La fiesta de la sororidad en el cine
Las historias de amistad entre mujeres en el cine brillan hoy mucho más y dejan atrás el retrato de mujeres rivales, traidoras y en constante competición. Laura Mañá estrena ahora ‘Las irresponsables’ y se une a una nómina de sororidad y celebración desde el arte.

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"¿Por qué se fue con Idgie Threadgoode?", preguntaba el fiscal Percy a Ruth Jamison, a la que el juez apremiaba, "responda la pregunta señora Bennett". La mujer, entonces, tras el titubeo de un instante, decía: "Porque ella es la mejor amiga que he tenido y la amo". Tomates verdes fritos (Jon Avnet, 1991) seguía siendo, un siglo después del nacimiento del cine, solo otra excepción. Protagonistas femeninas, mujeres poderosas, cómplices, amigas, decididas, divertidas, generosas y perfectamente conscientes de su situación en el mundo. Todavía entonces en el cine eran una rareza.
"La amistad entre mujeres ha sido tradicionalmente difamada, empequeñecida o malinterpretada", escribió la historiadora feminista Marilyn Yalom en su libro The Social Sex, donde dejaba bien claro, negro sobre blanco, una deplorable realidad, la de que el cine siempre había tratado con mucho desprecio y total condescendencia, aún lo sigue haciendo a menudo, a los personajes femeninos. Y lo de ser amigas en la inmensa mayoría de ficciones significaba más bien juntar a dos o más mujeres y enfrentarlas, retratarlas por sus traiciones y sus envidias.
Las mujeres en el cine hemos sido tramposas, rencorosas, conspiradoras, ingratas, egoístas, desleales, odiosos bichos malos, casi siempre con inteligencia mínima, salvo para la maldad. Y, por supuesto, siempre hemos dependido de los hombres o hemos sido utilizadas como herramientas a su servicio y al de la historia.
La herencia del machismo
Las protagonistas de Las irresponsables, la nueva película de Laura Mañá, no son así. Ellas son amigas, comparten deseos, secretos, emociones y juntas se atreven a hacer "lo que no deben". Son Laia Marull, Betsy Túrnez y Àgata Roca, amigas en una comedia que, en palabras de su directora, es "un canto a la vida, a la reconciliación, a la amistad".
Su realidad es bastante mejor que la que vivían Thelma y Louise, un ama de casa y una camarera aburridas de sus vidas y de sus parejas… y cabreadísimas con la herencia del machismo que les había tocado. "Bueno, no estamos en el fin del mundo, pero desde aquí se ve". Así era, Susan Sarandon y Geena Davis veían clarísimo el horizonte en aquel 1991, pero todavía el cielo estaba muy negro.
Silke y Candela Peña también hacían un viaje juntas, también eran amigas, en Hola, ¿estás sola? (1995), ópera prima de Icíar Bollaín, que ya advirtió entonces que su cine iba a cambiar ciertas tendencias dominantes masculinas. Una tarea a la que se han lanzado muchas otras cineastas, dispuestas a celebrar la sororidad y mostrar al mundo cómo es de verdad la amistad entre mujeres.
Enterrar la testosterona
Céline Sciamma lo hizo en 2014 en Girlhood, una estupenda historia de complicidad entre adolescentes de barrios desfavorecidos y una celebración del espíritu libre femenino. Olivia Wilde enterró toda la testosterona de las películas de instituto y limpió el ambiente con una refrescante atmósfera feminista en Súper empollonas (2019), aventura de dos estudiantes excelentes, íntimas amigas y que ahora se van a comer el mundo.
Nora el Hourch mostró la fuerza que tienen las mujeres cuando se reúnen frente a la opresión y los abusos en HLM, Pussy (2023). Payal Kapadia transmitió la belleza de la amistad femenina, además de muchas cosas más, en su extraordinaria La luz que imaginamos (2024)…
Que la igualdad es cosa de todos es una verdad que muchos no han entendido todavía, pero no todos. Hay hombres en el cine que han mirado a las mujeres despojados de prejuicios y apeados de la superioridad y el machismo milenarios. Pedro Almodóvar lo ha hecho varias veces, su más reciente película, La habitación de al lado (2024) era una hermosa y profunda historia de amistad entre dos mujeres. Terry Zwigoff siguió los pasos de dos adolescentes, siempre juntas, en Ghost World (2002), con las jovencísimas Thora Birch y Scarlett Johansson. Leales entre ellas a pesar de los años eran las mujeres de Eternamente amigas (1988), de Gary Marshall, y las de Magnolias de acero (1989), de Herbert Ross, contagiaban los cines de sororidad.
Cambio de tendencia
Las cosas han cambiado, no se han corregido como es debido del todo, pero la industria, consciente de que las mujeres son las que más acuden a los cines -y, casi siempre, en pandilla de amigas-, dedica ahora una mirada diferente a los personajes femeninos buscando la sintonía con las espectadoras. En una sociedad más feminista, la incorporación de mujeres cineastas es clave, por supuesto, en este cambio.
Y el año pasado se conquistó una victoria que parecía imposible, impensable incluso en 2023. El porcentaje de protagonistas femeninas en las 100 películas más taquilleras de EE.UU. de 2024 igualó al de los personajes principales masculinos (42%). Es la primera vez en la historia reciente que ocurre esto, según el informe anual It’s a Man’s (Celluloid) World, realizado por la profesora Martha Lauzen de la Universidad Estatal de San Diego.
La cifra de 2023, el 28%, era, en palabras de Lauzen, "desoladoramente escasa". Reflejaba la tendencia natural del cine, un arte que expulsó a las mujeres en sus primeros tiempos, en cuanto éste se convirtió en industria, y que ha estado en manos, mayoritariamente, de hombres blancos de clase media alta encantados de mirar al mundo desde su atalaya de dominio patriarcal.
Poco a poco se van acortando las distancias y las mujeres que cuentan historias son cómplices y trabajan juntas... y están tan indignadas como Jo March (Saoirse Ronan, en Mujercitas, de Greta Gerwig): "Siento que las mujeres tienen mente, tienen alma además de corazón. Y tienen ambición. Tienen talento además de belleza. Y estoy harta de que la gente diga que una mujer solo vale para el amor. ¡No lo soporto!"




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