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'Nasdrovia' vuelve más ambiciosa, escorada hacia el drama salpicado de humor negro

Movistar Plus+, en colaboración con Globomedia (The Mediapro Studio), estrena este viernes completa la segunda y última temporada de 'Nasdrovia' con una "traca final" de infarto.

Una imagen de la serie 'Nasdrovia'.
Una imagen de la serie 'Nasdrovia'. Olga Martín/Movistar+

La primera temporada de Nasdrovia ), estrenada en 2020, tomaba como punto de partida la crisis de los 40 de sus dos protagonistas, Edurne (Leonor Watling) y Julián (Hugo Silva), y les lanzaba a una comedia con la Tambovskaya de por medio de la que no salían precisamente airosos. Para su regreso, en la segunda y última temporada que ahora estrena Movistar Plus+, la serie creada por Sergio Sarria, Miguel Esteban y Luismi Pérez da un paso más allá. Se zambulle en el drama por razones más que justificadas, salpica todo de un humor negro muy bien medido y da como resultado una tanda de seis episodios adictiva y tremendamente imprevisible.

De su vuelta se podría decir, en palabras de su director, Marc Vigil, que es "más oscura, más dramática, más todo". Porque, como él mismo explica a la perfección, "después de matar a una persona, empezar haciendo el mongol era un poco complicado. Partimos con dos personajes con problemas realmente serios". Y es que en esta nueva entrega de Nasdrovia no se arranca con una crisis existencial provocada por algo tan anecdótico como soplar 40 velas. Edurne ha matado a alguien y ahora tanto ella como Julián están prácticamente secuestrados por Boris, para el que trabajan. Apunta Luismi Pérez que el que sigue la serie “es el camino natural que tenía la primera”.

Parten de la base de lo que ya funcionaba, la comedia, y se lanzan directamente a sacarle más partido al drama. Como añade Sergio Sarria, sin olvidarse de ese humor negro que ha caracterizado siempre a la serie producida en colaboración con Globomedia (The Mediapro Studio). El gran reto (o uno de ellos) ha estado en jugar bien las cartas de un tipo de humor difícil de manejar con el que es fácil tropezar de no medirlo bien. Sin embargo, aquí funciona a la perfección gracias a todo el trabajo que se ha hecho desde el inicio, en el guion. "Para que no saltase demasiado hemos tenido que reescribir mucho y darle muchas vueltas", comenta Sarria.

Además, usan a su favor la idea un tanto cómica que sus creadores tienen del mundo de la Tambovskaya. Luismi Pérez la describe como "una especie de costumbrismo de lo que nosotros pensamos que debe ser la mafia y, como no tengo ni idea de cómo debe ser, pues es una especie de costumbrismo surrealista". Ahí entran referencias de lo más variopintas e inesperadas como que un criminal ruso se haya enganchado a una serie de época con altos niveles de romanticismo o sesiones donde uno de ellos se descubre como un experto en inteligencia emocional. Todo eso en un contexto, como explica Vigil, en el que "el conflicto es más real y por tanto la reacción de los personajes va más en serio". Ahí, en ese contraste entre lo uno y lo otro es donde reside parte del buen funcionamiento en conjunto de Nasdrovia.

Un cambio de rumbo para los personajes

Evoluciona el tono, pero también la forma de desarrollar el arco de los personajes. El motivo es el mismo: el punto de partida es muy distinto. "Si en la primera temporada tenemos dos personajes hedonistas en busca de la felicidad, en esta segunda el objetivo ha cambiado y solo luchan por sobrevivir", sentencia Luismi Pérez sobre las motivaciones de Edurne y Julián. Aunque también apunta que está por ver (es parte de la trama central) si Edurne realmente lucha por sobrevivir o lo suyo es más otra cosa. Sobre los personajes, explica también el creador y guionista que "lo que ocurría en la primera es que los dos personajes, Edurne y Julián, eran prácticamente el mismo y aquí empezamos con que son prácticamente antagónicos, aunque sean amigos y se quieran, y eso impulsó la trama".

Una imagen de la serie 'Nasdrovia'.
Una imagen de la serie 'Nasdrovia'. Olga Martín/Movistar+

Eso en cuanto a esos dos abogados que lo dejaron todo para montar un restaurante ruso, se les cruzó la mafia y han acabado siendo parte de una organización criminal conviviendo con el miedo a recibir un tiro como parte de su día a día. Luego están los mafiosos rusos. Vasili (Yan Tual) y Sergei (Michael John Treano) siguen despertando cierta simpatía. Están a un nivel distinto. Unos cuantos peldaños por debajo en crueldad de lo que se sitúa Boris, en lo más alto de la cadena alimenticia. Con el personaje al que da vida Anton Yakovlev no hay empatía que valga. El suyo es el papel del típico jefe que tiene a sus empleados ahogados, atemorizados y que, en un alarde de cinismo, presume de ser buen jefe. En su caso, además, es vengativo, violento, intolerante y va armado al trabajo.

"Una reflexión que hacíamos de la primera temporada es que, si realmente teníamos ese ejercicio de empatía con los mafiosos rusos, quizás no era un problema tan grave para Edurne y Julián. Necesitábamos que para que fuesen conscientes del peligro y sintiesen miedo tenía que haber un elemento de miedo. Y creo que ahora eso sí lo vemos. Ves a Edurne y Julián que ven a Boris no como un tipo simpático, sino como alguien que desprende miedo", apunta Sergio Sarria sobre ese cambio a la hora de dibujar, sobre todo, a Boris.

Estos cambios de rumbo y tratamiento de los personajes lo que provocan, como comenta Marc Vigil, es que ahora estos tengan muchas más capas y que sus conflictos sean más serios. "Ahora creo que a pesar de que no es tan comedia, en la serie el equilibrio es mejor. Cuando llegan momentos cómicos, son más brillantes. Y, por supuesto, porque hemos aprendido muchas cosas de la primera. Por ejemplo, una es que los conflictos tienen que ser reales. Dos, que tenemos un elenco de rusos que son cojonudos, que hemos desarrollado sus propias tramas y les hemos hecho de carne y hueso. Eso es lo que hace que sea al final muy cómico", resume el director. Y todo eso contribuye a que los actores, con mención especial para Leonor Watling, brillen aún más.

Una serie muy pensada y planificada

Algo que se aprecia viendo la segunda temporada de Nasdrovia y hablado con sus responsables es todo el trabajo que hay detrás. En la escritura, en la planificación, en cómo está rodada y resuelta, en su montaje final. Da la impresión de no haberse dejado nada sin atar antes. Eso tiene que ver con lo que cuenta Marc Vigil: "La serie la hemos podido pensar muy bien. Poder incluirme en el equipo de guion y pensar la serie más desde el punto de la dirección, del diseño de producción, la forma de rentabilizar los recursos que tenemos… La serie se ve más ambiciosa Es más ambiciosa. En el fondo es porque hemos podido trabajar con el dinero desde el papel, saber cuándo nos íbamos a ir a Bulgaria para hacer Rusia. Hemos podido hacer muchas cosas que hacen brillar la serie y que además no estés todo el rato pasando por los mismos sitios (…) Le hemos podido sacar mucho partido a todo".

La planificación medida al milímetro y al céntimo han funcionado, pero no hay que olvidar que en esta ecuación también entran los imprevistos y protocolos de una pandemia que sigue ahí y que todo eso complica los rodajes. En este sentido Sarria menciona el esfuerzo realizado tanto por la cadena como por la productora y "que hay algo que se pone poco en valor", el hecho de que "las producciones que se han hecho en 2021 y 2020 se han hecho en condiciones muy jodidas y es un elemento que no se pone sobre la mesa a la hora de analizarlo, pero creo que sí que es complicado. Como sabemos, se paran los rodajes, hay gente que ha dado positivo… es muy difícil y es un elemento que a la hora del análisis habría que tenerlo en cuenta porque no es lo mismo que producir en condiciones normales".

Una imagen de la serie 'Nasdrovia'.
Una imagen de la serie 'Nasdrovia'. Olga Martín/Movistar+

En el caso de Nasdrovia a estas trabas coyunturales se le suma que una buena parte de las escenas están rodadas en ruso, como ya se hizo notar en la primera temporada. Eso, por un lado, añade la problemática de la comunicación con los actores. Por otro, está, recuerda Sarria, que "el tempo de comedia es el que es y cuando lo llevas al ruso a veces es desesperante. Porque nosotros, obviamente, lo escribimos en español, no lo pensamos en ruso. Y muchas veces cuando lo llevas ahí, el tempo" se rompe.

Para salir airosos de una complejidad a tantos niveles como la que plantea Nasdrovia el papel del director resulta crucial. La presión sobre Marc Vigil, como reconoce Sarria, ha sido brutal. Pero, por otra parte y como añade Luismi Pérez, "esta temporada, desde el punto de vista de la dirección, ha sido más ambiciosa. Es una serie donde el director, si cabe, brilla aún más". Mención especial al capítulo cuarto. Aunque todos alcanzan un nivel muy alto, este sobresale. ¿Las razones? Mejor que cada uno las descubra por sí mismo.

Sobre su trabajo desde la dirección en esta temporada, Marc Vigil explica que "ha sido aún más complicada porque hemos incluido actores griegos, polacos, serbios… el abanico ha sido brutal. Es complicado. La serie luce porque hemos hecho un diseño de producción, pero también porque hemos sido ultrabestias a nivel de exigencia. Es decir, la serie está tan pensada que hemos querido hacer muchas cosas. Todo tenía que tener un equilibrio brutal. Eso incluye traerse actores de todos lados, pero lo complejo es jugar en los términos del drama y que luego funcione la comedia, que al final es lo más difícil de la dirección".

De la segunda temporada de Nasdrovia se pueden decir (algunas ya se han dicho) muchas cosas, pero quizá lo mejor es que es imprevisible y, como avanza Vigil, "hay una traca final en el capítulo seis que está arriba durante ocho minutos y necesitabas cerrar muy alto". Cierra, sí, muy en alto. Con los seis capítulos disponibles a la vez, es complicado evitar el maratón.