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El español que hizo sonar el Big Ben

Se cumplen 150 años de la primera campanada del famoso reloj, en el que trabajó el leonés Rodríguez Losada

NELA DOMENECH

El 11 de julio de 1859 sonó por primera vez, a la hora en punto, la campana conocida como Big Ben, la mayor de las que hay en la torre del Gran Reloj del fastuoso palacio de Westminster, hoy símbolo de la ciudad y el medidor de tiempo más famoso del mundo.

El reloj comenzó a funcionar a finales del mes de mayo de aquel año, y el 7 de septiembre empezó a marcar los cuartos de cada hora. El relojero que diseñó la entonces innovadora y embrollada maquinaria, Edward John Dent, falleció en 1853, seis años antes de su inauguración. Los ingenieros británicos contaron con un español, José Rodríguez Losada, nacido en 1797 en Iruela (León), para terminar la obra.

Oficial de caballería y maestro de relojeros, Rodríguez Losada vivía en Londres exiliado por sus ideas liberales. Tenía una tienda y un taller en el número 105 de Regents Street, la céntrica calle londinense en la que entonces se reunían los proscritos políticos españoles que huían de la dura represión instaurada por Fernando VII.

La campana más grande se llama Big Ben en homenaje a Benjamín Hall, político, ingeniero y promotor de la reconstrucción del edificio del Parlamento tras el incendio de 1834. Para hacer funcionar el reloj intervinieron el arquitecto Charles Barry, el abogado Edmund Beckett Denison y Dent, quien diseñó un sistema de escape de gravedad como el que ideó o copió Rodríguez Losada para la catedral de Málaga en 1868.

Dent y Losada iban a la par en sus gestas para medir el tiempo y hacer cronómetros o aparatos de precisión, pero ninguno de ellos encontró en sus sucesores profesionales a su altura. Tras la muerte de Dent en 1853, su hijastro, Frederick, hijo del primer matrimonio de su esposa, se encargó sin éxito de finalizar el contrato que tenía Dent para el reloj y las campanas. Rodríguez Losada se casó con una inglesa y murió sin hijos en 1870. Le sucedió su sobrino Norberto Riego, quien solo pudo mantuvo el taller abierto hasta 1890.

La rivalidad entre ambos por ser pioneros fue feroz. El escape del reloj de la Puerta del Sol es de tipo Shelton, un sistema que Losada perfeccionó al mismo tiempo que Dent aplicaba su sistema de escape de gravedad al Gran Reloj de la torre de Westminster.

Losada huyó de España en 1828 ante el absolutismo de Fernando VII. Su huida tuvo aire novelesco, pues el superintendente de la Policía de Madrid acostumbraba a disfrazarse para integrarse en las reuniones clandestinas de los liberales y así obtener información y efectuar detenciones.

En una de esas reuniones, a la que acudió disfrazado de fraile, el policía fue víctima de una trampa y se vio obligado a firmar un salvoconducto para que Losada pudiera abandonar España. Estuvo dos años en Francia antes de pasar a Inglaterra. En 1835 fundó una tienda de relojes en Euston Road, en el norte de Londres. En 1841 se anunciaba en la Gaceta de Madrid para recibir encargos de "relojeros, plateros, maquinistas, dentistas y otros ramos" a quienes atiende en su domicilio de Tavistock Square, en Londres.

Pese a todo, Rodríguez Losada no era rencoroso. Nombrado relojero de cámara de la reina Isabel II y cronometrista de la Marina Militar española, regaló al pueblo de Madrid el famoso reloj de la Puerta del Sol a pesar de vivir en el exilio político de Londres. Esta obra se instaló en 1855, cuando ya había colaborado con Dent para especializarse en relojes de torre, cronómetros y reguladores astronómicos.

El relojero Losada, de familia campesina, se acercaba del norte hacia el centro de Londres hasta que se instaló en Regents Street. Mientras, Dent tenía su taller en el Strand. Alfred Stram, uno de los mejores cajistas de relojería ingleses, trabajó durante años para Losada quien fabricó más de 6.000 aparatos, la mayoría relojes de bolsillo.

En 1859, cuando el reloj y la campana Big Ben empezaron a funcionar, los exiliados españoles en Londres conspiraban contra el gobierno de Madrid. El carlista Ramón Cabrera se paseaba por Regents Street y por la tienda de José Losada para demostrar que no formaba parte del complot que acabó con el desembarco del general Jaime Ortega en San Carlos de la Rápita (Tarragona), procedente de Mallorca.

En 1993, la casa de subastas Christies de Londres sacó a la venta un reloj de bolsillo en cuyo reverso se leía "JR Losada 105 Regents Street". Los tasadores de la compañía de ventas lo valoraron entre 10.000 y 15.000 euros. El reloj fue adjudicado por 24.000 euros.

Con el prestigio adquirido por el campesino de León y eminente maestro de relojeros, la Marina española le ofreció a Losada el regreso a su país natal para fundar una escuela de relojería y la condecoración o título que él escogiese para el matrimonio Rodríguez Losada.

Sin embargo, el relojero rechazó la propuesta que, en otros tiempos, había sido su sueño. Quizás, en el exilio, se dio cuenta de la fugacidad de los gobiernos españoles del siglo XIX. Murió en 1870 de una cirrosis hepática, dejando una fortuna de 30.000 libras esterlinas que recibieron sus familiares y sirvientes.