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Icíar Bollaín: “Los jóvenes están cabreados con la herencia que les hemos dejado”

La cineasta convierte ‘El olivo’, la aventura de una chica rebelde y que no se resigna, en una película liberadora, muy emocionante, que es una llamada a la acción frente al inmovilismo. Es su reencuentro, tras cinco años, con una historia del guionista Paul Laverty.

Anna Castillo, protagonista de 'El olivo'.

MADRID.- Olivos de imponente belleza que han dado aceite durante milenios se arrancaron y se vendieron, en medio del ‘boom’, para decorar bancos, multinacionales, restaurantes carísimos, edificios de millonarios chinos y de Oriente Medio… “Era algo que sabía que estaba mal”, dice el guionista Paul Laverty, al que de aquella sensación, de su honda humanidad y de su compromiso y conciencia solidaria le surgió la historia de esta película, un relato que Icíar Bollaín hizo suyo y embelleció con una sensibilidad extraordinaria. El resultado, El olivo, una hermosa película, emocionante, cargada de verdad, de cabreo, de indignación y de esperanza, una llamada a la acción, “una celebración del inconformismo”.

Con un alto contenido alegórico, la película es una herramienta creativa contra la codicia, contra la voracidad de la globalización, con un reparto sobresaliente en el que se reúnen tres generaciones, las tres que la cineasta ha querido retratar en el filme. Anna Castillo es Alma, una joven de veinte años que trabaja en una granja de pollos de Castellón y que está enfadadísima con la herencia que le ha dejado esta crisis. Su padre y su tío, el ‘Alcachofa’ (Javier Gutiérrez), en los años de las vacas gordas, vendieron el olivo milenario que su padre había cuidado desde pequeño para abrir un restaurante. Con las estafas y los abusos, lo perdieron todo. El abuelo dejó de hablar cuando perdió su árbol y ahora solo quiere morir, así que Alma decide irse a Alemania a recuperar el olivo. Su tío y un compañero, interpretado por Pep Ambrós (otro descubrimiento para el cine), se unen a la aventura.

“A veces te tienes que lanzar de cabeza y la gente te ayuda por el camino”, dice Alma. Joven y cabreada con la herencia recibida, se ha dado cuenta de que ella también tiene que tomar decisiones y asumir sus propias responsabilidades. “La idea de la película es la de reconocer el daño que nos hemos hecho. Como dice Alcachofa: ‘España entera se está engañando a sí misma’. Ahora hay que quitarse la sensación de fracaso y empezar de cero”.

Los personajes de esta película deciden ir a Alemania a exigir lo que les han quitado.

Sí, pero la idea de la película es la de reconocer el daño que nos hemos hecho. A esos hombres, vender ese olivo milenario les pareció una gran idea. Lo hicieron en medio del boom de los años 2000 y pensaban que iban a sacar mucho beneficio. Resultó muy mala idea. No puedes arrancar algo que es tuyo, algo que está ahí antes que tú. Ese olivo es la historia de la vida más allá que tú. Es patrimonio y es paisaje y todos tenemos que cuidar lo propio.

En aquellos años hubo muchos que prosperaron muy deprisa y ahora se han quedado sin nada, ¿qué pueden hacer hoy?

El personaje que representa eso es el ‘Alcachofa’, Javier Gutiérrez. De pronto, todo se desinfló y la situación dejó a algunos cargados de deudas. En España hay muchos Alcachofas. Muchos que trabajaron como bestias y que luego se han quedado con deudas terroríficas y, además, los responsables de eso se han ido de rositas. Es como todos los que pasaron de ser albañiles a ser constructores, y de pronto la burbuja pinchó, ellos se quedaron atrapados, fueron los que pagaron los platos rotos. Alcachofa es un hombre de buen corazón y vive con la sensación de una gran tomadura de pelo. Al final la película habla de eso, de empezar de cero y de estar en contacto con uno mismo.

“Estar en contacto con uno mismo”, ¿quiere decir dejar de mentir y de mentirse todo el tiempo?

Sí, porque aquí todo el mundo miente. En la película también miente todo el mundo. Alma, Rafa, el Alcachofa… “España entera –dice- se está engañando a sí misma”.

Alcachofa siente vergüenza de ser pobre…

Eso es una cosa que está en la película, aunque no todo el mundo lo ve. Había una escena que subrayaba más eso, pero al final no está. Pero sí, ahora, se tiene esa vergüenza de ser pobre que antes no existía. En España pasa eso ahora, pero pasan más cosas. Una es que nadie se hace responsable y ya necesitamos que se asuman las responsabilidades. Además, tenemos que valorar nuestro patrimonio, cuidarlo y cuidarnos más. La crisis ha dejado una sensación de fracaso que no lleva a ningún lado. Hay que plantar algo nuevo.

Javier Gutiérrez, Pep Ambró y Anna Castillo, protagonistas de 'El olivo'.

'El olivo' tiene un altísimo contenido alegórico y, por tanto, muchas lecturas.

Sí. Tiene la historia primera que es la de Alma y su abuelo, la de ella y su padre, la aventura del viaje, la necesidad de pasar página… Es, además, una historia de personajes y, por otro lado, el paisaje está mucho más presente que en otras de mis películas.

¿Y la herencia que han recibido los jóvenes?

También. Alma, la chica, pone en evidencia un caso que tal vez es ahora muy obvio, que ese olivo no tenía que haber salido de aquí nunca, pero también lucha por no tener que irse. Ella es el inconformismo, ese viaje absurdo ella sabe que no tiene sentido, pero cree que tiene que hacerlo y lo hace. ¡Esta es una película de Paul (Laverty)! es una película de la celebración del inconformismo.

Hay tres generaciones en la historia, pero es Alma, la joven, la protagonista, ¿cree que la película va a conectar con los jóvenes?

Creo que sí. En algunas proyecciones que hemos hecho, conectan mucho con el tema del abuelo. La gente de veinte años tiene abuelos. Cuando estábamos haciendo el casting, a las chicas se les iluminaba la cara cuando hablaban de sus abuelos. Por otro lado, se identifican perfectamente con esa cosa inconformista de Alma, de ‘ya está bien, a tomar por saco’.

No hay que conformarse, pero la gente va a preguntarse por qué hacen un viaje que aparentemente no sirve para nada ¿no?

Pero ¿por qué no van a ir? Es muy loco, sí, pero ¿por qué no hacer algo que no sea lo que se espera? Eso es lo que nos deja a gusto. El olivo es un canto a la acción frente al inmovilismo. Alma está enfadada con sus padres, su tío… ha crecido en la crisis y se pregunta qué es lo que le han dejado. Los jóvenes son víctimas, pero ahora tienen que tomar decisiones y ser responsables de ellos y de sus vidas.

Icíar Bollaín, en el rodaje.

¿Y el riesgo de que los espectadores, muy acostumbrados al realismo televisivo, no entiendan el sentido simbólico de ese viaje?

Si, desde luego existe ese riesgo. Estos personajes se van a buscar un olivo sin tener un plan. No tiene lógica. El riesgo es que no se lo crean, pero… Nosotros queríamos contar la película en clave de cuento, un cuento embellecido con las imágenes y con la música. No queríamos añadir un componente ni muy dramático ni muy ligero, pero todo queríamos rodearlo de cierto encanto. Tengo la sensación de que hemos conseguido el tono cinematográfico. La película es un cuento, pero con un punto real, no es una fábula de irrealidad.

Y con un punto importante de humor ¿no?

Sí, era muy importante. El reto de la película era un gran reto. Queríamos cierto humor. El personaje de Javier Gutiérrez hace cosas graciosas y otros personajes… En la vida todos nos reímos.

Esta es la segunda película, tras ‘También la lluvia’, que rueda sobre un guion de Paul Laverty.

Las historias de Paul yo nunca las escribiría, a mí no se me ocurrirían nunca, aunque luego sea capaz de hacerlas mías. Él me lleva a lugares a los que yo no hubiera ido. Aquí hemos visto que la gente que tiene relación con la tierra se emociona muchísimo, bueno, es una historia de la España rural… A lo mejor hay un paralelismo con las raíces irlandesas de Paul Laverty. Por otro lado, él ha vivido toda la crisis en España y lo siente muy de cerca.