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Cristina Peri Rossi, la voz de la belleza ingobernable

A lo largo de su trayectoria literaria, la escritora uruguaya –Premio Cervantes 2022– lo ha contado (casi) todo; el amor, el desamor, la memoria y el olvido. Su obra nos permite rearmarnos de sentido frente a las dictaduras y el patriarcado.

Una imagen de archivo de la escritora Cristina Peri Rossi.
Una imagen de archivo de la escritora Cristina Peri Rossi. EP

La escritora Cristina Peri Rossi (Montevideo, 1941) lleva 50 años consagrada a la literatura, una dedicación a la que se ha sometido voluntariamente como último reducto frente a la banalidad de lo cotidiano. Un lugar en el que estar a salvo y rearmarse de sentido, un sentido y una lucidez que le han permitido luchar contra las dictaduras y el patriarcado.

Dos frentes abiertos a los que la uruguaya opuso siempre la belleza. Una pugna desigual que le ha valido el Premio Cervantes, galardón que ha recogido la actriz Cecilia Roth debido a que la escritora no ha podido asistir a la ceremonia por motivos de salud.

Comprometida con los valores de izquierda, Peri Rossi abandonó en 1972 su país cuando este se dirigía con paso firme a una dictadura cívico-militar. Con una breve escala en París –fue allí donde conoció a Cortázar, con quien mantuvo una fructífera amistad que más tarde refrendó con un libro–, la autora llegó a Barcelona donde fijó su residencia.

Poco amiga de las "capillitas" literarias, Peri Rossi se ha mantenido siempre al margen de los grandes grupos editoriales, de tal forma que su producción la ha ido diseminando a través de pequeños sellos independientes como Menoscuarto (novelas y relatos) y Cálamo (poemarios y un libro de memorias). 

"Soy una francotiradora, una trapecista que realiza sus saltos sin red abajo", confesaba Peri Rossi en una reciente entrevista con Público. Y es que la autora nunca flirteó con la posibilidad de domesticar su obra con fines comerciales. Por ese abismo ha desfilado toda su vida literaria y por ese, a buen seguro, seguirá.

Peri Rossi nunca se arredró, con su literatura cargó contra gobiernos autoritarios y dictaduras, aliándose siempre con los sin voz, las minorías excluidas por razón de género o por su ideología.

En su larga trayectoria ha cultivado todo tipo de géneros; la poesía, el ensayo, el periodismo y la literatura. Su bautismo llegó con Viviendo, un libro de cuentos que publicó en 1963. Más tarde, en 1968, llegaría Los museos abandonados, seguido de El libro de mis primos, un año después.

Su mirada artística es renacentista, abierta a todas las disciplinas y con una curiosidad voraz por cuanto le rodea. Una curiosidad que impregna su obra y sus relatos, recopilados en Cuentos reunidos, un libro que recoge 30 años de escritura, un periplo que le ha llevado a contarlo (casi) todo; el amor, el desamor, la memoria y el olvido, el sexo, el deseo o el miedo.