Nacidas del talento: las mejores óperas primas del cine español
Rafael Cobos debuta en la dirección con 'Golpes', una película que reivindica el cine quinqui y que mira a los años de la Transición, cuando ya habían nacido o estaban naciendo unas cuantas de las mejores óperas primas del cine español. Las repasamos desde entonces hasta hoy.

Madrid--Actualizado a
La periferia, los españoles que vivían en los márgenes a finales de los 70 y los 80, son los personajes protagonistas de Golpes, la ópera prima de Rafael Cobos, guionista cómplice del cineasta Alberto Rodríguez, que aquí ha vuelto la vista a una España quebrada por la guerra y la dictadura. "La situación sociopolítica que vivía el país entonces yo creo que de alguna forma se conecta con el momento de ahora", sentencia el director.
Cobos, que ha coescrito junto con Fernando Navarro esta historia, una notable primera película, dialoga con la tradición del cine quinqui español al tiempo que reivindica la memoria y denuncia las consecuencias "de la fractura política que hubo en 1936 y que fue la que determinó quién iba a estar en el sitio en el que está hoy". Jesús Carroza y Luis Tosar son los protagonistas de Golpes, un debut que mira desde este siglo XXI a un pasado cercano, a los años de la Transición, cuando el cine reflejó la sed de libertad del país.

Para entonces ya habían debutado también algunos cineastas destacados. Tuvieron que pelearse su espacio en condiciones mucho peores, las impuestas por la censura del franquismo, que las que ha afrontado hoy Rafael Cobos, y a pesar de ello hicieron algunas de las mejores óperas primas del cine español.
En 1948 Llorenç Llobet-Gràcia no puedo sortear a la censura con su primera y única película, la extraordinaria Vida en sombras, uno de los mejores títulos del cine español y que ha sido injustamente olvidado. También en plena dictadura, Berlanga y Bardem dibujaron la realidad de la posguerra y criticaron un consumismo que ya anunciaba tiempos peores en Esa pareja feliz (1951), una comedia muy amarga que abría puertas a un nuevo cine español.
Y siete años después, el gran maestro Rafael Azcona debutó como guionista en otra magnífica ópera prima, El pisito, de Marco Ferreri e Isidoro M. Ferry, un clásico de nuestro cine con Mary Carrillo y José Luis López Vázquez.
Carlos Saura ya anunció el talento colosal que tenía en su primer largometraje, Los golfos (1960), película que anticipó el mencionado cine quinqui que se haría poco después, y en la que la agonía final de un novillo revelaba la derrota de una parte de España. Por cierto, que otra buena parte, la mitad, de hecho, las mujeres, sufrieron especialmente esos años del franquismo, a los que no escaparon las cineastas.
Mientras sus compañeros hombres arrancaban sus carreras con mayor o menor fortuna, ellas peleaban a brazo partido por hacerse un hueco en el cine español. Cecilia Bartolomé no renunció a su rebeldía y su libertad y en 1969 se marcó un mediometraje, Margarita y el lobo, que sigue siendo una de las películas más audaces del cine nacional. Su primer largo, ya en 1978, Vámonos, Bárbara, una de las primeras películas feministas de nuestra industria, fue puro oxígeno para las mujeres españolas.
Todavía quedaban seis largos años para que muriera el dictador cuando Basilio Martín Patino contestó a las costumbres rancias y retrógradas del franquismo con su incontestable Nueve cartas a Berta, que le valió el premio a la mejor ópera prima en el Festival de San Sebastián, galardón que le permitió esquivar a la censura.
La siguiente generación de cineastas mantuvo muy viva la revolución que había nacido con los creadores mencionados y en 1973, Manuel Gutiérrez Aragón firmó su primera película, Habla, mudita, poética y denuncia en una reflexión sobre la educación y el lenguaje. Era una producción de uno de los nombres esenciales del mejor cine español de todos los tiempos, Elías Querejeta, detrás también de una de las obras maestras indiscutibles del cine mundial, El espíritu de la colmena, primer largometraje de Víctor Erice de aquel mismo año.
En los 80 llegó la hermosísima Tasio, de Montxo Armendáriz, producción también de Elías Querejeta, y surgió el irreverente Pedro Almodóvar con Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón que rompió con todo lo que se había hecho antes y pintó de modernidad y descaro el nuevo cine español.
En los 90, Julio Medem hizo un sorprendente debut con Vacas, un trabajo arriesgado y muy especial; Agustín Díaz Yanes se estrenó como director con Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto, un magnífico thriller con el que ganó todos los premios del año, y se sintió la frescura y la vitalidad de las primeras películas de unas cuantas mujeres directoras. Icíar Bollaín se puso detrás de la cámara con Hola ¿estás sola?, Chus Gutiérrez debutó con Sublet y Ana Díez retrató muy a las claras la situación de Euskadi en su primer largo en solitario, Ander eta Yul.
En el nuevo siglo se ha multiplicado el número de producciones, las escuelas de cine han formado nuevos talentos y los descubrimientos han sido muchos y muy variados. De todos, elegimos dos: Cravan vs Cravan (2002), una brillantísima película documental con la que debutó Isaki Lacuesta y con la que declaró su intención de hacer un cine de calidad, diferente, que jugara en las grandes ligas, y Verano 1993 (2017), la conmovedora ópera prima de Carla Simón, ganadora del premio a la mejor ópera prima en Berlín y que auguraba buenas dosis de delicadeza y talento en su cine posterior.









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