Entrevista a Germán Llorca-Abad“En la DANA encontramos ejemplos de todas las tipologías de bulos que existen”
El profesor es coautor del estudio 'Bulos y barro: Cómo la DANA ejemplifica el problema de los desórdenes informativos', que analiza el funcionamiento de las noticias falsas durante la DANA.

València--Actualizado a
La DANA no fue una catástrofe natural, sino un ataque meteorológico HAARP para beneficiar al campo marroquí. La barrancada no se produjo por la bajada de las aguas pluviales, sino que fue la consecuencia de la apertura de las puertas de presas como las de Forata (y que el agua después remontó río arriba el curso del Magro para bajar por el barranco de Chiva, por otro lado). Miles de tickets del parking del centro comercial de Bonaire —a pesar de que no se utiliza este sistema en dicho aparcamiento— evidenciarían, de la misma manera, un gran número de muertos cuyos cadáveres se habrían ocultado.
Estos, entre un sinfín más, son unos pocos bulos que se pusieron en circulación después de la catástrofe que azotó València y su área metropolitana el octubre pasado y que tuvieron una gran difusión. Y todos ellos, claro está, aparecen en Bulos y barro: Cómo la DANA ejemplifica el problema de los desórdenes informativos (Libros de la Catarata, 2025), de los profesores Dafne Calvo (Universitat de València), Germán Llorca-Abad (Universitat Politècnica de València) y Lorena Cano-Orón (Universitat de València).
Calvo, Llorca-Abad y Cano-Orón tienen una ya dilatada trayectoria en el análisis de la comunicación y, concretamente, de los desórdenes informativos. El libro que ahora publican surge de la teorización de un modelo que explica una gran parte de este fenómeno. Se trata del modelo que han bautizado como MEDI (Modelo Estándar de (Des)Información).
Cuando ya tenían casi acabado el manuscrito, la DANA irrumpió en sus vidas, como en las de tantos valencianos. De hecho, el tronco central teórico del libro se intercala con fragmentos de recuerdos vividos en primera persona de aquellas jornadas. La DANA, como acontecimiento singular, les sirvió, casi obligatoriamente, como caso de estudio para poner en práctica su esquema teórico.
Hablamos con Germán Llorca-Abad para que, además de desgranarnos y explicarnos los porqués del libro y las razones de su esquema teórico, nos haga una valoración y una panorámica del momento actual de los medios de comunicación y los retos a los que se enfrenta el periodismo para hacer frente a los desórdenes informativos.
¿Qué nos explica la DANA sobre el periodismo actual? ¿Por qué este libro y por qué centrado en el caso de la DANA?
El proyecto del libro nace hace tres años. La idea de los desórdenes informativos es una etiqueta que utilizamos en investigación, comunicación y periodismo para identificar todo lo que pueden ser problemas constitutivos del momento tecnológico comunicativo que vivimos. Es decir, cuestiones vinculadas a la propaganda, a la difusión de fake news, a la información de poca calidad, a todos estos desórdenes que, en principio, la etiqueta abarca. Y, claro, cuando el libro estaba prácticamente terminado, sucede la desgracia de la DANA.
En ese momento hacemos una reflexión y nos planteamos utilizar la DANA como hilo conductor de esos ejemplos que, en la versión inicial del libro, eran mucho más abiertos, mucho más heterogéneos. En las primeras semanas de la DANA, de hecho, ya encontramos ejemplos de todas las diferentes tipologías de desórdenes informativos que existen.
Es decir, el libro es un estudio de caso práctico centrado en la DANA de un modelo teórico sobre la desinformación que previamente habían trabajado.
Así es. Hay que tener en cuenta que el proyecto del libro ya nace con una vocación divulgativa. Es decir, no es un libro para especialistas ya desde el principio. El cambio que introducimos es que los ejemplos que usamos tienen la DANA como hilo conductor.
En el libro teorizan un modelo para explicar los desórdenes informativos, que bautizan como MEDI (Modelo Estándar de (Des)Información). ¿Podría decirnos en qué consiste?
El origen de todos estos desórdenes informativos no puede identificarse en una única causa. En este sentido, lo que nosotros proponemos como modelo interpretativo es un origen multicausal de estos desórdenes. Hay una combinación de variables, que son las que explican la mayor parte —y esto también es importante matizarlo— de estos desórdenes informativos. Es decir, el MEDI es como una especie de paraguas o de paradigma interpretativo de por qué ocurren las cosas que ocurren.
Lo que hacemos es fijar tres ejes o tres ámbitos, tres esferas, que son las que están en el libro, y que tienen una casuística multivariable. En primer lugar, está la estructural, la que tiene que ver con la concentración de las plataformas que hacen posible la comunicación en internet, pero también fuera de internet. Es decir, en realidad, son pocas empresas, las que controlan las redes sociales en las que está la mayoría de la población, pero, al mismo tiempo, también se produce esta concentración en los medios de comunicación tradicionales o convencionales. Hay como una retroalimentación, en este sentido.
¿Por qué digo también lo de la retroalimentación? Porque puede parecer una paradoja, pero no lo es: el hecho de que pocas empresas controlen todas las redes sociales no impide que haya una multitud de voces que antes no existían, o que existían en una medida mucho más reducida en el sistema de medios de comunicación anterior. Esto se combina en las otras dos esferas.
La segunda esfera es la dimensión económica. Estas empresas necesitan rentabilizar los contenidos que se difunden a través de ellas, hecho que es aplicable tanto a redes sociales como a medios de comunicación. Y aquí entramos en todo el tema de las métricas, todo el tema de las interacciones y todo el tema, en definitiva, de la obsesión por captar la atención.
Los usuarios de los que hay que captar la atención son los protagonistas de la tercera esfera, que es la dimensión pragmática. Es decir, al final, esta dimensión pragmática implica el uso que hacemos las personas de las plataformas y de los medios de comunicación. Como consecuencia de la descentralización, hay autoridades múltiples, es decir, hacemos caso al periodista que escribe una columna de opinión en un medio de comunicación convencional, pero también le estamos haciendo caso al primero que se abre un canal en YouTube y que dice cualquier cosa. Así pues, este problema de las autoridades lo tenemos como receptores: ya no sabemos distinguir quién es quién en ese contexto.
Dentro de la dimensión pragmática también está el tema de la sobreinformación. Es decir, tenemos acceso a un volumen de información inédito en la historia de la humanidad y, al mismo tiempo, estamos abocados a unas rutinas super rápidas de consumo informativo: el trending topic, el reel de Instagram, la noticia que salta en el sistema de avisos, etc.
Pero no todos los desórdenes informativos o todas las noticias falsas son iguales…
No. Y, de hecho, hay que diferenciar entre la noticia falsa o el bulo y lo que originalmente quiere decir el anglicismo fake news. Tenemos una fake news cuando la noticia está asociada directamente o bien a una cabecera o a un medio de comunicación que es falso, es decir, que no existe. Son noticias que se generan automáticamente o que no tienen una identificación clara. Cuando intentamos rastrear su origen, se suelen perder en el infinito de internet. Empiezan a difundirse a partir de un perfil de una red social o de un bot en una red social y acaban esparciéndose sin que haya tampoco vinculación alguna con un medio de comunicación real.
Además, también hacen incidencia en los desórdenes informativos que nacen con una voluntad de confundir.
Podríamos decir, en este sentido, que existen cuatro categorías. En primer lugar, tendríamos la desinformación, que sería la información falsa y que se caracterizaría porque aquí hay una voluntad de engañar. Aquí en inglés hay un matiz interesante, porque tenemos la disinformation, que es esta noticia falsa creada con la voluntad de engaño, y la misinformation, que es una información digamos de poca calidad, pero que no puede considerarse como falsa porque no tiene una voluntad explícita de engañar al receptor de la información.
Después estaría la categoría de las fake news, que es esa categoría de noticias que directamente no tienen ninguna clase de vinculación con un medio de comunicación real y que tienen muchas veces un origen desconocido. Y, por último, estarían los discursos o las noticias propagandísticas, que serían como una iteración, como una variación de la primera categoría, de la desinformación, en la que, obviamente, también hay una intención para confundir o engañar o manipular tendenciosamente al receptor de la información.
Son muy críticos con una figura como Iker Jiménez y su cobertura de la DANA.
Antes que nada, tendríamos que plantear la discusión de si esa persona es periodista, o si debemos optar por una etiqueta o por una definición más amplia, como la de comunicador. Y esta es una discusión que no tiene final. ¿Qué ocurre? Que estas figuras de comunicadores/periodistas también habitan los medios de comunicación tradicionales, y justamente por esa posición de privilegio que tienen, en este caso, en una ventana tan potente como es la tele, pueden arrastrar a mucha gente en redes sociales. Y esta es una de las variables o una de las cuestiones que están vinculadas al modelo teórico del que hablábamos antes. Es decir, esa referencialidad innata que existe entre medios de comunicación y redes sociales.
Yo creo que se puede identificar una clara voluntad que hay de no informar correctamente por parte de estas figuras. Se puede identificar una clara voluntad de querer manipular, con una intención no diría que sea exclusivamente ideológica, pero sí que siempre busca esa repercusión económica, es decir, que siempre busca una repercusión telemétrica para rentabilizar el contenido de la tele tanto como pueda. Y aquí encontramos personajes secundarios como un colaborador suyo, Rubén Gisbert, que antes de una conexión en directo se ensucia los pantalones de barro para darle un mayor dramatismo o para generar espectáculo.
En la misma línea, también plantean casos como los de Ana Rosa Quintana, Risto Mejide o Sonsoles Ónega, que, pocos días después de la catástrofe, ya están haciendo directos desde la zona afectada. ¿Qué interés real pueden tener estas actuaciones, más allá del espectáculo?
Se trata de una estrategia que busca el espectáculo para tener más audiencia, pero que no responde a una búsqueda de la verdad. Es cierto que el morbo asociado al espectáculo televisivo es algo casi tan antiguo como el medio, pero también lo es que, en la actualidad, se ha aumentado esta apuesta por la espectacularización. En muchas ocasiones, lo que busca este espectáculo audiovisual es captar la atención a partir del morbo, de la lástima.
Durante la DANA, hubo quien buscó el morbo con el único objetivo de ganar audiencia
Una pregunta un poco naíf: ¿cómo es posible que nos creamos según qué noticias que hemos visto en la DANA y que relatan en el libro? Por ejemplo, que la DANA fue un ataque meteorológico HAARP, que fue causada por la apertura de presas, que es un plan para beneficiar a la agricultura marroquí…
La razón es que no tenemos entrenada una mentalidad, más que crítica, analítica, respecto de la calidad de la información que estamos consumiendo. Otro aspecto es que la inmensa mayoría del consumo informativo que hacemos es individualizado. Es decir, lo hacemos a través de una pantalla de teléfono y es como si en la privacidad o en la falsa privacidad de este entorno, las noticias nos llegaran directamente a nosotros, porque pensamos que tenemos una gran capacidad de elección, a pesar de que las plataformas hegemónicas pertenecen a tres o cuatro empresas. Esa confianza, que antiguamente teníamos en el presentador de televisión o en el periodista que escribía la noticia, ahora la trasladamos a ese entorno, a esos espacios en los que hemos generado una confianza que muchas veces no tiene ningún sentido.
La tercera cuestión tiene que ver también con el proceso de polarización ideológica que, sobre todo, se ha agudizado en los últimos cinco años. Ni siquiera en el caso del Estado español me atrevería a ir más atrás. Toda discusión ideológica, sea sobre lo que sea, se plantea futbolísticamente. Es decir, cuando somos fans de un equipo de fútbol, no queremos saber nada de las explicaciones que puedan darnos, no queremos entrar a discutir los matices o los detalles que pueda haber en la información, sino que establecemos una diferencias entre los nuestros y los otros.
La cuarta razón tiene que ver con un concepto que viene de la historia del periodismo: el sesgo de confirmación. Las personas tenemos una tendencia a creernos, sean verdad o no, sean exageradas o no, o sean mentira o no, todas aquellas informaciones que confirman los prejuicios, ideas preconcebidas o lugares comunes que creemos reales y que tenemos instalados en nuestro sistema de creencias, muchas veces sin ser conscientes de que es así.
A todo esto hay que sumar la velocidad de la información. Y también hay estudios que demuestran que, en situaciones de emergencia, tendemos a creer más en estas informaciones que en otros contextos, racionalmente, nos parecerían mentira. En estos contextos de emergencia, este tipo de desórdenes informativos tienen una mayor capacidad de difusión porque las personas queremos saber qué ha pasado y cómo reaccionar. Todo ello configura un caldo de cultivo ideal para que todas estas informaciones, que en otro contexto de percepción o recepción serían descartables, se difundan tan rápidamente en situaciones de emergencia, porque nos dan una respuesta y esto nos hace sentirnos más tranquilos.
La polarización actual es un caldo de cultivo ideal para que crezcan los desórdenes informativos
Además, sentimos la necesidad de compartir esa respuesta en nuestras redes de confianza, para ofrecer también esa tranquilidad a gente cercana. Y difundimos estos desórdenes informativos en los grupos de WhatsApp de los colegas del trabajo o los compartimos en Twitter.
En su libro alertan de una desconfianza generalizada y creciente hacia los medios de comunicación tradicionales. ¿Este no es también un caldo de cultivo ideal para el éxito de figuras como Iker Jiménez, que, además, actúa desde un medio tradicional, en un círculo vicioso?
Hay muchas razones detrás del descrédito o la decadencia que desde hace unos veinte años vive el sistema de medios de comunicación tradicionales, pero una de las más importantes se puede resumir en que donde antes había tres periodistas, ahora hay uno. Muchos periódicos tradicionales han ido cerrando. Los medios de comunicación, al final, en su inmensa mayoría, son empresas que necesitan tener un rendimiento económico. Esto ha provocado, no porque haya habido necesariamente una voluntad de manipular, de interferir o de desinformar, un descenso de la calidad de la información. Y en un contexto de aceleración de la información, los medios de comunicación tradicionales han entrado también en este juego de captar la atención, a través de técnicas de clickbait, por ejemplo, o de técnicas en las que no se pone por delante la información, sino la voluntad de captar la atención. En conjunto, hemos derivado en una variedad de actitudes frente a la información que acaban perjudicando lo que sería el tener una noción clara o aproximada de lo son la realidad y los hechos.
Donde antes había tres periodistas, ahora hay uno, y esta precarización del sector no ayuda a mejorar la calidad de la información
Una alternativa que ha surgido en los últimos años son los conocidos como verificadores. Pero, por un lado, vemos que, como razonan en el estudio, reproducen parte del desprestigio de los medios tradicionales, mientras que, por otro, podríamos decir que plantean la cuestión tradicional de quién verifica a los verificadores.
Cuando aparecen los verificadores como fenómeno identificable, suponen una novedad muy interesante. Desde los inicios del periodismo y de la comunicación, de los medios de comunicación, sabemos que la mala información, la desinformación o directamente la propaganda existe asociada a esa comunicación. Lo que ocurre es que muchas veces los verificadores están asociados a medios de comunicación o a empresas que tienen participación en medios de comunicación y, por pura lógica, pueden estar, de entrada, también sujetos a los mismos problemas, apremios, limitaciones, etc. Los verificadores pueden ser un elemento a añadir, es decir, pueden ser un elemento interesante que añadir en el proceso de verificar una información.
Con precauciones como las que comentamos, la función de la verificación puede desempeñar su papel. Ahora bien, si los medios de comunicación hicieran su trabajo como toca, ¿harían falta los verificadores? Quiero decir, yo creo que nadie debería confundir de ninguna manera un diario como Público con un pseudomedio como Ok Diario, por poner dos ejemplos.
Aquí entraríamos en la discusión de qué es un medio de comunicación y qué es un pseudomedio de comunicación. A grandes rasgos, un pseudomedio es un instrumento que está sirviendo a alguien para un propósito muy concreto. Es cierto que esta definición es muy genérica y que la podríamos trasladar a todos los medios de comunicación, sí, pero en los matices es donde podemos encontrar la distinción. Y muchas veces es muy clara.
¿Es posible controlar la desinformación sin entrar en la censura?
No es fácil. Al final, como efecto de la plataformización de la información, de la que hablábamos en esta dimensión estructural, resulta que, a efectos prácticos, la comunicación en internet es un oligopolio que controlan dos o tres empresas, y estas regulan el acceso a sus entornos, y sus víctimas pueden ser Donald Trump o quien haga falta. ¿Por qué? Porque les hemos concedido o les hemos dado ese poder. También a un nivel legal, regulador o administrador también les hemos dado ese poder. Y ello sin entrar en la cuestión algorítmica, la cuestión de cómo los algoritmos priorizan en los hilos o en los reels y en los entornos personales contenidos que de ninguna manera les podríamos otorgar ninguna calidad periodística.
En su estudio afirman que los grupos conservadores y de extrema derecha son los que más éxito han tenido y mejor han sabido adaptarse al entorno comunicativo de las redes sociales e internet.
Así es. Hay estudios que indican que todo el mundo, ya se identifiquen ideológicamente como de izquierdas o de derechas, comparte noticias falsas, participa del sesgo de confirmación del que hablábamos antes, pero también hay estudios que confirman que las personas que se identifican ideológicamente como de derechas tienden a compartir con más facilidad y más rápido las noticias que confirman sus puntos de vista. Insisto: ocurre también con la gente de izquierdas, pero lo hace más a menudo la gente de derechas.
La gente de derechas tiende a compartir más los bulos que confirman su punto de vista
¿Qué implica esto? Que hay una diferencia de reacción entre una persona que se identifica con la izquierda y una persona que se identifica con la derecha. Por decirlo coloquialmente, la persona de izquierdas le da muchas vueltas a todo. Cuando hay una información que, aunque confirme su punto de vista, entiende que no puede ser auténtica, dedica algo más de tiempo a entender o a pensar si puede ser real, si puede ser verdad antes de compartirla o de darle difusión.
La gente de derechas, por el contrario, tiende a simplificar más la lectura. Así, en un contexto de comunicación rápida, en un contexto de sobreinformación, cuando la gente de derechas se encuentra con eslóganes, con titulares o con conceptos que están confirmando su punto de vista, no le da tantas vueltas y tiende a compartirlos más. Los partidos políticos de la derecha y de la extrema derecha lo han comprendido mucho mejor que los partidos de la izquierda.
Los partidos de la derecha y de la extrema derecha han comprendido mejor que la izquierda cómo funcionan los bulos y las noticias falsas
A pesar de todo, la comunicación horizontal de las redes también tiene su cara positiva, y la hemos podido ver también durante la DANA, como las iniciativas, de las que también hablan en el libro de Suport Mutu y de coordinación para la ayuda de todos los voluntarios que se desplazaron a la zona afectada.
Cuando la ciudadanía hace un uso consciente de la herramienta, se pueden dar también estas situaciones positivas o estas situaciones, como estabas diciendo, de ayuda mutua, de coordinación y de difusión de información que puede ser útil, más aún en un momento de emergencia, pero no solo, claro, sino en cualquier momento. Y, en este sentido, también queríamos terminar el libro con un mensaje positivo, es decir, que no todo es negro, sino que al mismo tiempo, en la vorágine de comunicación en la que vivimos, también existe un espacio para pensar que no todo es negativo.
Como contrapunto positivo, ponen el ejemplo de la cobertura de la DANA que hizo À Punt, la radiotelevisión pública valenciana. ¿Cómo ve los últimos cambios que se están produciendo en la casa?
Veo que ese buen ejemplo de qué tendría que ser una radiotelevisión pública está en peligro. El objetivo de la actual renovación de la cúpula de informativos y directivos de À Punt ha sido, justamente, decapitar a todas estas personas que, en el momento de la DANA hicieron una tele que parecía una tele pública.
El contraste es muy grande entre la cobertura que hizo À Punt de la DANA y la que hizo Canal 9 del accidente del metro de València de 2006, que solemos tomar como referencia contraria. Podemos poner otros ejemplos, pero aquí se ve claramente que la diferencia es abismal.
¿Qué haría la nueva cúpula frente a una situación que pueda ser comparable o equiparable? En sentido estricto, no lo sabemos. Pero ya hemos vivido años suficientes para no ser tan naífs o tan inocentes y creer que no optarían por un modelo informativo como el del accidente del metro, lamentablemente.
Hay un peligro real de involución en À Punt
En todo caso, el libro puede funcionar como antídoto o como manual para evitar malas prácticas y como herramienta para construir un periodismo de más calidad y más comprometido con la verdad.
Al final, con el libro hemos querido transmitir un mensaje positivo. A pesar de todas las críticas que hacemos, el libro es también una reivindicación del periodismo profesional, es decir, de la información de calidad y de la información bien hecha, de la voluntad de informar. Y, por supuesto, también hemos querido dejar nuestro testimonio sobre un acontecimiento de la magnitud de la DANA, que, de la misma manera que la riada de 1957 o la pantanada de Tous, en 1982, marcará a toda una generación de valencianos.
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