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Pedro Almodóvar "Al escribir visualicé mi primer deseo sexual, que fue con nueve años"

‘Dolor y gloria’ es un fantástico ejercicio de auto ficción, extraordinariamente libre y emotivo, en el que Banderas se convierte en una especie de alter ego de Almodóvar y donde el cineasta se reencuentra con la infancia, el primer deseo sexual y la euforia de los 80.

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Votos: 7

Pedro Almodóvar, durante el rodaje de 'Dolor y gloria'. MANOLO PAVÓN

A la España reaccionaria le va a encantar la nueva película de Pedro Almodóvar, aunque no vayan si quiera a verla. Dolor y gloria, un fantástico ejercicio de auto ficción, extraordinariamente libre y emotivo, con sentido del humor, conmovedor, y en el que se rescata la exultante y creativa cultura de los ochenta, es un filón para carcas, intolerantes, amargados y morbosos ansiosos de periodismo amarillo y titulares retorcidos, a ser posible falsos.

Pedro Almodóvar se parece demasiado a Salvador Mallo –la mejor interpretación que ha hecho en su vida Antonio Banderas-, sobre todo porque es director de cine. Y aunque el cineasta ha insistido e insistido e insistido en que prácticamente nada de lo que sucede en la película ha ocurrido en su vida real, está preparado para enfrentarse a su nuevo retrato. Con Dolor y gloria es muy probable que Almodóvar, el cineasta español de mayor proyección mundial hoy, renazca en esa España oscura y troglodita como un drogadicto, heroinómano, vicioso del sexo y con algunas cuentas pendientes... En la otra, mayoritaria y mucho más feliz, Dolor y gloria será un título para celebrar el cine español, el talento artístico, las diferencias, la normalidad tolerante y la humanidad.

Es la historia de Salvador Mallo, un cineasta en decadencia, sufriendo el vacío de no poder rodar debido a unos intensos dolores de espalda, y recordando en la soledad de ese momento otros instantes de su vida. La infancia, a sus ojos luminosa; uno de sus grandes éxitos y la distancia que nació con alguno de sus actores, un antiguo amor, los últimos momentos con su madre… cine auténticamente Almodóvar. Julieta Serrano, Penélope Cruz, Leonardo Sbaraglia y Asier Etxeandía completan el reparto del filme.

Nos lo ha puesto muy fácil a los periodistas con esta película. Aunque a lo mejor este aparente ejercicio de impudicia de ‘Dolor y gloria’ no sea el mayor de su carrera, sí es el más evidente.

Estoy de acuerdo, la impudicia emocional no es mayor aquí que en otras de mis películas. En todas mis películas me siento representado y en todos mis personajes hay una parte confesional. A lo mejor aquí me representan de otra manera emocionalmente. Es verdad que toda esta película sale de mi propia vida, pero no he querido escribir una autobiografía y tampoco quiero que me la escriba nadie. Mientras viva y antes de morir prohibiré que la escriban. Mi vida está en todas las películas que he hecho, toda ella. Esta película no hay que tomarla de modo literal, insisto.

A pesar de ello, ya sabe que ahora algunos van a decir que se metió heroína, que…

“Mientras viva y antes de morir prohibiré que escriban mi autobiografía”

Me lo temo, sí, pero me da igual. Me da igual que me crean o no, nunca me he metido heroína. Y conozco bien el mundo de la heroína, en los ochenta estaba rodeado, pero entonces por alguna razón ya intuí que la heroína no iba conmigo, supongo que porque vi que tenía unos efectos devastadores inmediatos. No era la droga que iba con mi carácter. Yo soy una persona formada en los 80 como el personaje de Antonio, donde este tipo de cosas eran las comunes y las cotidianas. Esta película tiene tres personajes de hombres formados en la libertad de los 80 y en la cultura de esa época. De hecho, yo los dialogo con cosas que no se dicen del mismo modo ahora mismo. En esa época las drogas eran algo cotidiano. No quiero decir que yo no me haya metido drogas, no, pero la mía era la cocaína.

Ahora ha decidido reflejarse a sí mismo en un personaje, ¿por qué?

¿Por qué he hecho esta película ahora? No lo sé, seguramente porque no tenía una historia mejor que contar. Había escrito un guion pero lo tengo apartado, como muchas veces ocurre. Y ha sido más fácil hablar de mí mismo porque no he tenido que documentarme.

No deja de ser un ejercicio de desnudez, ¿no?

La desnudez al principio me dio un poco de vértigo, pero se me pasó en cuanto estuvo el guion encauzado. Soy menos pudoroso cuando escribo, ahora siento más ese pudor. Soy más libre cuando escribo que cuando vivo. Lo que sí es cierto es que el dolor del personaje estaba presente en mi vida.

¿Quería hablar del dolor en la película?

Sí, aunque mi dolor no es como el de Salvador Mallo. No de un modo literal. El personaje que interpreta Antonio [Banderas] está en peores condiciones que yo. Yo tengo dolor de espalda, pero no es comparable con el dolor que tiene el personaje. Creo que la película nace de una situación dolorosa, por la espalda. Parto de ahí, pero luego las historias fluyen muy bien, hay muchas más cosas que se cuentan. Más que dolor es la impotencia que le da al director ese dolor, porque el problema del personaje es la casi seguridad de que no volverá a rodar, la gran dependencia en realidad es la de hacer cine. Su vida carece de sentido si no hay próxima película a la vista. Eso es una situación que conozco y que me ocurre. Yo, afortunadamente, puedo rodar en el momento en que me lo proponga, pero todas las historias no valen. Ese es un miedo al vacío que yo también he sentido.

Antonio Banderas, en 'Dolor y gloria'. MANOLO PAVÓN

Un punto de partida que, ¿podría ser la excusa para iniciar los reencuentros que vive el personaje?

“Que dos adultos del mismo sexo se besen apasionadamente en el cine es aún revulsivo”

Así es y desde el principio toda la película está concebida con la alternancia entre la vida del personaje y esos reencuentros, entre los que algunos le alivian mucho. Es la primera vez que este director de cine está parado, está parado en su casa y ese es el primer momento para mirar atrás. Para el reencuentro con esa infancia que para él es luminosa porque se vive desde los ojos del niño, no desde los ojos de la madre. Son momentos que he escrito y rodado porque me gustaba ese tipo de recuerdos, y aunque la mayoría son inventados, podrían haber sido. Yo no hubiera hablado a los nueve años de ningún albañil, aunque podría haberme ocurrido.

¿Se refiere al primer deseo sexual?

Que es la parte más delicada, el despertar sexual. Los temas con los niños hay que tratarlos con enorme delicadeza.

Recordar el primer momento de deseo sexual no es nada fácil…

No. Ha sido una especie de descubrimiento al hacer la película. Al pensar en la escena del primer deseo, no lo había pensado nunca, pero me adentré y visualicé cuándo me ocurrió el primer deseo y tenía la misma edad, nueve años. Recuerdo que las primeras pulsiones las tuve a esa edad y recuerdo cómo y en qué circunstancia. La sexualidad empieza a esa edad. No eres consciente porque no eres consciente de tu cuerpo ni sabes qué tienes que hacer ni nada, pero que el deseo existe dentro de ti, absolutamente. Y quería hablar de ello.

Lo siento, pero hablando de niños y sexo es inevitable pensar en los espeluznantes abusos cometidos por los curas de la Iglesia católica.

Yo me he maleducado en dos colegios de curas. Todos los chicos en colegios de curas saben lo que ocurría. Y lo que ocurría allí era terrorífico y en cantidades ingentes. Me sorprende que en España no haya más casos denunciados, pero es que los españoles somos vergonzosos para hablar de esos temas, te da un apuro tremendo decirlo en la familia, y más socialmente. Los abusos existen desde que existen los colegios de curas y en cuanto al número son escandalosamente numerosos. Yo he sido testigo de muchísimos y de cómo lo solucionaban los curas. En uno de los colegios, fuera del pueblo de Calzada, era tal la cantidad de niños de los que abusaron que se originó un escándalo tremendo y no tuvieron más remedio que reaccionar. El modo de sancionarlo fue mandar al cura a otro colegio de Sevilla con niños mayores, donde no hubiera tantos niños pequeños. Acosar a dos o tres, eso era pecata minuta. Siempre se han encubierto. El Papa anterior ha encubierto a un verdadero psicópata, que es Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo Rey. Eran miles de acosos y los denunciaban, y luego los desactivaba el propio Papa. Yo no lo hago en plan combativo y sobre todo lo hago con mucha delicadeza, porque en el cine lo tiene que interpretar un actor. Si ese actor es niño, tienes que ser muy cauteloso.

Hablando de sexo, tal y como está hoy la situación en España, ¿puede resultar casi tan revulsiva esta película como las primeras que hizo?

Tengo que decir que yo soy dueño de mis historias, con todo mi orgullo y con la prepotencia que me da ser el dueño de ella, así impongo mi universo. Y en mi universo hay dos señores mayores que se besan apasionadamente y luego uno se va a ir a vivir su vida con su mujer y sus hijos. A mí esa parte me parece hoy muy revulsiva, sí, y por lo mismo estaba encantado de hacerla. Y de hacerla, no de un modo gratuito. Que dos adultos del mismo sexo se besen apasionadamente es revulsivo, sí.

¿Sigue resultando incómodo para algunos que se hable con normalidad de la bisexualidad?

“Soy más libre cuando escribo que cuando vivo”

Sí. En mis películas aparece mucho la bisexualidad, que es algo real que no es que pase desapercibido en la vida. Lo que ocurre es que los bisexuales tienen muchos menos modos de manifestarse. Pero es más común de lo que todos pensamos. Hay momentos en que deseas a un hombre y momentos en que deseas a una mujer. Y son sinceros ambos momentos, porque lo sincero es el deseo. Queda claro que el personaje de Leo [Sbaraglia] si el otro le dice quédate, se hubiera pasado la noche follando y después se habría ido con su mujer y la historia se hubiera quedado cerrada.

Eso es solo uno de los temas de ‘Dolor y gloria’. Habla también de la relación con la madre. ¿La escena hacia el final es una especie de ajuste de cuentas con usted mismo?

La escena del sutil ajuste de cuentas entre Julieta Serrano y Antonio Banderas en la terraza yo no la he vivido nunca con mi madre. Se me saltaban las lágrimas al dirigirlos, me emocioné muchísimo. La improvisé la noche anterior y tengo la impresión de que con ella hablo de mi infancia y adolescencia y de la sensación de extrañeza que veía alrededor. Es curioso que he tenido que rodar la película entera para llegar a este sentimiento, esa forma en que me miraban, del que nunca he hablado, porque es muy desagradable. Hay cosas de mi infancia que he borrado deliberadamente para que no tuvieran peso en mi vida y una de ellas es la manera muy peyorativa en que miraban porque era distinto. Es una sensación muy fea para recordarla. Me he dado cuenta al hacer la película.

Penélope Cruz, en 'Dolor y gloria'. MANOLO PAVÓN

Otro asunto que trata en la película es la relación con los actores, ¿ha echado la mirada atrás al hacerlo?

Yo como director he tratado de no tener el punto déspota, aunque lo he tenido alguna vez cuando me he encontrado con actores que no han querido hacer lo que yo quería. El director tiene la autoridad natural, pero yo nunca la he expresado. Bueno, en una ocasión sí porque era necesario. “¿Por qué lo vas a hacer? Pues porque lo digo yo”. Esa es la peor situación que se puede vivir en un rodaje. En el 98% la relación con los actores ha sido buenísima, los actores me han dado más de lo que yo les he pedido. Pero reconozco que he estado en la tesitura de no estar de acuerdo y de discutir, en el sentido de tener que imponer lo que pensaba. El trabajo de los actores se basa en la generosidad y también en no estar muy centrados. Yo no haría su trabajo. La generosidad no es lo que pone en los contratos, va con el propio actor.

¿Por fin, un hombre protagonista y que es un hombre frágil en una de sus películas?

“Nunca he hablado de cómo me miraban de pequeño porque es muy desagradable”

Pues sí. Las mujeres cinematográficamente son más interesantes. La pasión del hombre es más aburrida y menos interesante cinematográficamente hablando. Vosotras tenéis más registros y a la vez menos pudor, eso que hace que seáis mucho más interesantes también como personajes dramáticos. Las mujeres además tenéis más secretos porque habéis estado calladas durante mucho tiempo y es más atrayente de descubrir. Y las mujeres se implican más en su propia vida. En la figura del hombre parece que las pasiones se enturbian.

La mujer de esta película, su madre, es del medio rural…

En todas mis películas está el machismo y está el machismo rural. Tengo recuerdos del pueblo y de cómo las mujeres han sabido torear ese machismo con muchísima habilidad y ser las que finalmente gobernaban en casa. Pero el que mandaba era siempre el hombre. Hay que pensar más en el machismo rural, que es el más fuerte y es más tremendo que el de las grandes ciudades, y está más arraigado. La mujer educaba a los niños, cuidaba a los mayores, se ocupaba de la casa y también acompañaba al hombre en el campo. Por cierto, afortunadamente, han parado el autobús de Hazte Oír.

¿Cómo ha sido la relación de su hermano Agustín, productor de la película, con esta historia?

No ha demostrado tener nunca la menor preocupación con esta película. Me preocupan más qué me digan mis hermanas. La escena de las lavanderas es un recuerdo de él. Yo iba también con mi madre a lavar, pero este momento en que jugaba con los pececillos era de Agustín. Nunca en mi vida he discutido con Agustín y nadie como él ha sabido leer tan bien mis guiones. Y, por supuesto, nadie los ha defendido como él. La gente que nos rodea se asombra de que nuestra relación sea sin discusiones ni enfrentamientos. ¡Siempre hemos estado tan unidos!

¿La preocupa más lo que haya expuesto a los demás que lo que se expone usted?

Esther [García] me dijo que me estaba exponiendo demasiado. Pero yo no tengo la sensación de haberme abierto en canal. Pienso más en mis hermanas, por ejemplo, con ellas no he hablado de casi ninguno de los temas de la película. Pero ya digo que lo único real es la historia de la mortaja con la que viajaba mi madre, es una escena extraída de la realidad de mi hermana mayor, Antonia. Y a ella la he preparado, porque tampoco sabes... Alguien que escribe historias se basa en la realidad, pero no solo en la suya, también la de los demás. Esto es una cosa que no suelo hacer en mis películas, lo hice en Mujeres al borde de un ataque de nervios con el personaje de Candela. Los terroristas chiítas en realidad habían sido unos etarras y le sucedió a una amiga. Eso lo sabía ella, yo, su abogado y su familia. Y era una experiencia horrorosa. Y pensé: ¡Qué bien haber convertido en una experiencia de vida este episodio tan negro! Pero, cuando vio la película, ella me dijo que no tenía derecho a hacer eso. Me di cuenta de que tenemos ese peligro.