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Arte callejero Ser artista callejero en Madrid: multas por no tener un permiso al que es imposible acceder

La legislación municipal para actuaciones en la calle deja de lado a mimos, titiriteros o payasos ambulantes a quienes se les sanciona por no disponer de las acreditaciones -sólo concedidas a músicos- que permiten trabajar con amplificadores y altavoces.

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Un mimo callejero en plena actuación. EFE

Mario es un artista. Su escenario, como el de otros, está en la calle. Suele pasar las horas en la céntrica calle madrileña de Arenal, haciendo un espectáculo de títeres que atrae la atención de transeúntes diversos. Lo malo, denuncia, es que últimamente son los policías municipales los que más se interesan por su actuación, y no lo hacen para dejar propina, precisamente. El pasado 20 de marzo, un agente se acercó a su teatro improvisado para, después de requerirle “unos permisos a los que no puedo acceder”, proceder a multarle. Esta “es la cuarta o quinta vez que me multan”, reconoce a Público.

Hace unos años, el Ejecutivo de Ana Botella se dispuso a limitar la presencia de los artistas callejeros de la capital. Para actuar en las plazas y avenidas sería necesario disponer de un permiso que se obtenía mediante una especie de examen que ponía a prueba las habilidades faranduleras de aquellos que ofrecen arte a cambio de un par de céntimos. ¿El problema? Que esta prueba ofrecía permisos exclusivamente a músicos, dejando de lado a mimos, titiriteros o ilusionistas, entre otros.

Aunque la prueba ha sido suprimida con la llegada de Ahora Madrid al consistorio, el permiso de actuación callejera sigue existiendo. Mario, como otros compañeros, lo ha solicitado en numerosas ocasiones. “Relleno el formulario y digo que soy titiritero. Luego me llaman y me lo deniegan porque no soy músico”, explica a este diario, después de calificar el permiso como “discriminatorio”.

La importancia del permiso es vital en lo que se refiere a contaminación acústica, pues este da a los músicos la posibilidad de utilizar en sus actuaciones amplificadores. Es aquí donde los artistas como Mario pierden la batalla. La Policía Municipal, que observa que un artista está apoyando su espectáculo en altavoces, se acerca para comprobar que tiene el permiso -un permiso que no puede conseguir porque no es músico- y, al ver que no dispone del mismo, procede a sancionarle por no respetar la Ordenanza de Protección contra la Contaminación Acústica.

Dos jóvenes tocan junto al estanque del Retiro. EFE

Una situación inverosímil en la que muchos artistas se ven atrapados. “No me conceden el permiso, lo que lleva a que me multen por contaminación acústica ¿Que hago?” se pregunta de forma desesperada. “He actuado en muchas ciudades de Europa y en ninguna me ha pasado nada igual”, añade.

El caso de Mario no es aislado. El pasado 18 de marzo Javi Javichy -ese es su nombre artístico- fue multado en El Retiro cuando trabajaba en su espectáculo de circo ambulante por sustentar su voz en un amplificador de veinte vatios. Algo por lo que no sería multado si contase con la acreditación que el Consistorio concede a los músicos de la capital.

“Llevo veintidós años trabajando en este parque y nunca me ha pasado nada igual”, denuncia el artista a Público. “Sólo queremos que nos dejen tranquilos para poder ejercer nuestro trabajo de forma digna”, sentencia.

Javier, que ha publicado un vídeo en las redes para visibilizar el problema al que deben enfrentarse él y sus compañeros de profesión, reconoce que “hasta ahora” en El Retiro se podía trabajar de manera tranquila, a diferencia de lo que ocurría en otras zonas céntricas de Madrid, dónde la Policía Municipal atosiga de forma manifiesta a los artistas callejeros.

Javier se defiende apoyándose en el llamado “derecho a la costumbre”. Más de dos décadas de trabajo artístico en las mismas calles y parques deberían ser más que suficientes para que se le permitiera ofrecer sus espectáculos al público madrileño como lo lleva haciendo durante prácticamente toda su vida.