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Estrenos: ‘Rodin’ Rodin, un escultor genial con corazón de barro

Jacques Doillon firma ‘Rodin’, un biopic sobre el escultor, donde narra la intensa relación que mantuvo con la artista Camille Claudel y donde revela su carácter machista, iracundo, egoísta e interesado. Los protagonistas son Vincent Lindon e Izïa Higelin.

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Votos: 8

Imagen de la película 'Rodin'

“Trabajamos sobre lo íntimo como nadie, como artistas hacemos obras maestras, pero como seres humanos somos miserables”. La escultora Camille Claudel echa en cara a Rodin, con toda la furia que lleva dentro, su egoísmo y la mezquindad emocional que muestra hacia ella. La relación apasionada, creativa y personal, de esta pareja es una de las más conocidas de la historia del arte y ahora el cineasta Jacques Doillon vuelve sobre ella en la película ‘Rodin’.

Con Vincent Lindon e Izïa Higelin en los papeles principales, la película tiene un propósito evidente de retratar al artista bautizado como el padre de la escultura moderna, sin embargo, es el personaje de Camille Claudel el que gana la partida. “Tengo mucho aprecio por Camille Claudel pero siempre me pareció muy curioso que haya dos películas sobre ella en Francia y ninguna sobre Rodin”, dijo Doillon en una entrevista concedida en Colombia, poco antes de participar en el Festival de Cannes, sin apreciar que su propia película concede mucho más alma y despierta más interés por Claudel que por Rodin.

Creador total

Uno de los trabajos a los que se refiere el director es ‘Camille Claudel, 1915’, un experimento de Bruno Dumont de 2013 con la actriz Juliette Binoche, que se centraba en los días de la artista encerrada, desesperada, en un manicomio francés. El otro título es ‘La pasión de Camille Claudel’, de Bruno Nuytten (1988), en el que Isabelle Adjani daba vida a la escultora y revelaba con su interpretación el carácter libre e independiente, poderoso, de la artista. Gérard Depardieu encarnaba a Rodin.

Dos miradas hacia la mujer que Jacques Doillon no desprecia totalmente ahora, pero de la que se aparta para seguir los pasos, mucho menos seductores, del éxito del escultor. Un hombre que el propio director retrata en su película como un creador total, obsesionado con su trabajo, inflexible en sus decisiones artísticas, tímido, sin embargo, en el exterior, donde otros –Monet, Degas, Rilke…- luchaban más que él por conseguir la consideración hacia sus obras. La grandeza creativa de Rodin contrasta, en este filme, con su ruindad emocional.

El gran escultor era irascible, a veces grosero, interesado, autoritario. Seducía a todas las mujeres que podía, desdeñando el dolor que ello producía en Rose, la mujer con la que convivió toda su vida, madre de su hijo y con la que se casó poco antes de morir, y en Camille Claudel.

“Te amo con furor"

Admirador de la obra de la escultora, que primero fue su discípula y terminó siendo su maestra, Rodin le pidió incluso que hiciera algunos estudios, especialmente de manos y pies, de algunas de sus esculturas. “Te amo con furor”, le dice en la película, donde poco a poco el hombre se va desvelando como un genial artista y un machista colosal.

Incondicional de las piezas de Claudel, la película no esconde, sin embargo, la forma en que Auguste Rodin la utilizó en sus deseos personales y en su propia creación. El amor que ella sentía por él le impedía romper del todo la relación.

Camille Claudel pidió a su amante que firmara un contrato-compromiso en el que, entre otras cosas, prometía llevarla a Italia y después casarse con ella. Cuando comprendió que aquello no iba a ocurrir nunca y debilitada por la humillación profesional que sufrió como mujer y siempre a la sombra de Rodin, le abandonó.

“Eres un bicho, Camille"

“Eres un bicho, Camille. Y ¿sabes por qué? Porque no te reconocen en lo que vales y no lo soportas. Y a mí sí. Es injusto, pero daña mucho nuestra relación”. Auguste Rodin se muestra en ese momento, después de haber convencido a la mujer de que aborte –“nuestros hijos nacen de la arcilla y de la piedra”- como un ser absolutamente despreciable al que no le importan todos los obstáculos que ella intenta superar en el circuito artístico francés.

“Es impensable que una mujer esculpa un desnudo, mientras que a ti te dejaron en paz con tu ‘Beso’”, le dice refiriéndose a una de las obras más celebradas del escultor. Así fue, mientras Auguste Rodin iba ganando prestigio con sus trabajos, Camille Claudel quedaba relegada, cada vez vendía menos esculturas –“es tan humillante que solo me pidan el busto que hice de ti”- y muchos llegaron a acusarla de plagiar al artista.

Imagen de la película 'Rodin'

La última humillación 

La realidad es otra. El estilo de Camille Claudel y Auguste Rodin se acercaban antes incluso de que ambos se conocieran. Además, mientras ella trabajó en el estudio del escultor, se dejó cautivar por otras influencias, como el Renacimiento florentino, la escultura barroca francesa y las obras de Donatello. Y aunque hubo un momento en que las creaciones de los dos artistas no podían apenas distinguirse, Claudel siguió su propio camino y fue alejándose de Rodin.

Su libertad creativa es sobre todo evidente en los temas que eligió para sus esculturas, mientras él se entregaba a la grandiosidad de la mitología y la literatura, ella atendía a lo cotidiano, mucho más sencillo.

Auguste Rodin fue, merecidamente, un escultor reconocido y alabado en vida, un artista audaz que esculpió desnudos y concedió una nueva vida a la escultura, lejos de las reglas academicistas de la época.

Camille Claudel cosechó escasos éxitos y fue señalada como ‘plagiadora e inmoral’. Tras abandonar a Rodin, vivió muchos años al borde de la miseria y finalmente fue ingresada en dos psiquiátricos, donde estuvo encerrada 30 años y donde murió.

Fue enterrada en una tumba sin nombre de pacientes olvidados por sus familias. La última humillación.