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La gemela desvela los secretos de la Gioconda

La pinacoteca española revela que la copia que guarda desde hace años es la primera réplica de la obra maestra de Da Vinci, realizada de forma simultánea en el mismo taller

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La Gioconda luce cejas. Muy finas. Casi estilo años sesenta del siglo XX. El escote de su vestido está adornado con una especie de dibujos de cenefas y el manto que la cubre tiene multitud de pliegues. El paisaje también se ve más nítido. Se observan las montañas y los ríos. Una luz resplandenciente ilumina todo el cuadro. Nada que ver con esa sombra velada a la que el espectador está acostumbrado y que le dan ese toque misterioso que ha generado novelas, ensayos y todo tipo de teorías sobre su sonrisa e identidad.

Este luminoso retrato, con trazos de haber salido recientemente del taller de pintura de Leonardo da Vinci, es el nuevo gran hallazgo del mundo del arte, según el Museo del Prado de Madrid. Se trata de una copia del mismo tamaño que la Mona Lisa que guardaba la pinacoteca desde hace más de 14 años y que ahora, después de un trabajo de restauración de dos años, se ha desvelado como la primera réplica conocida del famoso lienzo, realizada en el mismo taller y al mismo tiempo que el genio italiano daba cuerpo a su Gioconda. 'Gracias a las investigaciones hemos descubierto que el autor utilizó las técnicas del taller de Leonardo y eso nos permite decir que se hizo allí. Esto es lo más importante', recalcó ayer Miguel Falomir, jefe del Departamento de Pintura Italiana del Renacimiento del museo, quien a su vez descartó que la mano de Leonardo se halle detrás. Los expertos atribuyen la autoría a Francesco Melzi, uno de los ayudantes del creador de La última cena, que entró en su taller en 1506, el mismo año que Da Vinci terminó la Gioconda.

La 'Gioconda española' se halla en nuestro país desde el siglo XVII

La revelación pictórica, con la que escritores como Dan Brown andarían frotándose las manos, apareció ayer por primera vez en la revista especializada en arte The Art Newspaper. El artículo informaba de la conferencia que dio hace dos semanas Ana López Mozo, miembro del gabinete de restauración del museo español, en la National Gallery de Londres. En ella señalaba que la Gioconda del Prado podría tener un valor mucho mayor que el que hasta ahora se había atribuido. Es más, ese lienzo podría desvelar muchos de los secretos que aún esconde esta Mona Lisa, uno de los pocos cuadros que Da Vinci se llevó a París tras abandonar Italia.

Casi todos los descubrimientos están dotados de casualidades y elementos fortuitos. Y en este, por supuesto, no falta el azar. O la suerte.

Falomir: 'Ha estado 400 años en las mismas condiciones climáticas'

La Gioconda española se halla en nuestro país desde las primeras décadas del siglo XVII. Perteneció a la Antigua Colección Real hasta que pasó a manos del Prado. Desde entonces nunca se ha movido de allí, lo que, según señaló Falomir, 'ha permitido que se conserve tan bien. Ha estado 400 años en las mismas condiciones climáticas'.

No obstante, cuando hace dos años el museo del Louvre pidió el lienzo con motivo de la muestra que preparaba para marzo de 2012 sobre el cuadro de Leonardo La Virgen, el Niño y Santa Ana, comenzaron nuevos trabajos de restauración. Para entonces, los expertos sostenían que este cuadro, que ya había sido expuesto con anterioridad, era una copia más de las 'muchas' que existen sobre la obra maestra. Dos razones llevaban al engaño: el lienzo estaba cubierto con un repinte negro y se creía que el marco era de roble, lo que hacía pensar a los expertos que era una copia flamenca realizada bastantes años después del original.

Sin embargo, cuando las máquinas de infrarrojos y las radiografías comenzaron a dar los primeros resultados, las restauradoras, Ana González Mozo y Almudena Sánchez, se dieron cuenta de que quizás tenían entre manos algo más grande de lo previsto.

La obra podrá verse en el Louvre en una exposición en marzo

'Tras el análisis de los pigmentos vimos que debajo del fondo negro había un paisaje que era extraordinariamente similar al de la Gioconda original. Y vimos que el retinte se había hecho 250 años después. No sabemos muy bien por qué, quizá por la moda de aquella época', explicó Falomir. También comprobaron que el marco no era de roble, sino de nogal. Y aquel dato apuntaba directamente a la escuela italiana.

No obstante, quedaban más misterios por desvelar de aquella copia tan perfecta: ¿podría ser el autor Leonardo? Y si no, ¿quién podría hallarse detrás de esta copia? ¿Cuándo había sido hecha? La aparición de las cejas, de los pliegues del vestido y, sobre todo, una factura en la pintura diferente a la que utilizaba Da Vinci, mostraron las primeras diferencias con respecto al cuadro original. Sin embargo, algo hacía pensar que su creador podría encontrarse muy cerca del autor de La dama del armiño.

'Hay cinco cuadros que Leonardo se llevó a Francia y han sido muy pocas veces investigados. Ahora estamos intentando entender cómo trabajaba Leonardo. Y lo que nos hemos dado cuenta con esta obra es que utiliza sus mismos trazos', explica la restauradora Ana González Mozo. A pesar de que la factura pictórica sea distinta, la mano que movía el pincel sigue las mismas líneas que las del pintor florentino. 'Si se miran ambos cuadros, parece que se han realizado a la vez. Es como si estuviéramos en el mismo taller al lado del propio Leonardo', incide Gabriele Finaldi, subdirector del Prado.

Una de las técnicas más conocidas del genio es el esfumato. Este consiste en una superposición de varias capas de pintura suaves, lo que da un efecto de vaporosidad. De ahí que la Gioconda original tenga ese halo misterioso en sus contornos. En la réplica, estas transiciones del color son aún más evidentes, lo que se explica por cómo ha afectado el tiempo a una y otra obra. Este factor también revela por qué la réplica conserva más detalles que la original. 'Desde luego, si el cuadro del Louvre se limpiara, aparecería esta réplica', admite Finaldi.

En la revista The Art Newspaper se citaban dos posibles autores, Malzi o Andrea Salai, ambos ayudantes de Leonardo en aquella época. Los expertos del Prado apuestan, sin embargo, por el primero, ya que, aunque no se conocen obras suyas, 'a Malzi se le han solido atribuir más copias', insiste Finaldi.

Esta nueva Gioconda, la copia más antigua que se conoce, podrá verse en el Louvre, en la exposición que se abrirá a finales de marzo. No es probable que luzca al lado de la original, puesto que esta no se puede trasladar debido a su estado de conservación. Sin embargo, los expertos coinciden en que la réplica aún puede dar muchas sorpresas. 'Aún es una obra que está en proceso de restauración', afirman. A finales de febrero pretenden poner fin al misterio. Y este podría ser también un buen punto y final a una de esas novelas de cuadros y conspiraciones de Dan Brown.