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Darse de bruces con la violencia

La primera retrospectiva de Kendell Geers en España sacude conciencias

ISABEL REPISO

El artista Kendell Geers (Suráfrica, 1968) es como su obra, siniestro, denso y cortante. Sus fantasmas son la manipulación –ya proceda de los medios de comunicación o de los postulados de Fe–, la violencia, los símbolos y el lenguaje. Tocamos todos los palos con motivo de su primera
retrospectiva en España, Irrespektive, que permanecerá abierta hasta el 24 de agosto en el centro Domus Artium 2002 (DA2) de Salamanca. 

Que nadie se espere confort. El universo que propone Geers es incendiario: un coche volcado que destila llamaradas, un pasillo revestido con bolsas para cadáveres, estrellas invertidas… “Lo más aproximado a una obra de arte ideal es un accidente de coche porque provoca que te pares y mires. Buscamos la sangre, la muerte, la conciencia de estar vivos o tal vez nuestra propia vulnerabilidad. Provoca repulsión y, al mismo tiempo, atracción”.

¿Significa eso que el espectador es parte de la pieza? “Sí. El arte es el único modo de comunicación capaz de cambiar el sistema de creencias éticas y estéticas de la gente y, en consecuencia, de cambiar el mundo”. Y como todo medio de comunicación, necesita de un emisor y un receptor.

El monstruo de Suráfrica
Sus palabras son tan potentes como sus propuestas. En esta muestra es desaconsejable pasar por alto el título de las piezas. El único Autorretrato que ha hecho en toda su carrera es una botella rota de Heineken. Descifremos: Geers es un blanco nacido en Suráfrica, un producto del apartheid ¿y bien? “Ideológicamente soy esa botella rota. Soy un monstruo, lo que quedó en África de la ingeniería social de los holandeses”. Y aunque su arte está plagado de reflexiones ideológicas no se considera un artista político.

No le interesa dictar opinión sino que los visitantes tomen conciencia de su propia ideología. Pongamos un ejemplo. En Irrespektive hay una instalación con forma de cruz. El espectador puede ir a la izquierda, la derecha o seguir hacia adelante. “Planteo una elección. Cuando alguien valora una obra de arte se está significando políticamente, porque está reflejando sus creencias éticas y estéticas. Me interesa que el visitante tome conciencia de su propia ideología, independientemente de cuál sea”. Tres, dos, ¡uno! Elijan y mírense en el espejo.