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Asociación Garaje Cuando los chavales rapean, el mundo se mueve

El proyecto utiliza el rap para potenciar la expresión de decenas de jóvenes procedentes de distintas nacionalidades y derivados desde diferentes dispositivos. En el local, con un completo estudio de grabación, crean sus composiciones, desde la escritura de la letra hasta la remasterización de sus videoclips.

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Miguel y Sofía posan en el local de la Asociación Garaje. Guillermo Martínez

En el mismo local rapean, crean sus propias bases, editan sus vídeos y piensan en los videoclips que acompañarán a sus producciones. Hablan unos con otros, cada uno con una biografía diferente a sus espaldas, procedencia distinta, pero la misma vida y pasión por el estilo musical que les ha unido. Se trata de la sede de la Asociación Garaje, sita en el barrio madrileño de Vallecas, en donde una intervención artística y educativa aúna a jóvenes de entre 17 y 21 años. El resultado material: fantásticas composiciones que, en algunos casos, realizan bajo encargo. El resultado vital: conocer gente nueva, apoyarse unos a otros, perder el miedo a cantar en público y el respeto por bandera.

Javier Taboada es el responsable de proyectos artístico-educativos de la Asociación: "Esta iniciativa surge para dar cobertura a aquellos chavales y chavalas que nos encontrábamos en otros talleres y que veíamos que tenían ciertas expectativas de hacer algo más, experimentar y salir de su zona de confort". Así han conseguido trascender la música urbana convencional por otras alternativas con la mirada puesta en lo colectivo, lo común, lo participativo. El proyecto, creado originalmente sin ningún tipo de subvención, ha ido creciendo a fuerza de desarrollar este tipo de encuentros cuya consecuencia más directa es un producto cuidado, de calidad, casi profesional.

Más allá de las consecuencias, el camino también está para disfrutarlo. En él, los jóvenes que participan comparten sus ideas, se apoyan, conocen nuevas formas de entender, ver, sentir y sufrir el mundo. "Siempre tenemos presentes los valores que defendemos, que de una u otra forma intentan erradicar la violencia de género, pero también hablamos de solidaridad porque uno de los aspectos que más tenemos presentes es la idea transformadora que nos empuja a salir del ego convencional que suele acompañar al rap", explica el mismo Taboada. De esta forma, la chavalada que se reúne un par de veces por semana, dos horas cada día, encuentra un nuevo espacio en el que ser ellos mismos, conocerse y, lo más importante, cambiar aquello que no les gusta de su forma de ser.

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Miguel el la mesa de sonido de la Asociación. Guillermo Martínez

Amalgama de participantes

En los cuatro años que lleva en pie Tardes de Garaje, hasta 70 jóvenes han pasado por sus salas y estudios. De todas formas, nunca trabajan de forma continua con un grupo de chavales que supere la quincena. "Todo fluctúa porque algunos de ellos ya cubren su propio ciclo, se van a estudiar o trabajar", agrega el responsable de este tipo de proyectos antes de afirmar que siempre tienen lista de espera. Ellos reciben ciertas demandas de proyectos musicales, temas que alguien quiere que se confeccionen, y Garaje se activa: "En realidad, esto es una intervención social, un proceso educativo muy potente en el que la mayoría de las ocasiones nos puede llevar unos tres o cuatro meses de trabaja", explicita Taboada.

Pese a que el objetivo de la iniciativa no es mercantilista, sí reciben encargos de entidades y corporaciones, así que una parte del proyecto sí trata de sostenerse. "Los chavales saben que la viabilidad del proyecto pasa por implicarse y hacer cosillas, que cuando damos un bolo, en mayor o menor medida haya un pequeño caché para cubrir los gastos", continúa el adulto. De todas formas, la autogestión sigue siendo su prioridad, aunque a veces se hayan visto auspiciados con reconocimientos como el que la Fundación La Caixa les ha otorgado recientemente al considerarles el ganador madrileño de los Premios de Innovación Social.

A lo largo de este tiempo, en Garaje han llegado a tener chavales de una decena de nacionalidades diferentes. Proceden derivados de los departamentos de servicios sociales de algunos ayuntamientos y otros dispositivos como centros tutelados, de menores y, en algunos casos, de salud mental. "Aquí ha llegado gente cuya única forma de expresarse era haciendo rap", puntualiza el miembro de la Asociación Garaje. En el día a día es donde se aprecia la parte más bonita del proyecto, los momentos en que estos veteranos adolescentes y cuya adultez acaban de estrenar se conocen. "Nuestros planteamiento no pasa por grandes sacrificios a nivel psicológico, no somos aconsejadores de nada. Hemos creado un espacio en el que existe un vínculo afectivo sólido que, aunque suena a tópico, hay un punto familiar que ha conseguido que en años de Tardes de Garaje no se haya producido el mínimo conflicto o agresión, ni verbal ni física", continúa su relato el propio Taboada.

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Javier Taboada se dirige a los chavales. Guillermo Martínez

“Escribir mis cosas, mis problemas”

Miguel Corrales es uno de los jóvenes que participa en el proyecto. Con 19 años y procedente de Colombia, siempre había estado dentro del mundo del rap desde que llegó a España. "Hacemos música como método educativo, es un proyecto que nos beneficia a todos. En nuestras letras hablamos de cosas muy personales", acierta a contar el joven. "Para mí, el rap es casi un estilo de vida. No digo que me dedique a esto, sino que es un método para soltarme, escribir mis cosas, mis problemas, lo que pienso; lo que es un arte al fin y al cabo", expresa este casi veinteañero.

Además, este rapero estudia un curso técnico superior en realización audiovisual, por lo que sus aspiraciones profesionales casan a la perfección con este hobbie que lleva en las venas. "Rapear ayuda a confiar en uno mismo, esa expresión, la verborrea, pensar qué palabras dices para según qué mensajes. También te amplia tu propio glorasio y encuentras muchas maneras de encarar al público", agrega el jovenzuelo. Su familia, desde Colombia, le apoya en todo desde que él llegó a España cuando era menor. "En Tardes de Garaje nos ayudan a ir más allá, en buscar un concepto pero no esté vacío, sino que posea y abarque un sentimiento que represente de alguna manera", expresa Corrales.

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Miguel y Sofía trabajan en el estudio de grabación. Guillermo Martínez

Ser chica entre raperos

Kane Correa es una de sus compañeras. Ella asegura escuchar rap desde que tenía nueve años. Ahora, con sus 17, está encantada con el ambiente que se forma en Tardes de Garaje. Esta brasileña remarca la confianza que le ha aportado formar parte de la iniciativa. Procedente de Velilla de San Antonio, está terminando de estudiar la ESO: "Siempre he tirado por artes, y si no sale bien lo de la música intentaré ser diseñadora de interiores, o si no osteópata", tal y como adivina su propio futuro.

Ella sabe que el rap sigue siendo un mundo lleno de tíos: "En el momento en el que me tocaba rapear contra otros chicos se lo tomaban con cachondeo, así que te tienes que labrar un poco más que ellos el poder decir que eres rapera. En realidad, no es que ellos lo tengan más fácil, sino que el hecho de ser mujer hace que tengan menos expectativas puestas en ti, y esto influye a la hora de pensar que no eres tan buena como lo puede llegar a ser un chico", desarrolla la brasileña.

El rap, acompañamiento vital

Sofía es alguien especial en Garaje. Ella fue participante hace un tiempo y ahora dinamiza el grupo trabajando junto a la Asociación. "Cuando llegué en 2017 me encontré un grupo en pañales, con poca gente. Vi un grupo que empezaba a buscar hacia dónde dirigirse, y yo estaba en la misma etapa", profundiza en la cuestión. Cuando llegó con 20 años nunca había hecho música antes, pero desde entonces la evolución del proyecto y su tránsito vital han ido de la mano, asegura.

Ahora, con 24 años, recuerda a la Sofía de entonces: "Aunque queda un poco de aquella que fui, antes tenía mucho más la cabeza en las nubes. A partir del curro que hemos ido haciendo en el proyecto yo he ido poniendo los pies en la tierra, diseccionando mis propios objetivos". Así pues, el rap nunca es un fin para ellos y ellas, sino un medio. Parafraseando a la misma Sofía, estas tardes les hacen crecer como creadores, artistas, como personas; les hacen madurar y enfrentarse a sus propios miedos, ilusiones y frustraciones.

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Los chavales se reúnen para comentar el próximo bolo. Guillermo Martínez

Esta rapera ya curtida en la iniciativa terminó estudiando diseño gráfico, por lo que todos sus conocimientos los vuelva en las intervenciones semanales: "Es una cosa muy particular de Garaje, y es que no somos un grupo de personas trabajando cada uno con una determinada función, sino que utilizamos las habilidades de todo el equipo para sacar adelante el proyecto". Taboada, por su parte, retoma la idea de que el rap es un medio y no un fin: "Tenemos ciertas líneas rojas que no se pueden traspasar en el contenido de las letras. No forma parte de la censura, ni mucho menos, sino del proyecto educativo y artístico que queremos seguir impulsando". De esta forma, la intervención mediante el rap no deja de ser la excusa perfecta para que los educadores puedan saber qué ocurre en la vida de estos chavales, en los que se entrelazan la relación con sus familias y sus aspiraciones, por ejemplo, pero también ámbitos que empiezan a sufrir desde pequeños, como la legalización de su documentación en España, finaliza el responsable de la Asociación Garaje.