su gran lanzamiento mundial fue la concesión del Nobel en 2006. Desde entonces su figura siempre ha estado ligada a la búsqueda de la idiosincrasia de su lugar natal, Estambul. Es el escritor que ha puesto en el mapa a la Turquía literaria.

Estambul
Sus novelas y sobre todo, sus reportajes, son un fresco de su ciudad natal. Ofrece una perspectiva histórica (en algunas novelas se remonta al siglo XVI) y contemporánea. Para él, Estambul es un símbolo de enlace entre la cultura oriental y la occidental. ‘El libro negro’, publicado en español en 2005, ofrece uno de los mejores retratos de la ciudad con un estilo cercano a la llamada literatura oral.

Justicia
El escritor no evita la política en sus artículos y en sus declaraciones. Por ello, ha tenido más de un altercado con la justicia de su país. En enero de 2006, el Tribunal de Estambul archivó una causa pendiente contra él por mencionar en una entrevista la matanza de armenios y kurdos llevada a cabo por turcos en 1915.

Política
El autor tampoco soslaya la política en sus novelas. Sobre todo en ‘Nieve’, en la que esboza un retrato sociológico de su país. Según explicó en una entrevista publicada por el periódico ‘Clarín’ en 2007, en la novela intentó “no hacer un juicio moral sobre los personajes, lo que ocurre es que en la novela política el lector espera que uno haga juicios de ese tipo (...)”.

Géneros
Pamuk recorre todo los géneros literarios. Pasa de la novela histórica a la novela negra con un estilo afilado. Con comienzos como: “La política en una obra literaria es un tiro de pistola en medio de un concierto”, al meollo de la cuestión.