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Niñas en el altar: cuando la crueldad también se oculta tras la mirada cinematográfica

El director y guionista Marc Dugain convierte ‘Cambio de reinas’ en una excepción, al ser un hombre el que denuncia desde el cine los matrimonios infantiles, habitualmente señalados y condenados por las mujeres cineastas.

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'Cambio de reinas'

En el año 2020, habrá 140 millones de niñas en el mundo casadas con hombres 20 o 30 años mayores que ellas. Algunas mueren la misma noche de bodas desangradas o por las agresiones a las que son sometidas. Otras contraen enfermedades como el VIH /Sida. La mayoría sufre embarazos precoces que terminan a menudo con su vida o con la de los bebés. Casi ninguna va a la escuela. Aunque la mayor parte de casos se produce en países en desarrollo, el Occidente rico no está limpio de esta lacra. Una atrocidad que los exquisitos franceses y los católicos españoles del reformismo y la ilustración del siglo XVIII ponían en práctica de la manera más vil.

El cineasta Marc Dugain vuelve la mirada a esa época y a la crueldad contra aquellas niñas en su película Cambio de reinas y señala con el dedo esa práctica brutal habitual en las casas reales como una de las causas de la “por fin, decadencia de la monarquía, que empieza a dirigirse hacia su desaparición”. El filme, un trabajo impactante, radiografía la bajeza de la que es capaz la alta política en sus juegos de alianzas y traiciones.

Mariana Victoria, de cuatro años

Después de tres años de guerra entre Francia y España, Felipe de Orleans, regente de Francia, idea un perverso plan para devolver la paz a ambas naciones. Casará a su hija de 12 años, señorita de Montpensier, con el heredero del trono español, y a Luis XV, próximo rey de Francia, con Mariana Victoria, de solo 4 años, infanta de España.

“Este episodio histórico relacionado con el intercambio de princesas es único, especialmente por la forma tan cruel en la que fueron tratados los niños”, explica el cineasta, que añade: “Los jóvenes príncipes, princesas y aristócratas fueron criados con ideas de grandeza, mientras se los infantilizaba y se les mantenía en un estado pueril: niños que jugaban a la guerra porque no tenían nada mejor que hacer. Esto es, en parte, lo que explica la decadencia de la monarquía”.

"Él me usó de todos modos"

La funesta tradición de obligar a las niñas a casarse, desgraciadamente, ha seguido perdurando con el paso del tiempo y hoy la situación es dramática. Cada dos segundos se obliga a una menor a contraer matrimonio. Y son, precisamente, esos casos de hoy en día, de este siglo XXI, los que han centrado las denuncias de cineastas de todo el mundo.

Desde el cine documental la fotógrafa Stephanie Sinclair mostró al mundo entero la escalofriante realidad de estos matrimonios en su película Muy joven para casarse. “Durante el acto sexual yo lloraba y le rogaba que parase, pero él no escuchaba. Puso su mano sobre mi boca. Yo no podía respirar y estaba llorando, pero él me usó de todos modos”, relata una de las niñas que aparecen ante la cámara. Son víctimas que la fotógrafa encontró a lo largo de ocho años de investigación en países como India, Yemen, Afganistán, Nepal y Etiopía.

'Muy joven para casarse'

Khadija Al-Salami, casada a los 11 años

Otra cineasta, la turco-francesa Deniz Gamze Ergüven, recogió premio tras premio hace un par de años —Goya a la Mejor Película Europea, Mejor Ópera Prima en los Premios Europeos y en los César, Espiga de Oro en la Seminci, Premio del Público en Sevilla, Mejor Película en Sarajevo— con Mustang. Grito de indignación hacia la barbarie de los matrimonios de menores, consentidos y avalados por la religión, aquella historia mostraba cómo se hacía pedazos la felicidad de unas hermanas cuando su abuela y su tío las enviaban hacia este oscurísimo futuro.

A Khadija Al-Salami la obligaron a casarse a los once años. Intentó suicidarse y, afortunadamente, no lo consiguió. Pidió el apoyo de su madre para divorciarse y el resultado fue el rechazo de ambas por su entorno. Khadija, sin embargo, pudo ir a la escuela y consiguió una beca para estudiar cine. Primera productora yemení de la historia, es también directora de la película Diez años y divorciada, donde dramatiza su propia historia.

El compromiso de las mujeres cineastas

Profundamente triste, de una crudeza tremenda, era la película Agua, dirigida por otra mujer, la conocida directora Deepa Mehta. Ambientada en la India colonial de 1938, el relato comenzaba con la boda de una niña de 8 años, Chuyia, con un hombre moribundo que fallecía horas después. La muerte en vida de la pequeña ya está escrita. Con la cabeza rapada, su destino es pasar el resto de su existencia en un ashram para viudas, consagrada a la memoria de su marido.

Un palmeral era el precio que ponía un hombre por su hija, Niloofar. La pequeña sería entregada en matrimonio cuando tuviera el periodo por primera vez. Obra de nuevo de una mujer de origen iraní, la película que llevaba el nombre de la niña se estrenó en el Festival de Cannes y en ella se mostraba cómo se truncaba la infancia y aquella menor se convertía abruptamente en una mujer adulta cargadas de obligaciones.

'Gran bola de fuego'

En manos de directores hombres

Cuando el asunto de los matrimonios infantiles ha caído en manos de directores, a menudo la mirada ha cambiado sorprendentemente. El foco ya no es la víctima, ésta importa mucho menos que el pedófilo que se casa, muchas veces y para mayor irritación, ‘enamorado’ de ella. En Gran bola de fuego, biografía de Jerry Lee Lewis, el episodio del rockero huyendo y casándose con su sobrina segunda de trece años se rueda desde la perspectiva del tormento que vivió el músico, perseguido por este acto. Aunque no había demasiado ambigüedad en las escena de violencia contra la adolescente, la película de Jim McBride terminaba con una más que dudosa fotografía en créditos de Jerry Lee Lewis con su mujer y su bebé recién nacido.

En Chaplin, el biopic que Richard Attenborough dedicó al genio, el retrato que aparecía era pura amabilidad y pasaba por alto la relación de éste con la adolescente Mildred Harris, a la que dejó embarazada. Y ello en un supuesto recorrido por la vida del artista. Eso sí, a cada cual lo suyo, la pedofilia sin estar atada por los ‘sagrados’ lazos del matrimonio se ha mostrado en muchas ocasiones en el cine que dirigen los hombres.

Tampoco son hombres la mayoría de los miembros de Girls Not Brides, alianza que aglutina a diferentes organizaciones del mundo y que preside Mabel van Oranje. Su objetivo, erradicar el matrimonio infantil antes de 2030. En junio, unas quinientas activistas de más de setenta países se reunieron en Kuala Lumpur, donde Hadiqa Bashir, de 17 años —que puso en marcha Niñas Unidas por los Derechos Humanos, después de que su familia intentar casarla a los 11 años—, aseguró que aquel encuentro le había demostrado “que el matrimonio infantil no es solo un problema en mi país, es un problema mundial, por eso necesitamos una solución global”.

'Mustang'