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El arte de editar pequeño

Las editoriales independientes buscan su nicho de mercado a base de vocación literaria, cuidado por el diseño y pasión por el oficio

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Pese al voluntarioso lema de la nueva edición de la Feria del Libro, ‘El libro es la respuesta', lo cierto es que los números no acompañan. Cuando se cumple ya el primer lustro de crisis, con las cifras de ventas en caída libre y la eterna promesa del eBook sin cuajar, la Feria espera superar los malos resultados cosechados el año pasado a través de los 457 expositores repartidos en 353 casetas atestadas de volúmenes.

2012 no fue un buen año para el sector, la crisis tocó de frente a la Feria y las ventas cayeron un 19% a lo que habría que añadir un descenso en la facturación de un millón y medio menos de euros respecto al año anterior. Frente a estos precedentes nada halagüeños, libreros y editores no se rinden y encaran las próximas dos semanas con fe ciega en que este puede ser el año. A la cita, como siempre, riadas de lectores trasnochados, espontáneos, insaciables coleccionistas de marcapáginas y coloridos grupos de escolares tratando de completar una gymkhana. 'Esto es como subir al monte con la guerrilla, el objetivo es resistir hasta el final', explica C. M, de la librería Malatesta, especializada en el movimiento libertario. Más gráfico imposible. Porque, si de algo se trata, es de sobrevivir.

Y en esa jungla de casetas, a tan solo unos pasos de los grandes grupos del sector, las pequeñas editoriales se baten el cobre para hacerse un hueco en el menguante mercado del libro. Julián Rodríguez, director literario de la editorial Periférica, que comparte espacio con otras cuatro -Asteroide, Impedimenta, Nórdica y Sexto Piso Editorial-, apunta algunas claves para la supervivencia. 'Nuestro secreto es prestar especial atención a lo literario, dirigirnos a un lector que quiere algo más que best-sellers y buscar la calidad constante en todo lo que hacemos'.

La cercanía con aquellos lectores que no buscan lo evidente, sino una literatura más transversal, subterránea si se quiere, parece ser un denominador común. Así lo entiende también Enrique Redel, director editorial de Impedimenta, cuya apuesta por lo especial, por lo seleccionado, no responde a una simple vocación de minoría, sino a la intención de 'llegar a un lector curioso que busca aquello que no está en las librerías y con el que poder identificarse de un modo más concreto'. A diferencia de las principales editoriales, que optan por las grandes tiradas para ocupar el máximo de espacio en las librerías, estos supervivientes de la edición cuentan por lo general con catálogos rigurosos, muy medidos.

Daniel Osca, coeditor de Sajalín, entiende que frente a esa estrategia de los grandes grupos solo queda 'editar con cariño, cuidar el proceso de edición en todos los sentidos, desde la decisión de publicar hasta que el libro ya está en la calle'. Y es que el tiempo corre cuando se trata de darlo a conocer: 'Una vez publicado, las tiradas masivas hacen que los libros duren menos en la mesa de novedades, tan sólo dos o tres meses, de modo que si no los vendes entonces es muy difícil venderlos después'.

En esa lucha por la diferenciación y la fidelización el diseño no podía faltar. El libro entendido no sólo como una propuesta cultural sino también estética es otro de los aspectos que une a esta nueva generación de editores. 'Buscamos ese pequeño tesoro, queremos publicar libros apetecibles por su contenido pero también por su imagen', explica Redel.

Y junto a la vocación literaria y el culto a la estética, la pasión por el oficio. Editar libros como si de una labor de orfebrería se tratase, desde una perspectiva gremial, conscientes de que solo a través de las sinergias se puede salir adelante. Donatella Iannuzzi, editora y fundadora de Gallo Nero, lo tiene claro: 'Es una labor solitaria, no hay duda, pero al mismo tiempo intercambiamos mucha información entre nosotros, nos ayudamos, algo así solo es posible cuando compartes una misma filosofía'.