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Gigantes 'Gigantes', la historia de una familia condenada a destruirse a sí misma

El actor Isak Férriz, que interpreta al mayor de los Guerrero en ‘Gigantes’, considera que los personajes masculinos de la serie que hoy estrena Movistar+ bien podrían representar un poder y un universo que, en palabras de su hermano en la ficción, Daniel Grao, “se tambalea”.

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Daniel (Isak Férriz), Tomás (Daniel Grao) y Clemente (Carlos Librado) son los hermanos Guerrero.

“Ser un Guerrero es estar contagiado de un veneno, ser víctima de un apellido y ser un ser despreciable”, explica Daniel Grao a Público en una entrevista con motivo del estreno hoy de Gigantes, nueva serie de Movistar+ dirigida a medias entre Enrique Urbizu y Jorge Dorado y escrita por Michel Gaztambide y Miguel Barros basándose en la idea original de Manuel Gancedo. Todo eso, ni más ni menos, supone formar parte del clan de Abraham Guerrero (José Coronado), patriarca de una estirpe de delincuentes violentos, sin escrúpulos y sin conciencia que son capaces de sacarse los ojos unos a otros para poder ostentar el poder. Una familia de mafiosos de barrio que protagoniza una ficción con aroma clásico y hombres que parecen sacados de otro tiempo en la que los personajes femeninos son los grandes tapados pidiendo sitio de cara a una segunda temporada que ya está rodada.

Quienes llevan la voz cantante en Gigantes son Daniel (Isak Férriz), Tomás (Daniel Grao) y Clemente (Carlos Librado), los Guerrero. Al menos, de entrada. Tres hermanos criados bajo un modelo educativo retrógrado y poco sano. “Esta familia está condenada a acabar mal. Están devastados por una infancia terrible, que es la que se marca en el primer capítulo con el personaje de Abraham. Una situación de maltrato continuo. Estos niños, que luego son adultos, están condenados. Hay una frase del guion que me encanta que dice Sol a su hija, ‘los Guerrero están condenados a comerse entre ellos. Llevan el veneno de Abraham Guerrero en la sangre’. Las chicas, por el contrario, no”, explica Jorge Dorado, quien ha dirigido los capítulos cuatro, cinco y seis, la mitad de la serie.

Para Isak Férriz representan algo más que su propia historia. “Son herederos de lo que ha sido el poder masculino a lo largo de la historia. Es un mundo masculino fagocitándose que solo les lleva a destruirse entre ellos y un mundo femenino que ante eso decide ocupar ese lugar”. Algo con lo que está de acuerdo Daniel Grao, su hermano en la ficción y gran rival en esa lucha de poder: “Gigantes empieza siendo un mundo masculino que se tambalea, desde lo viejuno y lo arcaico. Con esas mujeres que aparentemente están ahí un poco en la retaguardia, fuertes, poderosas y que quieren hacer las cosas de otra manera (…) Para mí es un poco un espejo de lo que está pasando en el mundo. Creo que está habiendo un choque entre la vieja conciencia y la nueva conciencia. Estamos todavía en ese capullo que no es una mariposa y que es doloroso”.

Mientras ellos se pelean como perros rabiosos por quedarse el gran pastel del negocio de la droga, ellas van tomando posiciones y marcando terreno. Una de las que alza la voz es la pequeña del clan, Carmen Guerrero, adolescente mestiza que reniega de la sangre gitana de su madre, Sol (Yolanda Torosio), una mujer que se declara dispuesta a hacer lo impensable por salvar a su hija de esta autodestrucción que rodea a la familia. Sin embargo, la joven tiene otros planes para ella misma. Sabe que tarde o temprano tendrá el poder y lo quiere, como reconoce Sofía Oria, quien le da vida. Para ella, esta chica la que no le ha faltado de nada y vive en una especie de burbuja con fisuras -se entera de mucho más de lo que creen sus padres- “Carmen es una mezcla brutal entre Daniel [su tío] y Tomás [su padre]. Tiene ese poder de calcular y manipular a la gente del segundo y ese ímpetu de Guerrero fuerte de Daniel. Admira a los dos, pero ninguno es su punto débil”.

Hay poca humanidad en Gigantes. Y esto también es intencionado según Dorado. “Fue algo muy discutido con Enrique, porque siempre hay como una obsesión por el ‘buenismo’, por salvar a los personajes. En otras ficciones es como que todo el mundo tiene que tener su luz. Aquí lo que nos dimos cuenta trabajando el material sobre el guion es que todos tienen luz. Porque todos, aunque sean unos hijos de puta, que lo son, quieren a alguien”, desgrana.

Los personajes femeninos son poderosos en 'Gigantes'.

Otro personaje femenino poderoso, en el bando contrario, es la inspectora Márquez, una mujer rodeada de hombres corruptos que no cesa en su empeño por hacer justicia y que lucha contra viento y marea para intentar tumbar el imperio Guerrero. “Con la trama de Márquez hay como una narrativa diferente, no hay un pasado, se van sabiendo cosas de ella a cuentagotas, es una evolución más lenta que empieza como a mitad de la historia. Me gusta ese contraste como de dos estilos o más de narrativa que hay que se van cruzando en la serie”, explica Elisabet Gelabert, actriz que se mete en la piel de esta agente y que avisa de que esta va a cobrar más fuerza y protagonismo en la segunda temporada.

Un cúmulo de referencias

Las referencias son algo inherente al trabajo de Urbizu y quien haya visto No habrá paz para los malvados lo entenderá. Por eso es un tema recurrente en las entrevistas tanto con Dorado como con los protagonistas de Gigantes. Es inevitable hablar de ese sentido de la tragedia familiar de Shakespeare, del cine negro, del western en su estado más puro… Para Grao, todas esas referencias “la hacen única” porque “al final es como un serial y tiene ese aroma del wéstern, del cine clásico… Van a ir surgiendo muchas referencias. Pero están de casualidad. Me gusta esa mezcla de que te puede recordar a… pero que, al no ser algo buscado, no es una pose”.

Para Dorado el wéstern está y cuenta que al arrancar al proyecto, en sus primeros compases, Urbizu y él hablaron de las referencias. “Los Guerrero y los gitanos de Pátina (Manolo Caro) podrían ser los vaqueros y los sioux”, reconoce, aunque añade que “sobre todo hablábamos de Douglas Sirk. Fue muy bonito revisitar esta cosa melodramática, que puede ser lo contrario a lo que estamos haciendo pero que tenía mucho de melodrama criminal. A partir de ahí el material te acercaba mucho a eso”.

Los Guerrero son una familia de mafiosos de barrio que protagoniza una ficción con aroma clásico,

Lo importante y en lo que coinciden todos es en el hecho de remarcar que por mucho que Gigantes pueda contener referencias a esto o aquello, en realidad tiene un universo propio, el de Urbizu. Porque, como explica Dorado, “cuando intentas ser referencial o hacer un ejercicio de posverdad cinematográfica” corres el riesgo de que te quede “como un pastiche que se parece a muchas cosas pero no es nada”. Sin embargo, en su caso, siempre tuvieron claro que “el gran objetivo era que Gigantes fuera Gigantes”. Para Carlos Librado, “que tenga referencias no quiere decir que sea una copia, ni una sucesión de planos que ya se han visto”.

El realismo, que no naturalismo y la teatralidad

Lo que se cuenta en Gigantes es ficción, porque, como dice Jorge Dorado, “es absurdo que unos tipos controlen todo el tráfico de droga y expulsen a todos los gitanos”. Pero dentro de eso se ambienta en un mundo real y actual. El planteamiento fue: “Esto es ficción y estamos cogiendo una especie de personajes mitológicos y llevándolos a un universo real y reconocible como es nuestro Madrid”. Parte de esa irrealidad que se construye a lo largo de los seis episodios son esas frases lapidarias dichas casi con teatralidad en boca, sobre todo, de los hermanos Guerrero.

José Coronado encarna al patriarca de la familia Guerrero.

“A los miembros de una familia que se cree la dueña del mundo y que son intocables les pega tanto decir esas cosas y creérselo…, porque lo han mamado desde pequeños. Hemos nacido en una casa que era la del rey del barrio. Con esa superioridad con respecto a los demás, te puedes permitir decir esas frases” justifica Carlos Librado.

‘Que sepas que el disfraz es de quita y pon. El día que me lo quite te arrancaré los ojos’; ‘Las gracias se dan una vez, es educación. Dos veces es ser un gilipollas’; ‘Yo seré medio gitana, pero soy Guerrero entera’. Estas son algunas de esas sentencias que se escuchan. Para Dorado, “en el guion eran como pequeñas hipérboles que dentro de un tono realista, que no naturalista, entraban como a dar pequeñas pinceladas de irrealidad, pero que elevaban el material como a una cosa muy intangible”.

Bien dichas, en el tono justo, funcionan. Una nota más arriba y el tren descarrilaría. De ahí la complejidad. De hecho, para Grao “eso ha sido el reto y el disfrute máximo con esta serie. Porque si una cosa se tuvo clara desde el principio es que íbamos a huir del naturalismo, pero que se quería máxima verdad”. Y esas frases ayudan a “agigantar” a “unos personajes que son un poco estos antihéroes que puede rozar el cómic. Hay algo irreal en ellos y, sin embargo, tenemos que creernos todo lo que sucede, y son bestialidades”.

Para todo el equipo estas palabras lapidarias eran parte de ese juego entre lo real y lo ficticio. “Se quería huir del realismo como obligación, pero a la vez este universo que se crea es totalmente verosímil y dentro, una vez has huido del realismo, puedes jugar a un tipo de género que se mueve en el wéstern y en el noir en el que este tipo de sentencias de Barros, Gaztambide y Gancedo tienen cabida”, concluye Férriz.

Movistar+ estrena hoy la temporada completa de Gigantes (http://gigantes.movistarplus.es/), disponible en su plataforma de VOD.